Después de la tormenta siempre viene la calma

Con tanta corrupción y caos político, pareciera como si el planeta Tierra se hubiera descarrilado un par de centímetros para reacomodarse, rotar y trasladarse mejor

Por: César Ospino P.
septiembre 24, 2021
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Después de la tormenta siempre viene la calma
Foto: Pixabay

Lo molesto empezó ya. Grandes medios, redes sociales, encuestas y partidarios tradicionales alborotan todo como para no aceptar y asimilar que les llegó el fin de una larga era de dos siglos. Justo ahora, cuando la voz de una mayoría maltratada ansía un cambio real, con tranquilidad y paz.

Hoy, la brecha de tiempo que separa ese momento sublime es mínima. Un velo de esperanza y un cristal de intenso esfuerzo con consciencia social que hay que redoblar, más duro que el acero.

Del otro lado de la oligarquía indolente y excluyente, se contemplan sus últimas imágenes de agonía, que se desvanecen como sombras de humo. Un fogonazo profundo está a punto de tragarse a ellos, los que usurpan y rezan, desde que nacieron mis bisabuelos y demás antecesores.

¡Ya están vencidos!

Y la imagen del mundo de ellos, será, la de ese desconocido que se ve asomado en la puerta del infierno. Simplemente son ahora intrusos que se miran con ansiedad y conmiseración de moribundos. Ese gesto se va a instalar en ellos, se identificará con ellos.

Oligarcas sectarios que siempre han doblegado y humillado, año tras año, de día y de noche. Al momento de abdicar serán como un guante vacío que se desecha en la basura. Entonces, una mano tendida de democracia progresista los introducirá para hacerlos parte del cambio, con amnistía condicionada.

Ya no son pocos; ahora son millones rebosantes de juventud. Una nueva generación de los nuestros que nunca ellos conocieron. Y no es tarde para perdonarlos. Estarán con los nuestros, pero por primera vez ellos no tendrán rostro.

Como en un avión, se observarán a través de la pequeña ventanilla, las huellas dejadas del egoísmo y la avaricia de ellos.

Ahora, yo veo a la madre Tierra a través de los ojos de todos los nuestros, y esos nuestros la miran por medio de mis ojos. A ambos nos llena y reconforta palpar un destino cercano más diáfano. Nos domina el orgullo de ver y sentir un gran cambio.

Muchas almas vuelan en el más allá, aferradas al sacrificio que tuvieron que dar para ver otro mañana. Permanecerán fascinadas ante la nueva imagen de su terruño, hasta que se desvanezcan en ese espacio sin tiempo. Son seres que no pudieron vivir plenamente este cambio, pero lo ven venir.

Se percibe una intensa vibra positiva. Una era con un arranque social de inaudita trascendencia. Y estará pronto a muchas millas del espeso velo y el duro cristal de la inequidad.

Se disfrutará nuestra Tierra, océanos y biodiversidad. Ahora me rio con ese otro que llevo por dentro. Era casi imposible saber si viviría para contarlo. Me imaginaba verlo desde el espacio cósmico, hendido en las tinieblas, matizado con sorpresivos eclipses.

¡No lo puedo creer!

Pareciera como si el planeta Tierra se hubiera descarrilado un par de centímetros para reacomodarse, rotar y trasladarse mejor.

Lo cierto es que me embriaga el momento de estar ahora que se avecina el cambio. Lo huelo a miles de millas.

Antes, todo estaba absurdamente manejado por ellos, pero parecía bien, como cuando despertamos de un sueño con mucha hambre, sentado a manteles, pero con los platos vacíos.

Ya no veremos el velo espeso de la exclusión, no habrá un lugar injusto del otro lado del cristal. Solo reconozco y vigilaré los detalles del cambio. Será mi última morada en este universo que ahora crece y se transforma en una nueva dimensión. La contemplo con ojos de búho: insignificante y grandioso para todos los vivientes en mi madre tierra.

¡Como estamos ahora de aventajados!

Empiezo a darme cuenta de eso. Jamás tuvimos antes consciencia de que se podía. ¿Por qué? Se lo pregunto a quién llevo por dentro conmigo, y ese otro me lo pregunta a mí.

No he hecho otra cosa que soñar con un justo mañana que ya casi es hoy. Un sueño que devoró gran parte de mi vida. Será solamente un presente grandioso, justo, sujeto al universo con un tenso cable de acero para que jamás se vuelva a descarrilar.

Ahora, ya me resulta fácil asimilar y olvidar el execrable pasado. Quedarán las huellas mortecinas dejadas por unos seres que arrastraron su engañosa gestión. Veré de reojo cómo los muerde la angustia. En realidad, no deseo tener ni ser como alguno de esos desdichados. Prefiero elegir a uno y ayudarlo a liberarse de su maldito egoísmo.

Ofrecerle un guante lleno de amor y progresismo social, donde pueda introducir su mano; y conmigo, ese otro que a su vez lleve a otro y otro. Seres que nunca conocimos en el reino de la justicia y equidad. A algunos de ellos, quizás arrepentidos, los veremos dispersos en el inmenso agujero negro del infinito.

 

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