Opinión

De tontos es no criticar

Propio de tontos es no poner en entredicho; no cuestionar la inmovilidad, la parálisis, el statu quo, de cuantos nos rodea y concierne

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junio 21, 2018
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De tontos es no criticar

Hay que ver a los sofistas contemporáneos del “mejoramiento continuo”, del “crecimiento personal”, confundidos en las suyas limitaciones y carencias de un pensamiento crítico válido, tirando siempre por el atajo, por la trocha del facilismo y la banalidad conceptual, por la cual siempre van a encontrar a sus pares consumidores.

Provistos de estrategias efectivas de mercadeo y publicidad, algunos de tales alcanzan a hacerse a un nombre y a vender su producto en nichos de mercado “hechos a la medida” de aquellos con los cuales van a tropezar indefectiblemente en sus travesías previamente programadas e inducidas.

De un discurso trivial e incoherente del cual son los primeros en descreer, van estos sofistas de nuevo cuño proclamando y vendiendo en las academias y ágoras que ahora son los centros comerciales del consumismo globalizado, el discurso sanador que dará con la cura de las múltiples, humanas, conceptuales, existenciales, intelectuales, materiales, económicas, sociales, dolencias de alma que agobian y debilitan, hasta rendirlo en servidumbre, al ser de nuestro tiempo.

“Capturadores de almas”, decía de ellos Platón, y Píndaro, más picante y mordaz, de “charlatanes” no los bajaba, pues consideraban que su discurso sofistico, en el esplendor de las escuelas de pensamiento en la Grecia clásica estaba, más al servicio de los que hablan que de la verdad.

Igual que ahora, solo que por aquellas calendas la profusión de charlatanes y embaucadores sofísticos estaba regulada por la selectividad y linaje intelectual de una competencia, los filósofos, que, además del conocimiento, la sabiduría y preparación para ejercer como maestros del pensamiento, profesaban la ética como medida de su ejercicio y praxis.

Y la ética, Nicómaco, en estos tiempos de zumbidos y ruidos de moscardones de todas las marcas, modelos, colores, pesos, tamaños y ponzoñas, es mejor no menealla.

De manera, pues, que los tontos de verdad son aquellos tontos desempoderados de una conceptualización sólida que, reproduciendo sin comprenderlos a los gurús estilo nueva y vieja era, youtuberos del crecimiento personal y el mejoramiento continuo, se ponen a resonar mensajes de contenido propagandístico cuyo fin es reducir la capacidad, autonomía, discernimiento, libertad de pensamiento, critica y decisión, de grupos humanos propensos a criticar y disentir del statu quo y de la inmovilidad.

Sí, cualquier tonto puede criticar, y Aldo Cívico, columnista de El Colombiano, lo ratifica, al propugnar por una sociedad acrítica, en la cual masa e individuo sean espectadores pasivos de cuanto los rodea, convoca y toca con su interés en aspectos vitales de su existencia; marginales de la realidad que los circunda; desprovistos del libre albedrío para construir sus propias decisiones a partir del análisis y la reflexión conveniente.

 

 

De tontos es repetir que vamos a ser mejores como sociedad
y a tener más carácter, si dejamos de criticar
¡Joder!

 

 

Y es de tontos, por supuesto, repetir con Dale Carnegie, que vamos a ser mejores como sociedad y a tener más carácter, si dejamos de criticar.

¡Joder!

¿Imaginan a Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, bajo los cielos inmóviles de la modernidad privándose temblorosos de sus críticas científicas a la teoría geocéntrica, al sistema ptolemaico, para no dejar de ser “buenos muchachos” ni deformar su carácter ni arruinar las enseñanzas de la Iglesia?

¿A Marx, Keynes, Friedman, profanando a punta de critica sacrosantos postulados de la economía clásica, poniendo en entredicho a los padres fundadores de esta ciencia social?

No hay de otra: propio de tontos, es no criticar; no poner en entredicho; no cuestionar la inmovilidad, la parálisis, el statu quo, de cuantos nos rodea y concierne.

 

Poeta

@CristoGarciaTap

 

 

 

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