Colombia, un campo que se queda sin campesinos

Las cifras de migración de los campesinos a áreas urbanas es muy elevada. Se pronostica que el campo quedará casi desolado para el 2035

Por: Juan Federico Velásquez Restrepo
febrero 13, 2020
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Colombia, un campo que se queda sin campesinos
Foto: pxfuel

En el campo colombiano vive el 26% de todos los habitantes de nuestra patria. La población colombiana sigue abandonando el campo de manera progresiva. El Censo del año 2017 demostró que el 74% de los habitantes de nuestro país viven actualmente en zonas urbanas y sólo el 26% permanecen en el área rural.

A fines de la década de los años cincuenta la población campesina era del 55 % y se calcula que para el año 2035 solo el 12% de la población será campesina.

Causas más relevantes de la migración campesina a las ciudades:

Además de la presencia de grupos generadores de violencia en calidad de propietarios de la justicia; de contrapartida, nuestro estado brilla por su ausencia en nuestros campos por:

Educación básica y educación técnica direccionada al sector agrícola, salud de calidad, seguridad social, infraestructura vial, acceso a las fuentes de financiación blandas, acceso a las maquinarias y herramientas de tecnología presente o de “punta”, empleo formal y acceso a la propiedad de la tierra.

En Antioquia, como para presentar alguna información que genere interpretación de la dimensión de lo planteado, solo el 5,27% de las vías terciarias está asfaltada. Cualquier camión cargado con alimentos se desplaza en estas vías a una velocidad promedio de 6 kilómetros / hora

Y pensar que una esmerada atención a estas precariedades en el campo colombiano ayudaría a desatestar nuestras ciudades más importantes, o por lo menos, a desacelerar la migración de campesinos hacia ellas.

Pero no se visualiza así. Nuestros alcaldes siguen montados en su “bola de nieve”, estimulando el “sueño americano” de nuestros campesinos, ampliando vías, construyendo puentes, implementando nuevas formas de transporte como trenes, cables, etcétera, para que más y más campesinos migren a la “villa”. Como un botón de muestra de esto; “Parques del Río” demandó recursos con los que por lo menos se hubieran asfaltado entre ochocientos y mil kilómetros de vías terciarias.

Soberanía Alimentaria o seguridad alimentaria: Desde el inicio de los absurdamente llamados “tratados de libre comercio”, que de “libres” no tienen nada, se ha disminuido la producción de alimentos y demás productos agropecuarios en nuestro país, por la precariedad de nuestra competitividad, frente a las posibilidades de los países con quienes hemos realizado dichos tratados. “Es que nos inscribieron para correr el tour de Francia, en la bicicleta de la farmacia del barrio”, decía un amigo.

La pérdida de memoria y apetencia productiva, nos coloca al borde del abismo en materia de seguridad alimentaria, ya que estamos pasando de la auto suficiencia alimentaria al abandono del campo, exponiéndonos a perder la “memoria agrícola” y en consecuencia, a padecer hambre cuando la devaluación se exceda, de tal manera que no podamos comprar lechugas extranjeras y consecuentemente, ya habremos perdido nuestra vocación agrícola y ya no sabremos sembrar y cosechar nuestros alimentos.

A un pueblo que le tengan que donar los alimentos básicos, ya le habrán arrebatado su soberanía y no será más que un “pueblo mendicante”. ¿Haití?

El presupuesto de la nación del actual gobierno para la agricultura, representa el 0,7% del presupuesto total del gasto, mientras el presupuesto para atender la seguridad es superior al 13%; lo que nos indica a las claras que durante los siguientes casi tres años del actual gobierno, tampoco iniciaremos el camino del bienestar de la mayoría de los colombianos y particularmente el de nuestros campesinos, por no producir ni siquiera lo que se nos haría elemental, existiendo voluntad política: Producir alimentos para la humanidad.

Atinar a una solución, deberá contener en su ejecución; “acercarle la ciudad al campesino”.

Esto quiere decir:

- “Construir” nuevas y abundantes ciudades, eligiendo estratégicamente pequeños centros urbanos de entre las provincias, llamados cabeceras municipales y que puedan crecer de manera ordenada, dotándolas de los elementos generadores de bienestar e invitando a los demandantes de mano de obra del país, a que, vía beneficios tributarios, trasladen sus plantas o construyan sucursales en aquellos centros elegidos.

- Modernizar las vías terciarias que permitan traslados ágiles, tanto de los campesinos, como de sus cosechas, hacia esas pequeñas ciudades.

Resultado esperado: se estancaría la migración de campesinos a las capitales y retomaríamos nuestra “Autonomía” alimentaria.

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