Ciudadano a presidente Santos: 'La paz no se firma, se construye'

Carta abierta sobre el futuro del país luego de la firma de los diálogos en La Habana

Por: Alfonso Guillermo Ortega Soto
junio 13, 2016
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Ciudadano a presidente Santos: 'La paz no se firma, se construye'

Respetado señor presidente, buena noche.

Antes de comenzar, he de aclarar dos cosas: usted no me parece una persona de fiar, lo primero; lo segundo, la paz no se firma, se construye. La paz no es un acto legislativo; surge de un acuerdo social en el que necesariamente estaremos involucrados todos, sectores que se odian a muerte, poblaciones con dolor, sectores olvidados, grupos económicos defendiendo sus intereses. No pretenda insultar a todas estas personas con tan flaco argumento; no son necesarios aquí los eufemismos. No vamos a votar por la paz, votaremos por una posibilidad mínima, pero evidente, para empezar a construirla. Esto es lo que el país que usted preside aún le agradece y por eso lo sigue tolerando, a pesar de otros tantos actos que su Gobierno ha emprendido y que reafirman, al menos en mi caso, mi primera afirmación.

Aclarado lo anterior, permítame recomendarle más prudencia en todo acto que involucre de su parte utilizar el lenguaje, sea escrito o hablado. Usted no es el más avezado en estas lides, pero en este fárrago por el que pasamos, debería usted cuidar todas y cada una de sus palabras.

Para que lo tenga claro, señor presidente, los colombianos guardamos ya un temor cerval ante toda manifestación del verbo desaparecer, o sus formas adjetivas. Así que dicho de esta forma, no por querencia con el grupo de las FARC, nadie en Colombia quiere  más desaparecidos, sean estos de las FARC o de cualquier otra organización sin importar su índole o procedencia.

No quiero que las FARC desaparezcan así como no deseo que a Uribe se lo lleve el que lo trajo. No pretendo un acto de magia para borrar a Peñalosa y su ineptitud ni tampoco pretendo que alguien ciegue la vida del actual Procurador, aunque me parezca un ser humano detestable. Nada de eso, porque el solo hecho de ser humano, en principio, de hacer parte de este país, de ser responsables de tanta atrocidad como tantos otros que no alcanza aquí el espacio para mencionar. Por estos y otros hechos, son parte –somos parte– indispensable de la construcción de una nación en la cual merezca la pena vivir.

Nadie se engaña acerca de las FARC, tampoco. Y aunque existan quienes, con razón, sientan odio también por ellos, no por eso merecen desaparecer. Desaparecer a alguien, a algo, señor presidente, es negarlo, anularlo, evitarle ser. Y usted no puede hacerlo, no se jacte de poder hacerlo. Usted no puede tampoco desaparecer sus responsabilidades históricas, ni ellos las que les corresponden. De eso se trata precisamente. De parar un poco. De aceptar de una vez por todas cuánto nos distancia en esta tierra tan chica, y aceptar que aquí vivimos todos.

 

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