Como hace de falta D’Artagnan

A los nueve años de la prematura muerte del columnisa Roberto García Posada, se recuerda sus provocadoras columnas en El Tiempo

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Marzo 10, 2018
Como hace de falta D’Artagnan
Foto Archivo: Cromos-El Espectador

Se acaban de cumplir 9 años de la desaparición anticipada del periodista Roberto Posada García-Peña, D’Artagnan (23 febrero 2009). Y cómo no recordarlo, si marcó un rumbo en el país político, además de sus “chicuelinas” gastronómicas. Sin duda era un hombre talentoso, que entre la legión de personalidades de los grandes medios logró consolidarse como actor influyente y con poder. Para esto último no tuvo necesidad de acceder a un cargo público de alta representación. Con su pluma y su privilegiada tribuna fue suficiente.

A veces cuesta aceptar, que un hombre como D’Artagnan se haya ido con tan solo 54 años, cuando pudo contar con más tiempo para desempeñarse como buen mosquetero. Aunque el timón de la vida depende de designios superiores, también es verdad que hay una responsabilidad personal y en eso Posada mostró cierta displicencia. Recordamos sus expresiones en una entrevista: “Soy hipocondríaco, comelón, gordo, me rasco donde no toca, pero algunos me consuelan con que también soy buen amigo, leal, divertido, papá comprometido y acaso infantil. Me arrepiento de muchas cosas y de nada”. Su afición a la gastronomía era excesiva, con ello le hizo el quite a razonables decisiones digestivas en favor del autocuidado.

Su propia experiencia corroboró que la gastronomía fina no es sinónimo de nutrición saludable. La sofisticación en la mezcla de costosos ingredientes y condimentos da como resultado platos poco digeribles y más aun con efectos agravantes para algunas dolencias especialmente digestivas. A Posada en medio de su inteligencia le faltó ponderación en las prioridades ya que es evidente que para él pesaron más sus aficiones. Daba la impresión que buscaba más placer que felicidad. Cuando le preguntaron sobre su definición de la felicidad, contestó: “Room service en el Plaza Athenee”. Era incorregible.

D’Artagnan, fue una de las figuras que enarboló el fervor por Millonarios. Por cuenta de ello se inició como columnista en EL TIEMPO con su espacio llamado “El hincha azul”. Pero no era precisamente un modelo inspirador de la práctica deportiva y de la sobriedad en la alimentación. Era aficionado a comer de manera exquisita al parecer sin importar las consecuencias. Es por ello que la mayoría de gastrónomos reconocidos tienen sobrepeso por exceso de grasa y no de masa muscular. Su pasión por los vinos era desmedida. Pocos días antes de morir invitó a su primo Enrique Santos a vaciar unas cuantas botellas que tenía guardadas “antes de que sea tarde”.

Al respecto una síntesis de últimos estudios científicos del Instituto Nacional Francés del Cáncer (INCA) demuestra que en la relación alcohol-cáncer no hay “dosis protectora”. Con sus efectos invisibles, “las pequeñas dosis reiteradas son las más nocivas”, subraya el presidente del INCA, Dominique Maraninchi. “Se desaconseja todo consumo diario de vino”, reitera Paule Martel, directora de investigación del Instituto de Investigación Agrónoma (INRA). Según el estudio, “el consumo de bebidas alcohólicas está asociado a un aumento en el riesgo de sufrir cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, colon y recto, seno e hígado”.

Esto desvirtúa lo que antes promovía el ilustre Roberto Posada que, sin ser su intención, nos dejó un legado que debemos acoger. Sobrepeso, sedentarismo, comer por placer y consumo persistente de vino (alcohol) son factores que inevitablemente conllevan riesgo de enfermedad y muerte precoz. La nutrición saludable no es una prioridad de la gastronomía. Si bien la pluma de Posada influyó efectivamente en la vida política del país, su estilo de vida no era un modelo inspirador compatible con las necesidades de la mayoría de colombianos. La lección queda servida: ¿Qué es más importante, comer exquisito por placer o nutrirse sobriamente por bienestar?

Apostilla: En la ciudad de Popayán acaba de fallecer el periodista Héctor Rodríguez, a quien le gustaba solazarse en el ambiente del poder local. Un mosquetero más provinciano, pero un caso algo similar al de D’Artagnan. Solidaridad con su familia.

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