En 1997, una empresa registrada el año anterior en las Islas Vírgenes Británicas compró una casa de 928 metros cuadrados en la Calle Estrella, en el centro histórico de Cartagena. El negocio se cerró por 290 millones de pesos. La empresa que pagó se llamaba Collwether Inc. Detrás de ella, según las investigaciones, estaba Henri de Croÿ, un príncipe belga de 67 años que en los círculos financieros y judiciales de Europa lleva tiempo siendo conocido como el Príncipe Negro.
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Esa fue la primera de varias compras. En 2004 llegó una segunda propiedad, a nombre de Fellaya Investments Ltd., también creada en las Islas Vírgenes Británicas: 185 metros cuadrados, 498 millones de pesos. En 2007, la empresa Lalou Property Corp. adquirió una casa de 12.000 metros cuadrados con isla privada en Barú, avaluada en 500 millones. En 2008, otra en la Calle Cabal, 600 metros cuadrados, 928 millones. En 2016, una mansión en ruinas de 1.400 metros cuadrados en pleno centro de Cartagena costó 5.000 millones. Las demás pasaron por empresas registradas en Emiratos Árabes Unidos. Así lo indica una investigación periodística del portal 070. Todas esas transacciones tienen algo en común: permitieron ocultar la identidad de los verdaderos propietarios.
Imperio hotelero en Cartagena de Indias
En la tarde del pasado 14 de mayo de 2026, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) ocupó 11 bienes vinculados a De Croÿ y a su esposa, María del Socorro Patiño, una exreina de belleza colombiana. El conjunto incluye cinco hoteles boutique en el centro histórico de Cartagena, dos propiedades en Barú y tres vehículos de alta gama. El avalúo supera los 70.000 millones de pesos. Entre los establecimientos están Casa Córdoba Estrella, Casa Córdoba Román, Casa Córdoba Cabal, Casa Córdoba Cuartel y Casa Barú, todos cuentan con reconocimientos internacionales en el sector de lujo. En Casa Barú, una noche por persona cuesta entre 600.000 y 800.000 pesos. El salón de eventos de Casa Córdoba Cabal para uso privado cuesta unos 20 millones por evento.

Una condena que debía dictar la justicia belga en 2012, por ocultar al menos 75 millones de euros en impuestos, parece haber sido el momento en que De Croÿ reorientó su estrategia en Colombia y convirtió las propiedades en hoteles. Sin embargo, esa sentencia en su contra no prosperó: fue absuelto en segunda instancia en 2015. Ese año, en entrevista, explicó que su negocio no consistía en evadir impuestos sino en gestionar fortunas y hacer optimización fiscal.
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El golpe mayor llegó en 2018, cuando la revista francesa L'Obs publicó una filtración de cerca de 200.000 documentos internos del Helin Group, el conglomerado de De Croÿ. Los llamados Papeles de Dubái mostraron cómo ese grupo usaba estructuras en paraísos fiscales para ocultar dinero de clientes adinerados en distintos países europeos. Las investigaciones que siguieron en Suiza, Francia y Bélgica lo señalaron como el cerebro de toda la operación: habría facilitado la creación de empresas ficticias y cuentas en el exterior para que cerca de 64 entidades ocultaran capitales y evadieran impuestos entre 2009 y 2018. La tesis de las autoridades colombianas es que una parte de esos recursos terminó convertida en los hoteles de Cartagena y Barú que hoy están en manos del Estado.
El príncipe y la virreina
El vínculo de De Croÿ con Colombia no es solo financiero. Patiño Córdoba, nacida en Popayán en 1964, se fue a Europa a estudiar después de graduarse del colegio. Allí conoció al príncipe y se casaron en 1994. Vivieron en Inglaterra, Suiza y Francia. Tuvieron tres hijos. Antes de ese matrimonio, la historia de ella en Colombia era otra: fue virreina del Valle del Cauca, representó al Quindío en un concurso nacional y llegó a virreina nacional del Reinado de Cartagena en 1995. Su nombre aparece hoy en registros corporativos panameños, donde figura como directora y secretaria-tesorera de la sociedad Falur Corp, y en el expediente de la Fiscalía colombiana por presunto lavado de activos. Algunos documentos de los Papeles de Dubái señalan transferencias hacia cuentas vinculadas a ella para la compra de inmuebles en Cartagena.

Las propiedades ocupadas están en proceso de extinción de dominio. Los documentos de registro que rastrean casi tres décadas de transacciones en una notaría de Cartagena fueron los que permitieron a las autoridades conectar cada compra con el mismo origen: el Helin Group aparecía como accionista común en todos los negocios. Lo que queda ahora es un conjunto de hoteles con nombres coloniales, tarifas en dólares y el Estado colombiano manejando la recepción mientras la justicia en tres continentes sigue su curso.
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