Opinión

De plagios y otros secuestros de sentidos

Noticias de la otra orilla

Por:
diciembre 07, 2013
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Luego del lamentable caso de la pobre muchacha colombiana, al parecer sin duda talentosa, que plagió unos diseños para un libro de modas del que todos estaban a la espera en el país, ocasionando con ello un sonado escándalo en los medios de comunicación colombianos; en los últimos días apareció un nuevo pretexto para comer prójimo como sabemos hacer aquí, esta vez montando como caso el de una supuesta columna plagiaria que la periodista, ensayista, catedrática, poeta y editora barranquillera Catalina Ruíz-Navarro, Filósofa de la Universidad Javeriana, Artista de la Universidad Javeriana y Magister en Literatura de la Universidad de los Andes, dedicó a la famosa cantante y actriz Miley Cyrus.

El secreto de la creatividad es saber cómo ocultas tus fuentes, dijo alguna vez Albert Einstein para sumarle su aporte a una vieja discusión sobre el relativo asunto de la originalidad que hunde sus raíces muchos siglos atrás en la historia de las ideas y de la escritura entre los hombres. Y que pese a todas las modernas consideraciones que pretenden atenuar su gravedad personalmente considero irrespetuoso y repudiable.

Pero he dicho ya públicamente al respecto, y aquí lo repito, que puedo meter, y dejar adentro, mis dos manos en la candela para defender la honestidad intelectual de Catalina Ruiz-Navarro. Sé quién es Catalina y sé también de lo que capaz una periodista joven de méritos extraordinarios a quien ahora le quieren hacer pagar, con indecible mala leche, su desparpajo, su espíritu frentero y su manera tan particular de haber escalado con arrojo, inteligencia y trabajo, en el complicado acontecer de la opinión pública de este país, poniéndola en la picota pública como una vulgar plagiaria. No estoy de acuerdo. No veo en los argumentos esgrimidos la prueba fehaciente de que Catalina se haya apoderado de manera descarada o disimulada de contenidos específicos o de ideas que pertenezcan a otro autor, en este caso a la socióloga norteamericana Lisa Wade.

No estoy siquiera de acuerdo con la misma Catalina cuando en un gesto de humildad que no le va, sorprendida tal vez por el ataque, acepta que le faltaron un par de comillas. Si uno revisa las partes pertinentes de los textos, el de la Wade y el de Cata no hay en modo alguno una relación de identidad en las frases y párrafos comparados que pueda configurar el concepto de lo que está entendido como plagio. Mucho menos si esta relación está mediada por la traducción que la propia columnista hace de las opiniones claramente referenciadas, y  que como es sabido genera un texto que es ya otro que contiene por lo tanto unos nuevos matices de autoría que han sido ampliamente discutidos en los ya viejos debates de filosofía y lenguaje desde los días remotos del “giro lingüístico”.

En la cuestionada columna de Catalina Ruíz no hay en ningún momento nada que no se parezca al estilo y a la calidad de la ideas a las que su autora podríamos decir que nos tiene acostumbrados en su corta e intensa carrera como columnista en diferentes medios de este país, tratando además los temas más diversos y álgidos del panorama de la vida pública colombiana. Hay un sello personal de forma y fondo en su discurso, una manera propia de analizar y discurrir, en la que resulta muy difícil que podamos aceptar la presencia del vicio conceptual del plagio como algo que alcance a descalificar la importancia y validez de sus ideas y planteamientos.

Yo solo he percibido en los apartes cuestionados un tipo de apropiación dialógica que se presenta comentada y glosada siempre bajo la personalidad de las palabras y el criterio propio de Ruíz-Navarro. Procedimiento que en esos apartes no logran desnaturalizar el sentido contextual de su columna en la que no puede decirse que no está expuesto claramente el mundo y la noción de periodismo que Catalina nos ha venido mostrando desde que es una figura distinguible en todo lo que publica en nuestros medios. Y en el que me atrevo a decir que no hay siquiera presencia de lo que algunos expertos llaman “parafraseo inapropiado”.

Yo creo que aquí hay algo más que una pesquisa sana que pretende la defensa de la honestidad intelectual y la protección del indeclinable derecho moral de un autor. Hay una saña que no quiere leer a fondo en un ejercicio periodístico inteligente y promisorio, para dedicarse a atacar la carrera de alguien que ha demostrado trabajar con valentía y capacidad en el nuevo periodismo colombiano.

Otra cosa es que Catalina tiene su temperamento y una forma muy jodida de ser que es probable que por eso no resulte ser siempre una persona cómoda o llevadera. En eso tampoco plagia a nadie.

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