Una triste historia. Uno cortico para parar el hipo. El maestro Tapias. Acto sexual en dos actos

 - Cuatro micros pa´ pasar las onces"La abuela estuvo rico sentadita a la orilla, mirando el agua que tanto le gustaba…” Foto: Pixabay

Una triste historia

Mañana se cumple un nuevo aniversario de la muerte de la abuela Rosario. Es un día triste, nosotros vamos como a medio día al cementerio, papá, mamá y nosotros tres. A Daniel y a mi nos ponen corbata y a Pili la visten de princesita. Mamá llora y vemos todos a lo lejos al tío Eufracio y su familia, más allá de la verja, quienes entran solo cuando nosotros ya hemos salido.  Ya ni se hablan y parece que se odian. En eso llevamos dos años, y entre el tío Eufracio y mamá se echan las culpas de todo. Habíamos ido a la laguna a pasar el día, jugamos con los primos, la abuela estuvo rico sentadita a la orilla, mirando el agua que tanto le gustaba, resguardada con su frazadita, almorzamos hamburguesas con papitas fritas y a la tarde, ya cuando el frío tomaba confianzas, cada cual cogió su carro y de la vuelta a la ciudad. El problema fue al día siguiente, cuando todos pensamos que la abuela había viajado en el otro carro. Cuando fueron a buscarla, mamá dice que seguía en la orilla, sentadita y fría. Parece que quedó como un pollito.

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Uno cortico para parar el hipo

El sapo dio un salto,..., y se evaporó. Solo quedaron unos punticos verdes ensuciando el aire.

 

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El maestro Tapias

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-¡Mierda!, gritó a la vez que alzaba los brazos como si fueran las aspas de un gran ventilador, y todos nos quedamos aterrados viendo al maestro Tapias, tan formal siempre, recto, educado y cortés, de los que se levanta cuando se acerca alguien a la mesa, de los que arrastra el asiento de las damas cuando éstas se sientan, a quienes besa con delicadeza la mano, haciéndolas sentir condesas por un minuto. ¡Él, diciendo mierda! El maestro Tapias, que tendrá unos cincuenta años y pareciera vivir en el siglo diecinueve, con tirantes plásticos que le aguantan las medias y siempre un pañuelito florido en el bolsillo del saco, otro blanco en el bolsillo del pantalón para ayudar en las emergencias, para prestárselo a quien lo necesite, no vaya a ser que una dama se haga un sucio, había dicho, cuando nadie de sus labios había oído algo parecido, la palabra mierda. Nadie osó mirarle o saber qué había ocurrido, pero sí nos dimos cuenta, todos, que el maestro decimonónico agitaba su pie y lo golpeaba contra el pavimento, seguramente con el fin de limpiarlo de algo, y tampoco supimos, por educados que somos y no preguntar lo que no nos corresponde, si el maestro Tapias había pisado una simple cagada de perro o por primera vez en su vida exclamaba las cosas y estaba demostrando tener corazón.

 

Y hablando de…

Y hablando  de actos pecaminosos qué tal…

 Acto sexual en dos actos

ACTO I (zip).       ...una araña se acaba de comer a mi gato,..., de verdad, ..., hizo zip y se lo tragó, dije.

En este momento de la representación, el autor recomienda al lector que se levante, tome aire, estire las piernas, se prepare un café, un te, un mate, y reflexione a conciencia sobre lo leído. El autor desaconseja a estas alturas de la historia consumir, aspirar o inyectarse cosas diferentes.

ACTO II (y zap)            ...una araña se acaba de comer a mi gato,..., de verdad, ..., hizo zip y se lo tragó, dije otra vez al pensar que no me habían oído. Mi mujer me miró con gran ternura, con su sonrisa de siempre, y me dijo en voz baja algo que no comprendí, sonrió como solo lo hace ella, y salió de la habitación. A la media  hora, no más, llegaron dos mastodontes gigantes y no hubo quien los convenciera que yo no estoy loco. No se creyeron lo de mi gato y la araña y, antes de abordar la ambulancia, mi mujer me repitió la misma sonrisa. Zap, hizo la puerta corrediza al cerrarse.

Cae el telón y el lector ya es libre de hacer lo que quiera.

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Por Manuel Mejía G.

Escritor bogotano. Ha publicado las novelas “Y no volvió” (Alfaguara, Bogotá, 2004), “Serpentinas tricolores” (La otra orilla, Barcelona, 2008, finalista del premio Herralde de novela 2006), “El parque del Retiro no es para todos” (Escarabajo, Bogotá, 2011), “Qué chévere” (Escarabajo, Bogotá, 2012) y "La casa por la ventana" (Planeta, Bogotá, 2015), así como el compendio de cuentos “Relatos y demencias, 13 cuentos tristes y un relato con moraleja” (Bubok, Madrid, 2010). Tiene pendiente de publicación la novela "Recuerdos imperfectos, un pequeño libro de relatos, “Preguntas frecuentes”, así como la novela "Entuertos, enredos e historias invertebradas" que quedara finalista en el Premio Iberoamericano de novela Verdum 2016.