En el salón de la junta directiva del Banco de la República, hace 90 años, y superada la gran crisis económica de los años treinta, el 3 de noviembre de 1936, diez presidentes de bancos —incluidos dos estatales, el Banco de la República y el Banco Central Hipotecario, y dos entidades privadas clave, el Banco de Bogotá y el Banco de Colombia— se reunieron para darle vida a la Asociación Bancaria. El anfitrión fue el entonces gerente del Banco de la República, Julio Caro, quien estuvo veinte años en el cargo, entre 1927 y 1947.
El sector financiero aún era pequeño, con una cobertura limitada, ofrecía pocos instrumentos financieros y manejaba un mercado de crédito apenas incipiente. El Banco Central Hipotecario y su gerente Julio Lleras Acosta —entidad que fue liquidada en el gobierno de Andrés Pastrana https://www.superfinanciera.gov.co/publicaciones/15249/banco-central-hipotecario-liquidacion-15249/, tras haber funcionado durante 67 años como pilar fundamental para la financiación de vivienda en el país— lideró la tarea de estructurar la asociación de entidades financieras. Desde entonces, esta se ha mantenido cohesionada y ha guiado las grandes transformaciones del sector, así como su proceso de modernización y tecnificación digital, en el que los bancos colombianos son pioneros.
Una necesidad que toma finalmente forma
La necesidad de unificar al sector financiero venía de tiempo atrás. Entre 1870 y 1923, Colombia vivió la época de la "banca libre", un periodo en el que cada banco emitía su propia moneda. En esos años se fundaron 95 bancos comerciales, pero la gran mayoría terminó liquidado a causa de los conflictos políticos, sociales y el descontrol en la emisión de billetes.
El país comprendió que necesitaba una organización financiera centralizada. Tras la pérdida de Panamá en 1903 y la indemnización de 25 millones de dólares entregada por Estados Unidos mediante el Tratado Thomson-Urrutia, Colombia contrató una misión de expertos financieros liderada por el economista estadounidense Edwin Walter Kemmerer. Bajo las recomendaciones de la Misión Kemmerer nacieron el Banco de la República, la Superintendencia Bancaria y la de Valores —hoy unificadas en la Superintendencia Financiera—, en julio de 1923, durante el gobierno del conservador Pedro Nel Ospina, sentando las bases del sistema moderno. Su capital original fue de $10 millones oro: cinco provenientes de la indemnización que recibió Colombia por la separación de Panamá, aportados por el gobierno, y cinco millones aportados por bancos privados nacionales y extranjeros.
Con las reglas claras, Asobancaria acompañó desde entonces momentos clave del siglo XX, como la aparición del crédito a plazos en los años cuarenta, la creación de entidades de fomento y la llegada de las primeras tarjetas de crédito en la década de 1960.
Tarjetas, datáfonos y el primer cajero automático
La modernización del sistema arrancó primero tras bambalinas: se sistematizaron los procesos contables, se fortaleció la capacidad operativa de las oficinas y nacieron las primeras redes interbancarias para agilizar las transferencias. En 1971 se creó CredibanCo, una iniciativa liderada por el Banco de Colombia, el Banco de Bogotá y el Banco Cafetero, como un sistema de tarjetas asociado al Bank of America que permitía articular el pago con tarjetas de crédito. Poco después, en 1974, nació la Corporación Nacional de Ahorro y Vivienda (Conavi), por iniciativa de Alberto Gómez Ramírez —uno de los pioneros en el desarrollo de la política de corporaciones de ahorro del presidente Misael Pastrana Borrero—, para impulsar los créditos hipotecarios en el país a través de la figura del Upac.
Respaldaron la idea instituciones financieras como Bancoquia y el BIC, además de entidades como Suramericana de Seguros y Cementos Argos. Conavi nació en el icónico edificio Coltejer de Medellín y con ella llegó el primer cajero automático de Colombia. Por primera vez, el banco estaba disponible fuera del horario de atención tradicional. https://www.las2orillas.co/la-evolucion-del-cajero-automatico-desde-conavi-ahora-bancolombia-a-la-red-servibanca-del-grupo-gilinski/
Luego llegaron las tarjetas débito, que le enseñaron al país a mover el dinero sin necesidad de billetes. Esto no solo aportó comodidad, sino que formalizó el consumo: las compras empezaron a dejar una huella transaccional que permitió identificar a los buenos pagadores, abriéndole las puertas del crédito a miles de personas y empresas. La red de datáfonos se convirtió así en la espina dorsal del comercio y una pieza clave para ampliar los pagos electrónicos.
De pagos seguros en línea a las billeteras digitales y los sistemas inmediatos
Colombia se posicionó como referente pionero en la digitalización financiera. De la mano de ACH https://www.achcolombia.com.co/home, el país lanzó en 1997 el servicio PSE (Pagos Seguros en Línea), convirtiéndose en el primer producto de pago digital de toda América Latina. Paralelamente, en la década de 1990, Bancolombia habilitó la primera sucursal virtual del país, abriendo la puerta a consultas de saldo y transacciones básicas desde internet, sin necesidad de pisar una oficina.
Las entidades financieras responden a las necesidades de los usuarios
Entre 2010 y 2016, el teléfono inteligente asumió el papel protagónico. La banca dejó de ser un lugar físico al que se acudía a hacer trámites para convertirse en un servicio continuo que el usuario llevaba en el bolsillo a todas partes.
Esta digitalización se transformó en la mayor herramienta de inclusión social en la historia reciente del país. Nacieron billeteras digitales como DaviPlata en 2011 y Nequi en 2015 —innovaciones surgidas al interior de Davivienda y Bancolombia respectivamente—, https://www.las2orillas.co/al-rojo-competencia-en-la-banca-digital-daviplata-le-quito-la-corona-a-nequi que sentaron las bases del auge fintech en Colombia. Poco después, la llegada del servicio Transfiya permitió enviar y recibir dinero de manera inmediata entre diferentes bancos, utilizando únicamente el número de celular.
Esta infraestructura integrada permitió que, en los últimos diez años, más de 13 millones de colombianos ingresaran por primera vez al sistema financiero formal, elevando la tasa de bancarización a cerca del 97% de la población adulta.
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Hoy, con el sistema de pagos inmediatos Bre-B acumulando más de 825 millones de transacciones y 34,9 millones de usuarios registrados, el sector financiero demuestra el impacto de un trabajo articulado durante nueve décadas a través de Asobancaria —que tuvo como primer presidente a Julio Eduardo Lleras— manteniendo una notable estabilidad institucional. Desde hace casi cuatro años, la asociación es liderada por el economista, exministro y profesor asociado de las universidades Nacional y de Columbia, Jonathan Malagón, https://www.linkedin.com/in/malagon acompañado por una junta directiva presidida por Javier Suárez, presidente del Banco Davivienda. https://www.asobancaria.com/comunicados-de-prensa/comunicado-de-prensa-javier-suarez-es-el-nuevo-presidente-de-la-junta-directiva-de-asobancaria/
A esta constante evolución en la relación de los clientes con las entidades financieras se suman logros fundamentales: la creación del mercado de capitales, el seguro de depósitos para proteger a los ahorradores, el fortalecimiento de los controles contra el lavado de activos desde los años noventa y la masificación de las finanzas digitales.
Se trata de una historia de transformación que llevó a Colombia desde la dispersión de billetes impresos hasta un ecosistema tecnológico al alcance de todos; un proceso en el que la Asociación Bancaria —que reúne a todos los bancos comerciales públicos y privados del país, además de otras instituciones financieras, sumando alrededor de 40 establecimientos de crédito y entidades asociadas— ha cumplido un rol fundamental.
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