El analfabetismo en paz

Una visión utópica

Por: Jesus Orlando Chavarria Herrero
mayo 03, 2018
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El analfabetismo en paz

Ya han pasado, aproximadamente, tres años desde la firma del tan esperado, pero a la vez polémico acuerdo de paz. Un acuerdo que dio inicio por allá en el año 2012, un año donde aún era una utopía tener una visión de Colombia algo más tranquila, donde se disfrutara cada día de la calidez de su gente y de la experiencia de sus más veteranos, y se dejara de lamentar por el aumento inexplicable e inaudito del número de asesinatos por uno de los grupos que, en su tiempo, fue el más temido por cada uno de los colombianos y, ahora, quizá sea el más tedioso. No sé, quizá me queda algo grande dar este tipo de afirmación en nombre de toda la sociedad colombiana, pero uno de los datos que puedo usar para convalidar, o tan siquiera aproximar mi afirmación, son las pasadas elecciones realizadas en todo el país para la rama legislativa; que aunque sean muchas las voces que dicen que son unas elecciones repetitivas o mal indagadas —pues se tiene previsto que salgan victoriosos los mismos candidatos—, conjeturo a la sociedad ejerciendo su derecho al voto, de manera errónea o no, no lo sé, quizá podría haber sido mejor o no. Puede que se haya presentado alguna que otra falencia por parte de los órganos gubernamentales en el día de las elecciones, pero a diferencia de países donde el régimen dictador permanece a estas alturas de la sociedad, una sociedad cambiante, el derecho a elegir se pudo ejercer, tanto en territorio colombiano como en el exterior y a nadie se le prohibió ejercer dicho. ¿Será que desde aquí se empieza a construir el vocábulo de paz?

Eran y son muchas las personas quienes tachan de insólito y de despropósito el acuerdo de paz, pues no da lugar en cualquier cabeza la idea de que un grupo minúsculo pudiera hacer la transacción de provocar guerra a gobernar el territorio donde, ellos mismos, por medio de actos totalmente inhumanos, fueron los principales encargados de asesinar y sembrar el miedo de, por ejemplo, la tan lamentablemente opacada imagen del victorioso campesino colombiano, una de las figuras más representativas y más fuertes que puede llegar a tener Colombia. A esta altura de la situación, me gustaría entrometerme en los pensamientos de William Ospina, aquel autor al que muchos tachan de pesimista con el país, para saber qué piensa y que tanto le podría transmitir a la sociedad Colombiana, o a esos políticos que se encargaron de firmar, en nombre de toda la población, el acuerdo de paz que, a día de hoy, está vigente. ¿Nos seguirá viendo igual de estúpidos y, en su lugar, nos restregará la tan criticada Franja Amarilla o recibiremos aplausos por estar, de una vez por todas, construyendo el proyecto nacional que tanto nos pedía?

Sean las personas que alzaran la mano diciendo que sí, o las que hacían para afirmar el no, todas y cada una tenían algo en común, el dolor de ver a un país rico y a la vez pobre, apagado por la violencia, donde los sueños no pasaban de sueños, donde el temor se apoderaba de cada persona, donde el interrogante de toda familia no era hacia donde iban a ir mañana, sino si iban a amanecer vivos. Colombia, durante cantidad de décadas, ha vivido una situación crítica. Desde el año 1964, cuando dio inicio el conflicto armado interno, conflicto que dejó por el camino a doscientas sesenta mil personas asesinadas, a cantidades incontables de desaparecidos y, quizá, lo más tentativo, a millones de colombianos afectados. Por esta razón, y bajo opinión personal, me sigo cuestionando si la firma de un documento sirve para pedir perdón a todo el dolor causado durante cincuenta años y que tan efectivo puede llegar a ser ese acuerdo para la construcción de una paz. ¿Realmente inició el período de paz en Colombia?

Colombia es un país que se caracteriza y destaca por múltiples razones, puedo pasar a nombrar, porque así Colombia me lo permite, su abundante riqueza natural , también sería delito no nombrar la cantidad de culturas que tiene el país que yo, como español, puedo llegar a envidiar. Colombia es un país que cuenta con una diversidad natural cautivante, sus selvas, sus árboles, su cantidad de animales, hacen ver a esa Colombia verde que tantos países desearían, así mismo, Colombia ofrece a su sociedad el autoaprendizaje con las múltiples culturas que tiene gracias a la cantidad de grupos indígenas que ésta posee. ¿Estará aprovechando Colombia estas oportunidades? Como dice Aristóteles: "La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión".

Ahora que me pongo a analizar qué tanto tiene Colombia, me cuestiono de manera preocupante por qué Colombia se vio sumergida en constantes enfrentamientos, donde un grupo minucioso se camuflaba en la supuesta y retórica falsedad de querer adquirir unos derechos que, según estos, se estaban violando. Colombia ha estado sumergida en un proceso de autoengaño, donde llegó al límite de tener unos dirigentes, aquellas personas que, en su momento, subieron al poder gracias a la confianza del pueblo, que hacían partícipe de dichas prácticas inhumanas. Como dice William Ospina, "el mismo conflicto era provocado por los altos dirigentes" y es que tanto el que formula como el que responde tienen el mismo nivel de responsabilidad. No me atrevería a dar el mismo nivel de gravedad a las Farc y al gobierno, pero también me estaría engañando si yo, como ciudadano, asevero que el gobierno no tuvo ningún grado de responsabilidad.

Creo no equivocarme al decir que Colombia merece ser un país, de una vez por todas, caracterizado y reconocido por sus aspectos positivos, logrando así, la dejadez en cuanto a la proyección de una Colombia oscura, pero tampoco quiero que Colombia olvide lo que fue Colombia. Esto es muy importante. Sería una lástima que Colombia olvide por todo lo que pasó la patria, pues sería una tarea ardua el analizar en dónde estamos y hacia dónde vamos y si donde estamos estamos bien. Sería una lástima que Colombia olvidara sus momentos oscuros. Estos momentos forman parte de Colombia y si queremos que la sociedad, en un futuro, no repitan los mismos pasos que, en su momento, cometieron ciertas personas, debemos de hacer una recapitulación de los hechos y de las tentativas consecuencias tan dolorosas que tuvieron para la sociedad. Olvidar a la Colombia oscura sería borrar una Colombia y engañarnos a nosotros mismos. No podemos hablar de una paz en Colombia sino entendemos o sabemos de la guerra que tuvo Colombia.

El vocablo paz lo define la Rae como "situación o estado en que no hay guerra ni luchas entre dos o más personas". Muchos de nosotros podríamos asociar la definición antes descrita con la culminación o exterminación de uno de los grupos armados que más gotas de sangre ha hecho derramar a la ciudadanía colombiana, Farc. Farc, esa sigla tan tediosa, odiada y, a la vez, tentativa por toda la población, esa sigla que a fecha de hoy, 2018, podemos verla ya, no como un grupo guerrillero, o como principal titular en los medios de comunicación por atentar contra la vida de jóvenes, mujeres o adultos, sino como un candidato más a la presidencia de Colombia, ¿vergüenza o disimulo? … no sabría responder, todo dependerá de la perspectiva que cada persona ponga ante esta situación.

Pero, volviendo a la definición anterior y, aprovechando el entromete en el tema político, ¿se podría hablar de paz en Colombia? Solo hay que ver las constantes disputas que hay entre los mismos colombianos por temas meramente políticos, disputas que si bien no provocan, en su gran mayoría, la terminación inocente de vidas humanas, si hace que el aire no sea de lo más limpio posible, agrandando así, la contaminación que Colombia, desde tiempo atrás, quiere dar como encrucijada. Cuando mencionamos el término de paz, no podemos cometer el error de relacionarlo única y exclusivamente con los grupos guerrilleros que ha tenido y sigue teniendo Colombia, sino que debemos de ampliar nuestra visión y adentrarnos en cada cúspide del país y ver el largo camino que aún falta por recorrer. Como mencioné anteriormente, no podemos hablar de paz cuando los candidatos a dirigir Colombia, un país rico pero a la vez pobre (como hace mención Jaime Cristancho en uno de sus artículos en el periódico El Tiempo), provocan y encienden constantes enfrentamientos, no solo con los candidatos, sino con la ciudadanía descendiente de los mismos, y lo peor aún, se convierten en partícipe de los mismos. No podemos decir que Colombia es un país donde la paz se cumbre, cuando a día de hoy, la pobreza extrema en la vida rural y campesina es la cotidianidad de las personas y nadie, absolutamente nadie, hace o actúa para terminar con dicha situación. Arturo Solórzano, en una de las comunidades interactivas relacionadas con la economía, publica un artículo de opinión la cual titula El analfabetismo económico, artículo donde saca en cara a la ciudadanía la falta de conocimiento y de educación en los temas económicos y las consecuencias tan negativas que dichas carencias trae para la sociedad y el país en el mismo conjunto. Yo, a día de hoy, me atrevo a hacer un símil y etiquetar mi opinión personal bajo el título de El analfabetismo en paz.

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