“Con Iván Duque era imposible la paz”: entrevista exclusiva con el máximo comandante del ELN

Antonio García será una ficha clave a la hora de concretar la paz total del gobierno Petro. En esta conversación da luz sobre las posibilidades reales de negociación

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agosto 03, 2022
“Con Iván Duque era imposible la paz”: entrevista exclusiva con el máximo comandante del ELN

Por cortesía de: Resumen Latinoamericano

Antonio García, primer comandante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) se explaya en asuntos referidos a la historia del grupo guerrillero, al presente del continente latinoamericano, el Acuerdo de La Habana y a las relaciones entre justicia social y paz, en un momento de transición y expectativa por el nuevo gobierno, liderado por Gustavo Petro. 

– El 4 de julio se conmemoró el 58 aniversario del surgimiento del ELN. ¿Cuáles son los recuerdos que le vienen a la mente sobre esos orígenes? ¿Qué causas sociales explican el surgimiento de la guerrilla? ¿Cuáles son las razones personales que le hicieron entrar a la guerrilla?

Antonio García: Las dolorosas experiencias de construcción de guerrillas revolucionarias que acompañaran las luchas del pueblo luego de la violencia. La oligarquía liberal-conservadora, para superar la violencia, realizó varios pactos en 1957 que fueron puliendo hasta definir el Frente nacional. En mayo de 1958 se hicieron las elecciones y el 7 de agosto se posesionó el primer presidente; a partir de ahí se turnarían el gobierno cada cuatro años. Las guerrillas liberales fueron engañadas y traicionadas en una negociación que sólo buscó su desmovilización.

Luego vino una etapa de ensayos en la construcción de guerrillas apoyándose en los residuos o grupos que habían quedado de la violencia o de las guerrillas liberales, donde varios dirigentes rebeldes fueron asesinados por esos mismos bandidos como parte del plan de la oligarquía, como fueron los casos de Federico Arango Fonegra y Antonio Larrotta.

Una nueva guerrilla revolucionaria e independiente de la influencia oligárquica debía nacer como producto de la reflexión sobre estos errores. Fue la tarea que asumieron dirigentes de la juventud rebelde, que se juntaron con el movimiento de los trabajadores petroleros de Barrancabermeja, los estudiantes de las universidades y de guerrilleros que no quisieron amnistiarse y que habían luchado bajo el mando del guerrillero liberal de Santander Rafael Rangel Gómez. Estos tres componentes parieron el primer frente guerrillero rural que marchó por primera vez el 4 de julio de 1964, pero ya la guerrilla urbana del ELN también había incursionado un mes antes en apoyo a las causas populares.

Las causas del surgimiento de la rebelión armada son de naturaleza social y política. Las primeras son las injusticias en las que están sumidas las mayorías nacionales, producto de un sistema político que favorece a una élite que vive mejor a causa de la pobreza de la mayoría; es la élite que ha gobernado al país por siglos, que usa el poder político, militar, jurídico y mediático para imponer su voluntad en favor de los grupos de poder económico alineados con los intereses norteamericanos. Para eso excluye políticamente, persigue, judicializa y mata. De ahí nacen sus políticas y prácticas, los presos políticos, exiliados, desplazados, torturados, masacrados, desaparecidos y el genocidio. Una realidad negada por los gobiernos, como el caso de los presos políticos, sólo hacen parte de fríos números en las estadísticas.

En una lucha de esta naturaleza no puede haber razones personales. Es igual para todas las personas del pueblo. Uno se va encontrando en su propia vida con esta realidad, lo ve en otros y en otras, el dolor y el sufrimiento, la necesidad en cada rostro y en cada casa, en las ciudades y los campos.

El ser humano es por naturaleza un ser social, de esa comprensión nace la pertenencia a una colectividad y por tanto un compromiso por un destino común: no aceptar las injusticias en las comunidades y hacer parte de la construcción de un futuro más feliz para todos.

Desde muy joven fui dirigente estudiantil en mi colegio y estuve comprometido junto con otros jóvenes en la lucha por las reivindicaciones de estudiantes, campesinos y pobladores en Mocoa, mi lugar de origen a principios de la década del setenta. Luego continué en la lucha estudiantil y popular en la Universidad industrial de Santander; y en esas mismas luchas, en esos mismos lugares, en los barrios populares me encontré con otros muchos compañeros. Terminamos identificándonos con las aspiraciones del pueblo y vimos que la mejor opción era vincularnos al ELN y lo buscamos, antes que ellos nos buscaran.

–Cuando nos acercamos al pensamiento latinoamericano autóctono nos encontramos con un pensador profundo como Camilo Torres. Quien logra percatarse, por medio de sus análisis, que las clases dominantes impedían cualquier posibilidad de cambio por medios «pacíficos». ¿Cuál es el lugar de Camilo Torres en la guerrilla del ELN? ¿Cuál es el significado que tiene para las luchas populares de Colombia? ¿Cuánto se estudia de su pensamiento hoy en los movimientos populares?

Antonio García: Camilo Torres está en el mismo origen del ELN, pues cuando el ELN está en su primer año de existencia, Camilo también está en la construcción de un gran movimiento político que se llamó Frente Unido. Recorrió campos y ciudades y en ese encuentro con la gente fue construyendo su programa, igual lo hacía el ELN. Hay una gran identidad entre los propósitos estratégicos de Camilo y el ELN. Camilo llegó a dicho programa en la lucha política amplia, pero es perseguido por el Estado y excluido por la jerarquía de la Iglesia Católica, las puertas de la legalidad se le van cerrando, y en esa misma medida Camilo se va acercando al ELN, y al final se va con quien se identifica.

Camilo era el principal dirigente político de Colombia y se une a una guerrilla revolucionaria. Al hacerlo está marcando un horizonte para las grandes mayorías excluidas De ahí en adelante habrá una juntura, entre lo que venía construyendo Camilo en el pueblo y las guerrillas del ELN. Pero además de eso, para refrendar esa identidad, Camilo llegó al ELN convencido de que debía ser un Jefe guerrillero, que debía prepararse para ir a crear otros frentes guerrilleros en otras regiones del país, de ahí en adelante eso quedó claro en la conciencia de las generaciones de nuestra guerrilla. Camilo está en el corazón y esencia del pensamiento del ELN, por eso tiene el más alto reconocimiento como uno de nuestros tres Comandantes en Jefe.

El significado para las luchas populares Camilo lo dijo muy claramente en sus mensajes a todos los sectores y al pueblo colombiano, en sus llamados a la necesidad de la unidad para la lucha; en no quedarse sólo en la lucha reivindicativa y construir caminos para llegar al poder político; que en la lucha hay que perseverar, que ella es larga y por eso hay que empezar cada día con nuevas energías; y, sobre todo, que en una lucha del pueblo los dirigentes deben estar comprometidos hasta el final.

Sin duda que Camilo es un referente de lucha para todo el campo popular; muy seguramente se estudia y se lee su pensamiento. Lo que ha acontecido en estos tres últimos años de lucha del pueblo colombiano evidencia que están impregnados de su vocación, energía y entrega por la Colombia con la que él soñó.

–En una ocasión el Comandante Manuel Pérez habló de cómo la guerrilla debía hacerse cuerpo en el pueblo. ¿Cuáles son los elementos que caracterizan al ELN en esa búsqueda de unidad del movimiento político con las masas? ¿Fue siempre así o es parte de un proceso de aprendizaje a lo largo del tiempo?

Antonio García: Cualquier forma de organización en una sociedad es regulada por la experiencia a lo largo de su historia; su nacimiento tiene unas causas, unas razones que son originadas por las circunstancias de vida; igual su desaparición, cuando ya no es necesaria o cuando hay otras formas superiores de organización o las circunstancias son otras distintas a las que originaron su nacimiento.

El ELN nació como una organización político-militar y sigue teniendo ese mismo carácter, sólo que ha ido evolucionando. En los primeros 10 años el ELN estuvo sometido a permanentes operaciones militares y su acción política en relación con las masas se vio afectada por la represión inclemente de los militares, campos de concentración, campesinos amarrados en helicópteros eran llevados por los aires para intimidar a sus comunidades, torturas y otro sinnúmero de barbaridades, como lo enseñan los manuales de contrainsurgencia. Esas operaciones rompieron el tejido social de las áreas por donde se movía la guerrilla. Esto conllevó a que la guerrilla se inclinara más por la operatividad militar para evitar que las gentes fueran afectadas.

Junto a lo anterior, también existía un pensamiento que le daba más peso al papel dirigente de las organizaciones políticas o guerrilleras que se catalogaban de vanguardia. Se cometieron errores dándole más peso a la guerrilla que a las masas; si bien eso podía estar en la visión que se tenía, las circunstancias operacionales terminaron imponiendo esa dinámica.

Con el tiempo vino la reflexión, el aprendizaje de otras experiencias, tanto del país como de otras latitudes. Ese proceso de reflexión y cambio lo lideró el Comandante Manuel Pérez, se abrieron nuevas experiencias y aprendimos que más que dirigir se trataba de acompañar las luchas del pueblo. Esto quería decir que estando junto al pueblo en sus vidas, en sus comunidades, se construye futuro, y también debe acompañarse sus luchas, para eso se requiere estar un paso adelante de las masas, pero no más que uno; para poner el pecho, para romper y enfrentar los peligros; para eso hay que estar un paso adelante; no para tener o exigir privilegios. Si te vas más de un paso te alejas y te quedarás sólo.

– ¿Cuál es la concepción política del ELN, su estrategia de lucha, la visión que poseen del socialismo, del poder, y de qué fuentes teóricas y prácticas históricas se nutren para alimentar su concepción de lucha?

Antonio García: La concepción política del ELN está fundamentada en que en la historia las transformaciones las hacen los pueblos. A lo largo de la historia universal, en un tiempo determinado, se han juntado circunstancias, capacidades en una fuerza político-social y un ideario de cambio. La estrategia del ELN se orienta y trabaja en estos tres campos para construir un nuevo régimen político capaz de democratizar el país, darles participación a las mayorías para realizar los cambios para una Colombia distinta, más justa, más equitativa y feliz. Desde luego que el ELN le apuesta a la construcción de una sociedad pos-capitalista, pues el capitalismo es tan sólo un momento en la historia de las sociedades. Muy seguramente habrá una sociedad con un orden social diferente que se llama Socialismo y otros pueblos han intentado y seguirán intentando construirlo. Así como los esclavos soñaron con un mundo sin esclavos, cosa que hoy es casi realidad.

Todo ideario es una guía para la acción, tiene unos horizontes de futuro que nacen de la experiencia de la humanidad y de su reflexión en cada lucha cotidiana para hacer posible una ruta que nos conduzca a esos objetivos. Así se hace en la vida diaria, igual es en la lucha de los pueblos.

El ELN, si bien se alimenta del pensamiento surgido de la experiencia de la lucha de los pueblos del mundo, también se nutre de la propia experiencia de lucha del pueblo colombiano y latinoamericano, de sus gestas libertarias e independentistas. En el ELN, la historia se vuelve pensamiento y luego acción. Somos parte de los Movimientos de Liberación Nacional, por tanto, Marxistas, Bolivarianos, Guevaristas y Camilistas. Estamos por un nuevo tipo de Nación, no por la Nación-Estado propia del capitalismo, sino por la Nación Social, que reivindique al ser humano, la vida y la naturaleza. Una Nación donde prime la sociedad y no el Estado, y es quien debe garantizar el bien social.

– A su juicio, ¿qué relación debe existir entre la concepción de paz y justicia social? ¿Puede haber paz con capitalismo? ¿Cuál es su valoración de la violación sistemática de los Acuerdos de Paz que fueron suscritos en La Habana?

Antonio García: La paz, en la historia se ha asociado a un tiempo antes o después de una guerra; como si esos tiempos de «paz» fueran mejores para toda una sociedad concreta, para todos sus integrantes. Muchas veces se ganaron o se perdieron guerras y no por eso los pueblos lograron vivir mejor; y eso que son los pobres quienes colocan siempre la fuerza combatiente.

La paz no siempre está asociada a la justicia social y el bienestar de la sociedad, por lo general sólo se asocia a la ausencia de confrontación armada y sucede todo lo contrario. Por cuanto se han erigido regímenes autoritarios para beneficiar élites económicas y políticas que usan el poder para seguir enriqueciéndose, en ese contexto sectores de la sociedad se ven obligados a alzarse en armas, pues no hay otra opción para lograr los cambios que favorezcan a las mayorías empobrecidas y excluidas.

La naturaleza del capitalismo es la explotación del trabajo, de los trabajadores; las máquinas o las materias primas solas no producen riqueza, por eso necesitan a los trabajadores. Cuando el Capitalismo se ve amenazado se abre a reformas o pactos, como aconteció al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se avino a un capitalismo social o de bienestar en Europa, pues se sentía amenazado por el avance del socialismo en Europa del Este. Pero cuando se desintegró la URSS, a finales de los ochenta e inicios de los noventa, se acabó el pacto entre el capital y el trabajo; se acabó el capitalismo de bienestar y se abrió el paso al neoliberalismo brutal.

El capitalismo se negó a avanzar por la vía de los acuerdos con el trabajo para crear una sociedad más equitativa. Hoy tenemos sociedades y países quebrados, conflictos sociales y políticos en todos los continentes y el llamado primer mundo también ha sido tocado por las explosiones sociales. Ha quedado claro que sin luchas no habrá justicia social.

Sobre la negociación del gobierno de Juan Manuel Santos con las FARC, que culminó en 2016, me es difícil responder pues he sido crítico de lo que aconteció, tanto de los acuerdos como de la forma en que se hicieron. Sólo hago esta reflexión: ¿se puede estar seguro que la contraparte cumplirá los acuerdos? Lo correcto sería poder dilucidar esta duda metodológica. Si no se hizo la culpa es de quien negocia así, pues en este tipo de procesos no se puede obrar de buena fe, pues está en riesgo la vida de mucha gente. Que siga muriendo gente que participó en un acuerdo de paz interroga más a quien está en el poder.

– ¿En qué situación se encuentran las posibles conversaciones para la paz? ¿Hay una voluntad real para la paz en los sectores dominantes de Colombia? ¿Qué errores o elementos negativos tuvieron los anteriores acuerdos, y cuáles condiciones el ELN no estaría dispuesto a renunciar en una mesa de diálogos?

Antonio García: Con el anterior gobierno, con Iván Duque, era imposible, pues se montó en un esquema imposible o irreal. Quería que la guerrilla fuese legal, ese tipo de guerrillas revolucionarias nunca ha existido ni existirá, pues alzarse en armas es ya un hecho ilegal y terminarlo implica reconocerlo y trazar una ruta para superar dicho conflicto.

Ha existido una voluntad limitada en los sectores dominantes, pues entienden que la superación del conflicto armado es la ausencia de confrontación armada y su proceso se centra en la desmovilización de la guerrilla, el desarme y la reinserción de los combatientes. Casi todos los procesos de paz se han enfocado en eso y en darles ciertas facilidades políticas a los desmovilizados, y muy poco o casi nada se han atacado las causas que han originado y reproducido el conflicto, que son de naturaleza política y social como la pobreza, ausencia en la atención social a la población, la exclusión política, la represión y la falta de participación política en la toma de las decisiones.

Desde 1991 el ELN ha estado dispuesto a conversar con los gobiernos para construir una salida política al conflicto, pero han sido los gobiernos quienes se han levantado de la mesa o se han negado a firmar los acuerdos y en el caso de Iván Duque se negó a respetar acuerdos firmados por el gobierno anterior y desconoció la gestión garante de varios países. El ELN jamás ha colocado condiciones a gobierno alguno, se entiende que todos los temas pueden conversarse o examinarse en una mesa, si de verdad se quiere la paz.

–Hoy nos encontramos en un escenario de mucha inestabilidad mundial, marcado por el conflicto militar entre Rusia y Ucrania. ¿Cuál es su valoración de esta coyuntura? ¿Qué factores condicionan ese conflicto? ¿Realmente hay elementos para pensar en una posible tercera guerra mundial? El Papa Francisco, por su parte, dice de hecho que ya estamos en la Tercera Guerra Mundial.

Antonio García: Estados Unidos y la OTAN construyeron en Ucrania un proyecto anti-Rusia a partir del empantanamiento que estaban teniendo en Siria. Dicho proceso de derechización tomó fuerza con el golpe de Estado en Ucrania en el 2014 y la guerra que adelantó el Estado por dominar la resistencia en la región del Donbass. Nadie en el mundo occidental dijo nada sobre las barbaridades que allí ocurrieron. Los Estados Unidos y la OTAN querían seguir desgranando el contorno de Rusia como lo hicieron en Yugoslavia en la década del noventa. Pero resultó totalmente lo contrario, Rusia les está aplicando la misma medicina que aplicaron ellos cuando con la guerra desintegraron la Federación Yugoslava.

Para muchos analistas, la Tercera Guerra Mundial comienza una vez se termina la Segunda, cuando el Pentágono declara la Guerra Fría, que tenía la pretensión de acabar con el comunismo, para que prevaleciera sólo el capitalismo. Los gringos someten al resto de países industrializados y les impone la OTAN como la herramienta imperialista para sus campañas de invasiones militares por todo el mundo, hasta la actual guerra en Ucrania.

En las últimas tres décadas se impulsó una Guerra Contrainsurgente Global para mantener la hegemonía por medios militares donde ellos quisieron: Guerra del Golfo contra Irak en 1990, guerra en Yugoslavia, guerra contra Afganistán en 1991, Guerra contra Irak en 2003, luego lo de Libia, agresiones sistemáticas contra Irán, Palestina y pare de contar con las múltiples intervenciones de todo tipo con sus revoluciones de colores hasta llegar a Siria y ahora en Ucrania.

Pareciera que esté terminando esa Tercera Guerra Mundial que se ha dado de manera fracturada, discontinua en el territorio, pero permanente en el tiempo. Ahora podrá venir una situación: o la guerra nuclear o un proceso de hegemonía multipolar, o seguiremos caminando en una realidad dual. Pero el mundo necesita evolucionar hacia una nueva institucionalidad que interprete su nueva realidad económica, política, militar, ambiental y cultural.

– Queremos volver sobre la situación en Colombia. Se pudo apreciar el año pasado una movilización popular que asombró por su fuerza. Con la irrupción de múltiples coordinaciones colectivas, con una variedad tremenda de visiones de cambio y transformación social, que el régimen colombiano no pudo constreñir a sus formas tradicionales de violencia y cooptación. ¿Qué opiniones le merece este proceso que se vivió? ¿Qué consecuencias tiene para el logro de metas verdaderamente revolucionarias? ¿Existe el peligro de que toda esa fuerza popular sea limitada por la política electoral e institucional? En la comprensión de que los procesos electorales pueden servir como catarsis colectiva pero después no se cumple el programa de demandas populares.

Antonio García: Lo que aconteció en estos tres últimos años de luchas y movilizaciones masivas de la sociedad es el producto de una situación represada, pues no es que no hubiesen luchas en años anteriores, sino que el Estado logró reprimirlas generando temores y miedos con el uso sistemático de la violencia desde las fuerzas militares y de policía del Estado, como con sus bandas paramilitares. Fueron decenas de miles los asesinados, desaparecidos y encarcelados, y millones los desplazados, exiliados y expropiados. Aun así, la gente seguía luchando y resistiendo. Fue la perseverancia de los luchadores que jamás se doblegaron los que hicieron que llegáramos a las grandes protestas del 21-N de 2019, al 9-S de 2020 y al 28-A de 2021.

No fueron los que llamaban a la claudicación los que hicieron posible esta explosión de lucha que nos ha hecho despertar a todos. Las nuevas generaciones de jóvenes aprendieron de las generaciones anteriores, y en esas grandes movilizaciones se juntaron en cuerpo y alma, marchando juntas tres generaciones: abuelos, padres e hijos. Lo que más llamó la atención fue verlos a todos luchar por lo mismo que habían luchado en su juventud. Nuevos actores sociales como las mujeres, los pueblos indígenas y comunidades negras, campesinos, trabajadores, desempleados, pobladores urbanos y la comunidad LGBTIQ+. Esta fuerza construida en la diversidad contribuyó con sus agendas y experiencias, así como con nuevas formas de lucha urbana, con expresiones de defensa y protección de los movilizados como las guardias y las Primeras Líneas.

Desde luego que hubo expresiones que quisieron desmovilizar, diciendo que si no se suspendían las protestas se afectaría el proceso electoral, resultó lo contrario, fue esta nueva fuerza social movilizada la que colocó en el corazón de los colombianos la necesidad del cambio y la confianza en que se podrá hacer, y que las posibilidades reales del cambio están en la fuerza movilizada del pueblo.

Efectivamente, existe el riesgo de que el movimiento social sea captado por la institucionalidad y deponga su beligerancia para continuar con sus luchas. Pero debe entenderse que el nuevo gobierno tiene un margen muy limitado para cumplir sus promesas, por sus acuerdos con sectores de la oligarquía y por la gran escasez de recursos que tendrá. Por tanto, muchas de las principales transformaciones que reclama el pueblo deben conquistarse con la movilización y lo poco que pueda ofrecer el gobierno.

– Tomando en cuenta el resultado electoral reciente con la victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez por la fuerza política Pacto Histórico: ¿Qué valoraciones puede hacer de esta victoria en las urnas? ¿Qué posibilidades reales de transformación tiene este gobierno y cuáles serán los principales obstáculos? Petro ha declarado como tarea y horizonte modernizar el capitalismo «atrasado» en Colombia. ¿El «atraso», es un atributo de la gestión de gobierno o un elemento sustantivo del lugar de nuestros países en el sistema mundial del capitalismo?

Antonio García: En Colombia hay un cansancio de la vieja política, antes había apatía a la participación política, pues las maquinarias electorales controlaban el proceso y todo estaba amarrado. Aún hoy el clientelismo regional sigue manteniendo parte de ese control, algo así como la mitad de esa fuerza electoral está en sus manos.

El resultado es ese, la mitad y un poquito está por el proyecto del Pacto Histórico o se suma a él, porque no hay otro que le atraiga. Rodolfo Hernández no era un candidato real, sino el resultado de un error de cálculo de la derecha, pues lo inflaron un poco para que le quitara los votos a Petro y no pudiese ganar en primera vuelta y así Federico Gutiérrez pasara a segunda vuelta, pero Rodolfo terminó ganándole a «Fico» y fue quien pasó a segunda vuelta; sorpresas te da la vida.

Desde luego que el Pacto Histórico tiene propuestas de tipo democrático, en materia económica, política y social; para eso ha tenido que hacer alianzas con sectores de centro derecha para tener una mayoría en el parlamento, pero está expuesto a tener que negociar las reformas con dichos sectores, donde el alcance de ellas estará en juego.

Los principales obstáculos para sacar adelante reformas profundas están en la naturaleza de la oligarquía colombiana, que se acostumbró a gobernar sin permitir las protestas, usó la represión contra ellas para impedir los cambios. Por eso ahora tratará de bloquear en el parlamento y luego recurrirá al viejo manual dictado por los gringos: sabotaje a la economía, bloqueo diplomático y económico y desde luego las viejas prácticas de intervención.

Si no es así estaríamos ante un cambio de la naturaleza política del capitalismo internacional liderado por Estados Unidos. Desde luego, si hay un cambio real en la sociedad colombiana, el pueblo tendrá que apoyarlo, y sólo podrá ser con la movilización popular, como lo ha hecho en estos últimos tres años con fuerza y contundencia.

El capitalismo como sistema mundial empezó a configurarse desde la Edad Media, y funciona como un solo sistema, con todos sus engranajes. Ahí están desde los países muy industrializados hasta los de casi nulo desarrollo industrial. Algunos cuentan con Estados y regímenes políticos con tintes democráticos y algo de consideración social, pero con círculos de poder altamente elitistas, otros con dictaduras abiertas y otros como Colombia de democracia disfrazada. El capitalismo generará siempre atraso, dependencia, exclusión, por eso es inevitable ir hacia sociedades pos-capitalistas.

Petro propone modernizar el capitalismo y ponerle rostro humano, pero el capitalismo esencialmente se basa en la explotación y alienación del ser humano y en la depredación de la naturaleza. Modernizar la economía colombiana implica enfrentarse a los sectores retardatarios de terratenientes, ganaderos y lavadores de los narcocapitales, quienes han logrado una extraordinaria acumulación originaria de capital en las últimas cuatro décadas, basada en la violencia narco-paramilitar, y terminaron adueñándose del Estado colombiano.

Petro podrá manejar una parte del erario público del gobierno, pero no podrá tocar el Estado profundo que controla el poder en Colombia. El movimiento social y político alternativo acompañará a Petro en las reformas que favorezcan los intereses populares, pero debe ir mucho más allá de las iniciativas del gobierno, manteniendo sus propuestas de transformaciones.

–Cuando uno analiza lo que es la historia de Colombia, puede pensar que la violencia tiene un carácter sistémico, que los cambios no pueden ser realizados por la política. ¿Se abre un nuevo escenario? O ¿estamos en presencia de un nuevo simulacro que terminará nuevamente con la violencia sobre los sectores populares y los líderes y lideresas sociales?

Antonio García: Tanto va el cántaro de agua a la fuente que al final se rompe, estamos en uno de esos momentos. Si no es viable una transición política quedará en evidencia que la oligarquía no dejó otro camino al pueblo que continuar la lucha por otros medios. Espero no sea así, pero eso sólo lo dirá la realidad de estos años venideros.

-: ¿Cuál es la visión actual del ELN sobre la toma del poder sobre el Estado? ¿Cómo se relacionan hoy en Colombia los intentos de construcción de un poder social anticapitalista con la conquista o la no conquista del poder sobre el Estado?

Antonio García: El ELN no considera que el poder se tome por un asalto, sino que se construye con las comunidades en el día a día, en la vida y en la lucha por cambiar la realidad con soluciones para la gente, sobre todo en procesos participativos. También se construye en procesos de resistencia defendiendo las conquistas logradas por las luchas de las comunidades. Desde luego que estamos ante una lucha contra el Estado, en tanto que es la organización del poder de una clase dominante, y la sociedad excluida también tiene derecho de configurarse como Poder Estatal para garantizar un proyecto de sociedad justa, democrática y equitativa.

Con las actuales propuestas del Progresismo, volvemos a las viejas discusiones de los socialistas y los socialdemócratas: «Revolución o Reformas», o «Revolución socialista o caricatura de revolución». O nos dedicamos a reformar al Estado capitalista o la tarea de los revolucionarios es una transformación radical de la sociedad y el Estado.

Entrevista realizada por la Tizza de Cuba, y reproducida colaborativamente por Marcha Noticias , Desinformemos de México, Peoples Dispatch de Estados Unidos, Brasil de Fato de Brasil, Kaos en la red de España, Liberación de Chile, Resumen Latinoamericano de Argentina, En la Pirqa de Bolivia y Colombia Informa.

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