Opinión

Depresión posparto (electoral)

Colombia está deprimida y con su aparato democrático muy descuadernado. Las cau-sas de su desánimo son reales y comprobadas, y se dan silvestres

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octubre 29, 2015
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La Sociedad Española de Medicina General define la depresión posparto (baby-blues) como un trastorno transitorio que aparece en la madre más que en el padre, entre dos y cuatro días después del parto y desaparece de forma espontánea y sin secuelas, en un periodo de dos semanas. En general se manifiesta con falta de concentración, ansiedad, tristeza, humor inestable y tendencia al llanto.

Oh, oh, nadamos en síntomas. Estamos en plena “depre”, habida cuenta de que el parto múltiple de las elecciones tuvo lugar hace exactamente cuatro días.

Ese día (domingo 25), la Comadrona en jefe, Carlos Ariel Sánchez, en compañía de su equipo de parteras, asistió al alumbramiento de cientos de criaturas: gobernadores, diputados, alcaldes, concejales y ediles.

Hubo partos naturales, inducidos, de alto riesgo, cesáreas…

El país entero fue una sola sala de maternidad, los recién nacidos comenzaron a hacerse sentir, justo, en la llamada hora gris de los bebés: a eso de las seis de la tarde. Berreaban los candidatos, los directores de los partidos, los jefes de las campañas, los encuestadores, los analistas, los perdedores…

Demasiada contaminación auditiva para abrir espacio a la celebración del milagro de la vida. Sobre todo porque los neonatos —varios de ellos reincidentes— llegaron al mundo mostrando los dientes y eso, dicen las que saben, mortifica terriblemente a la madre. Y contribuye a su malestar, falta de concentración, humor inestable y tendencia al llanto.

Sí, Colombia está deprimida y con su aparato democrático muy descuadernado. No por primeriza, que la pobre se mantiene en tales menesteres. Tampoco por quejumbrosa, las causas de su desánimo son reales y comprobadas, y se dan silvestres.

Por ejemplo: financiación de campañas con dineros de dudosas procedencias, compraventa de votos, trashumancia electoral, funcionarios participando en política, candidatos investigados —incluso uno, el de Yopal, encarcelado— elegidos, firmas encuestadoras irresponsables y medios de comunicación manipuladores; espacio público invadido, cuentas de redes sociales violentadas por mensajes propagandísticos, guerras de rumores y de fotos y de videos navegando por internet.

Alianzas hasta con el diablo.

Y, lo peor, la emboscada del ELN —los editoriales de El Colombiano insisten en las Farc— en Boyacá, que cerró con broche de muerte y desconcierto una jornada electoral que, en palabras del ministro del Interior, sería “la más pacífica de las últimas décadas”. Así lo creíamos, no contábamos con que la violencia y la torpeza saltarían como liebres.

En fin, motivos sobran para que la parturienta no esté hoy brincando en una pata.

A pesar de que se configuraron resultados muy alentadores en varias ciudades, Medellín (Antioquia es otro cuento) entre ellas. Sorprende todavía que Federico Gutiérrez lograra derrotar a los pupilos de reconocidas figuras, sin echar mano de ninguna de las mañas propias de la politiquería. Solo se lanzó al circo de los grandes depredadores de las urnas; sólo con el apoyo de ciudadanos de a pie, a quienes desde hace cuatro años empezó a tocarles la puerta. Y quienes, aunque manifestaban su apoyo en reuniones de amigos, no se decidían a hacerlo efectivo porque, entre otras cosas, el triunfo de Juan Carlos Vélez estaba cantado. No había nada qué hacer.

Era David contra Goliat.

Pero botaron el miedo. (Con su permiso cito un pequeño párrafo de una columna que escribí en este mismo portal hace dos semanas: un voto pensado, jamás será un voto botado; da consistencia a una opción y contribuye a crear hechos políticos válidos, valiosos.) Lo botamos y patasarribiamos las encuestas. Y ganamos. Por un estrecho margen que, contrario a empañar el triunfo, lo hace aún más meritorio. Si hubiéramos perdido, igual estaríamos satisfechos; la consecución de una cultura política borregorresistente requiere de paciencia y tiempo. O, como diría el nuevo alcalde de Bucaramanga, de “lógica, ética y estética”.

De sensatez y elegancia. No se le oyó nada bien a Clara López atribuir la derrota a su condición de mujer. Ni le sentó a Roy Barreras el berrinche contra Cambio Radical; ni a CR, el PL y La U declararse ganadores en los comicios; ni a Germán Vargas sonreír en cámaras mientras su jefe, el presidente, sostenía que había ganado de nuevo la paz, cuando lo menos determinante en esta ocasión fue La Habana; ni a Martha Lucía querer ser protagonista en la noche de Peñalosa; ni a partidarios del CD intentar voltear la tuerca de dos estruendosas derrotas; ni…, se acabó el espacio.

Antes tiene todavía alguna salud mental esta prolífica madre.

COPETE DE CREMA: Por si acaso, esto es lo que recomiendan los médicos: Hablar con alguien sobre los sentimientos (¿Bachelet?), pedir ayuda con las tareas domésticas y el cuidado del bebé (¿Dilma?), compartir con otras mamás las inquietudes (¿Cristina?), buscar compañía (¿Correa?), consultar con el terapeuta (¿Maduro?). Culebrero está el camino para salir de este posparto. ¿Sin secuelas?

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