Enfrentamos la puja electoral, el ruido político, tensiones geopolíticas amenazan la soberanía. Urge una ciudadanía capaz de mirar críticamente las escalas del poder

 - Colombia entre la micro, la meso y la geopolítica

Se va cerrando el 2025; un año agitado y turbulento; estamos en medio de una elección de lo que será el nuevo gobierno nacional y los vicios electorales se radicalizan y se actualizan en estas circunstancias, prima cierto gatopardismo y pareciera que todo cambia, para que todo siga igual, respecto a las dinámicas políticas electorales.

Tres años y medio después de posesionado un gobierno progresista, digámoslo claramente no se ven de forma extendida los cambios prometidos; pero si están más claros los obstáculos y las transformaciones de prácticas y mentalidades que se necesitan, para que se sientan verdaderas transformaciones; es decir, hay un avance en que reconocemos los grandes obstáculos para que podamos mejorar nuestra vida colectiva.

Sin duda, también hay algunos avances en poner en marcha políticas y reformas sociales, pero son muy pequeños y dispersos sus alcances, para una sociedad agotada en la violencia, la privatización de lo público, la cooptación corrupta del estado y la fractura organizacional e institucional. El asunto es que el principal avance se sitúa en la necesidad justificada de potenciar un verdadero proceso democrático y específicamente una nueva cultura política democrática, para salir del atolladero neoliberal y mafioso en el cual entramos desde hace décadas.

En ese contexto de tensiones, se dan desde temprano las aperturas de la gesta electoral al congreso y después al ejecutivo nacional, y se sienten tres grandes fuerzas centrifugas que operan en la gestación de la política que deberá madurar en el 2026:

En micropolítica, es decir, en los contextos regionales y locales se observa mucha dinámica electorera, gobernada por la lógica de las candidaturas impostadas: no falta el que sale a decir que es el más más de las primeras líneas de uno u otor lado, quien levanta la narrativa falsa de haber nacido en los barrios y veredas más humildes; quien es el mejor amigo de una religiosa o un líder fallecido muy popular entre las gentes; el que dice que viene de abajo y que nada le detendrá hasta ser electo. Por otros lados, no faltan los que recuerdan que tuvieron buenas notas y que afirman ser estudiosos, los que dicen que los reconocen y los esperan en los parnasos internacionales, los que anuncian ser de mejor cuna y hasta los que piden que los elijan, porque tienen la experiencia en haber estado pegados de la teta del estado por años y saber cómo se formó la crisis; insistiendo en que solo ellos pueden arreglar lo que ya han dañado varias veces. Tremendo panorama ese, lleno de falacias y postureos. 

En meso política, es decir, en el plano nacional, donde esperaríamos salir del coro autorreferencial que busca representación con contenidos vacíos, estamos llenos de memoriales de agravios cruzados entre los y las candidatas presidenciales, los partidos y coaliciones, pareciera que en política partidaria pasamos por los días del gamín – y que perdonen los gamines de Colombia -, pero es que tanta maledicencia no deja para escuchar propuestas, proyectos, programas de país, si es que existen; necesitamos un poco de silencio y de orden en la conversación (debate si se quiere) para que podamos discernir caminos; aunque parece que a algunos sectores les sirve más el alboroto y el bullicio para enredar y sacar el bulto de sus propias responsabilidades.

En geopolítica hay temporada de piratas en el Caribe sobre costas venezolanas y tal vez, colombianas

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Y finalmente, estamos con un aviso de incendio en la región suramericana y propiamente en nuestras fronteras, pues en geopolítica hay temporada de piratas en el Caribe sobre costas Venezolanas y tal vez, Colombianas. La dinámica de la producción y comercialización internacional de narcóticos, se mezcla con el interés en el petróleo, los minerales en general y especialmente con las aguas de Suramérica, asuntos que hacen que el actual gobierno norteamericano se involucre en agitar las aguas de nuestras políticas internas; a eso se le llama intervencionismo unilateral y deberíamos pararle un poco más de bolas, pues la intervención viene por algo y atenta contra nuestras soberanías.

La banalidad y la teatralidad electoral caminan en lo micro y en lo meso, y lo monstruoso camina en lo macro. Ambos escenarios deben atenderse y mejorar sus condiciones de abordaje, pero toca poner especial atención a la geopolítica que nos viene caminando. Dicho en otras palabras: es momento de no descuidar los árboles, pero ocuparnos de ver el bosque.

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Por Jesús Darío González Bolaños

Es caleño, investigador social, Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Maestro en Filosofía, con estudios de especialización en Comunicación y Cultura, y en Pensamiento Político Contemporáneo, Trabajador Social de la Universidad del Valle. En el sector público ha ejercido como coordinador de cultura de los DDHH de la Defensoría Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, asesor de Participación Ciudadana, director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - DAGMA, secretario de Gobierno, gerente encargado de EMCALI y secretario de Bienestar Social en la Alcaldía de Cali.