"Desarrollo sostenible", otra mentira de la economía convencional

"Este es un discurso facilista que hace creer que se está propiciando la vida, pero lo único que hace es perpetuar los anacronismos de la economía convencional"

Por: Dustin Tahisin Gómez Rodríguez
octubre 15, 2020
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Foto: Dustin Tahisin Gómez Rodríguez

Desde la década de 1960 se han generado un compendio de reuniones y documentos entre agentes económicos y actores locales, nacionales e internacionales que vienen construyendo lo que hoy denominamos sostenibilidad y posterior a ello, desarrollo sostenible. Entre ellas podemos mencionar: el Club de Roma, las reuniones de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo en la Organización de Naciones Unidas, la Cumbre del Milenio, la Agenda 2030, los Objetivos del Desarrollo Sostenible, la Cumbre de la Tierra RÍO +20, entre otros. Así mismo, los libros titulados Límites del crecimiento, Desarrollo regional sustentable y el uso de recursos naturales, etc. No obstante, el documento que va a construir el desarrollo sostenible es el informe de la ONU de hace treinta años titulado: Informe de Brundtland. El documento, en términos generales, sugiere que la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico van en relación con el medio ambiente. Por consiguiente, el desarrollo sostenible tiene como objetivo “asegurar que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias" (ONU, 1987, p. 29). 

Sin embargo, en el presente, en vez de mejorar nuestra relación con la naturaleza, lo que se ha propiciado es la posible extinción de la vida. En efecto, citando al doctor Maldonado de la Universidad del Bosque, Serge Latouche de la Universidad de Paris-Sud 11, Martínez Alier de la Universidad de Barcelona: no puede existir desarrollo sostenible cuando cada vez se necesita más aceite de palma, cobre, carbón, petróleo y madera en un planeta finito, y cuando la economía ortodoxa todavía concibe que el planeta es infinito y proclama el crecimiento económico absoluto como categoría del desarrollo. 

Aunque el desarrollo a través del tiempo ha generado adjetivos como desarrollo local, desarrollo endógeno, índice de desarrollo humano, desarrollo territorial, entre otros, todavía se persiste en concebir el desarrollo desde las dinámicas económicas. Lo cual ha empoderado aún más a la ciencia económica ortodoxa en detrimento de la diversidad de la vida. En efecto, la economía convencional anclada en categorías y conceptos del paradigma de la modernidad en términos de Kuhn y su excesiva instrumentalización matemática ha premiado el precio en vez del valor, el valor de cambio en detrimento del valor de uso. Los datos no mienten. Se calcula que para el 2050 se acabará el petróleo, para el mismo año la explosión demográfica podría llegar a los 9.000 millones de personas. Igualmente, más del 60% de los mamíferos se están extinguiendo y de cada 5 especies de plantas 1 se extinguió o se extinguirá. Sin olvidar que el cambio climático se puede observar en Colombia con lo fuerte que son cada vez más los fenómenos de la Niña o el Niño, o las avalanchas como la ocurrida en Mocoa, capital del Putumayo. 

A nuestro juicio y citando los autores antes mencionados, el desarrollo sostenible es un oxímoron; figura literaria que significa contradicción, al combinar dos palabras o expresiones de significado opuesto y que dan lugar a un sentido nuevo. Es como decir guerra buena, por ejemplo. El desarrollo sostenible es un discurso facilista que hace creer que se está propiciando la vida, pero lo único que hace es perpetuar los anacronismos de la economía convencional que reduce los bienes y servicios a precios, y desconviene los materiales como la energía utilizada en la producción, acotando que concibe que la economía se desenvuelve en un vacío ontológico y biofísico, olvidándose que esta debe de estar al servicio de la vida en general y no en aumento de capital de las minorías del mundo (que son los mayores contaminadores y explotadores de la tierra, en menoscabo de los seres vivos que convivimos en ella).

Referencia

ONU (1987). Nuestro futuro común. Madrid: Alianza. 

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