El sueño de muchos que viven atrapados en el caos de la ciudad es escapar, aunque sea por unos días, hacia un lugar donde reine la tranquilidad. Un rincón en el que el ruido de los carros y los edificios gigantes sean reemplazados por montañas verdes, calles empedradas y paisajes que parecen detenidos en el tiempo. Lo que en otros países puede ser difícil de encontrar, en Colombia aparece a pocos kilómetros de distancia. Y uno de esos lugares está en Boyacá.
Se trata de Monguí, un municipio que se ha convertido en uno de los destinos más encantadores del departamento y que, para muchos viajeros, es una alternativa ideal frente al tradicional turismo de Villa de Leyva. Allí, la vida parece ir a otro ritmo y la calma se vuelve parte fundamental de la experiencia.
El encanto colonial y artesanal de Monguí, hermoso pueblo de Boyacá
Quien llega a este pueblo boyacense se encuentra con un lugar donde la tradición sigue viva. Sus calles empedradas, las fachadas blancas con balcones coloniales y las construcciones de piedra hacen que caminar por el municipio sea casi como viajar al pasado.

Pero Monguí no solo enamora por su arquitectura. Este destino también es reconocido por una tradición artesanal que le ha dado fama nacional: la fabricación de balones. Durante años, este municipio se convirtió en uno de los principales centros de producción de balones cosidos a mano en Colombia, una labor que todavía sigue presente en varios talleres del pueblo.
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De hecho, algunos visitantes aprovechan su estadía para realizar recorridos guiados donde conocen cómo es el proceso de fabricación y la historia detrás de esta tradición que marcó la identidad del municipio. Un detalle que le da un valor agregado al viaje y que permite entender mucho más la cultura local.
En el centro del pueblo también resaltan sus monumentos de piedra, las pilas de agua y, por supuesto, la Basílica de Nuestra Señora de Monguí, una de las construcciones coloniales más representativas de Boyacá.
Gastronomía y paisajes que completan la experiencia
Claro que el encanto de Monguí no termina en sus calles. La gastronomía también juega un papel importante en la experiencia de quienes visitan este lugar. Allí, ingredientes como la papa, el maíz y los cereales siguen siendo protagonistas de muchos platos típicos de la región.
Uno de los más conocidos es el cuchuco boyacense, una preparación muy tradicional que para muchos representa el verdadero sabor del altiplano cundiboyacense. También se pueden encontrar sopas típicas como el cuchuco de trigo o de cebada, además de envueltos, colaciones de maíz y otras preparaciones artesanales que conservan el sabor tradicional de Boyacá.

Todo esto se complementa con un paisaje natural que termina cautivando a cualquiera. Monguí está rodeado de montañas, praderas verdes y caminos naturales ideales para quienes disfrutan del turismo tranquilo y las caminatas al aire libre.
Además, muy cerca se encuentran lugares naturales que llaman la atención de los viajeros, como el páramo de Ocetá, considerado por muchos como uno de los más hermosos del mundo gracias a sus paisajes y biodiversidad.
Lo mejor es que llegar hasta este destino no resulta tan complicado. Desde Bogotá, el trayecto puede tomar menos de cinco horas por carretera, convirtiéndose en un plan perfecto para un fin de semana lejos del ruido y las prisas de la capital.
Monguí no es un destino de grandes centros comerciales ni de vida nocturna agitada. Su encanto está precisamente en lo contrario: en la tranquilidad de sus calles, en la calidez de su gente y en esa sensación de paz que muchos buscan cuando deciden salir de la ciudad.
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