Carta abierta a los inconscientes del Coronavirus

Una ciudadana calcula la capacidad de contagio de una persona con Coronavirus, para llamar la atención a quienes actúan irresponsablemente

Por: Yescica Herrera Ocampo
marzo 20, 2020
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Carta abierta a los inconscientes del Coronavirus

Colombia, marzo 19 de 2020

Mirando con alarma la situación que hoy tiene en vilo al mundo; las redes sociales, periódicos locales e internacionales, noticieros, todos, atestados de noticias sobre la vertiginosa cifra de contagios de COVID-19 en el mundo y en el país (Colombia), en el quinto día de cuarentena, me he dado a la tarea, de poner en números más cercanos, la realidad que hoy nos aqueja. ¿Porqué? Porque a pesar de que se ha hecho un llamado a la cordura, a la solidaridad, la responsabilidad social, hay personas que todavía no dimensionan la magnitud de lo que está sucediendo. Las personas no comprenden que acciones antes tan inofensivas como dar un abrazo, estrecharse la mano, reunirse con amigos, hacer uso del transporte público, se convierten en armas letales en contra de la integridad propia y la de quienes le rodean.

No puedo negar que miro con tristeza la negligencia y mezquindad con la que el Gobierno Nacional está manejando el tema. Medidas laxas, algunos dirán tibias, desacertadas, aferradas a un capitalismo salvaje y un neoliberalismo, en los cuales las ganancias absolutas y las ventajas comparativas están por encima de cualquier cosa, incluso, del bien más preciado del ser humano: la vida. Decisiones que día a día, sin duda, condenan a miles de personas a una muerte segura; pero con más tristeza nos miro a todos como personas, como seres comunes y corrientes, más allá de los cargos políticos, directivos, de las profesiones. Si bien el llamado a la solidaridad, a la responsabilidad social, a la empatía, ha sido acatado por muchos (que algunos llaman privilegiados porque tienen la oportunidad de quedarse en casa sin pensar que por cada día que pasa es un día menos de comida), muchos otros, cínicos y egoístas, le han dado la espalda a la vida. Y no hablo de los colombianos (una mayoría) que deben salir a trabajar de sol a sol para ganarse el diario y llevar a sus familias un poco de comida, no! Porque en Colombia (y en la mayoría de países de América Latina) tenemos cuatro grupos de población sensible ante esta crisis y hacia las cuales se deben dirigir todos los esfuerzos estatales y la solidaridad individual, porque aunque tengan voluntad si no le tienden una mano no lo van a lograr; hablo de los adultos mayores, las personas con antecedentes médicos, los habitantes de calle y los compatriotas que viven del diario.

La crítica entonces, va dirigida a usted, que me está leyendo desde una oficina pudiendo estar en la casa, desde un parque, un restaurante, el estanquillo del barrio; a usted que hace su vida “normal” y a su paso va dejando una amenaza latente de muerte y que de ahora en adelante será llamado, inconsciente.

Yo se que usted, inconsciente, como todos en el mundo, excepto Jared Leto que salió ayer de un confinamiento en el desierto, ha leído, visto y escuchado las noticias; ha compartido memes y se ha burlado de lo que está pasando; ha “vivido al máximo” aunque la situación amerite lo contrario, pero quiero contarle del ejercicio que he hecho individualmente para ver el grado de aniquilación que puedo llegar a tener como persona individual, si llego a ser contagiada por el COVID-19. No soy matemática ni sé de estadística y es probable que me equivoque en mis cálculos, pero estoy segura que mi equivocación siempre será en un camino conservador y esperanzador, porque el panorama puede ser más desalentador y la cifra muchísimo mayor.

Seguir poniendo de ejemplo artículos científicos que confirman que si no se acogen “rajatabla” las medidas de prevención como el distanciamiento social, el auto-aislamiento, el lavado de manos, el uso del tapabocas, etc., etc., para mediados de abril, en Colombia tendremos 3.9 millones de contagios; o traer a colación el caso de la llamada ‘Paciente 31’ que después de haber llegado de China, continuó su vida normal (era asintomática, como el 70% de los casos de contagio en el mundo) y dos semanas después había contagiado a más de mil, lea bien, mil personas, en Corea del Sur; es innecesario, porque usted, inconsciente, lo sigue viendo muy lejano. Pero no, aquí le cuento el modelo básico que hice en casa y se lo expuse a mis perros, que me acompañan en mi aislamiento. Y el resultado, con sus errores esperanzadores, es alarmante.

¡Párele bolas, inconsciente!

Partí de las cifras conservadoras de 1x3 que han expuesto diferentes científicos y cuerpos médicos en el mundo, es decir, una persona contagiada por el COVID-19, por ejemplo, usted inconsciente, que en su mayoría, será asintomática (o sea que no presenta ningún síntoma: ni tos, ni fiebre, ni fatiga, ni dificultad para respirar, (toca con plastilina), puede contagiar, como mínimo a tres (3) personas y esas tres (3) personas a otras tres (3) … y así sucesivamente hasta que se corte la cadena de contagio ¿quién corta la cadena de contagio? Los que estamos en la casa evitando el contagio, ¡obvio, bobis!

Entonces, coja lápiz y papel… Usted, inconsciente, fue contagiado por el COVID-19. Sin lugar a dudas, como mínimo usted va a contagiar a 3 personas, digamos que esas 3 personas son de sus núcleos más cercanos: familiares y amigos. O sea que ya son 4 las personas contagiadas, contándolo a usted (operación matemática básica 3+1=4).

Esas 3 primeras personas que usted contagió, contagiarán a otras 3 personas (cada uno). O sea, 9 personas más tendrán el virus y, 9+4=13. Trece personas van a padecer este virus en la segunda línea de contagio, gracias a usted, inconsciente.

Continuemos: esas 9 personas (que contagian a 3 personas cada una), extenderán el virus a 27 personas más y ya teníamos 13; entonces 27+13=40. Tendremos, entonces, que para la tercera línea de contagio, el virus se habrá propagado en 40 personas.

Bueno, estas 27 personas (que contagian a 3 personas cada una), propagarán el virus, como mínimo, a 81 personas más, entonces, 81+40=121. Para la cuarta línea de contagio, tendremos 121 personas infectadas con el COVID-19, gracias a su indiferencia y su estupidez. Tal vez contemos con la suerte de que la cadena de contagio se rompa en la quinta o sexta línea (incluso antes), con un poco de sensatez, o tal vez, continúe su camino, gracias a otros inconscientes como usted y se propague entonces, en unos cuantos días, en miles de personas.

Pero éste, créalo o no, es el mejor escenario, porque: 1) estamos tomando la cifra más pequeña de contagio y 2) estamos asumiendo que propagó el virus en su núcleo más cercano. No obstante, recordemos que usted inconsciente, como es asintomático, continuó haciendo su vida “normal”, así que fue al trabajo (pudiendo quedarse en casa (no aplica para los que tienen que salir a trabajar), utilizó transporte público (o particular, me da igual), comió en un restaurante, compartió con otros inconscientes igual a usted y se paseó con mucha parsimonia por las calles de su ciudad, esparciendo el virus entre decenas y decenas de personas. Así que, téngase, aquí le tiro otro dato. Resulta que en su núcleo cercano contagió a 3 personas, en el trabajo a otras 3, en la calle a otras 3, en el restaurante igual a 3, en el supermercado a 3, en el estanquillo del barrio a otras 3 y, teniéndole Fe, en la Iglesia a 3 más. O sea que en un día de su triste y egoísta vida, contagió a 21 personas con el COVID-19 (y considero que sigo siendo conservadora).

Si con esas 21 personas hacemos el ejercicio de las cuatro primeras líneas de contagio, partiendo de que 1 persona contagia 3, pues, déjeme decirle inconsciente, (y acá me perdonan si los cálculos me fallan, pero repito sé que para “bien”) que usted será el responsable de haber propagado este virus entre 2.541 personas –en un solo día - y (tomando cifras oficiales) habrá condenado a una cruel muerte en soledad al 5% de estas de estas personas, o sea, le habrá quitado la vida a 127 personas, convirtiéndose en uno de los asesinos en serie más grande de todos los tiempos (si es que sobrevive).

Así que, inconsciente, espero que después de haber visto lo letal que puede llegar a ser su irreverencia, su ignorancia (o brutalidad), su indiferencia y rebeldía, tome consciencia, se pare del lugar en el que está (obviamente en la calle), consiga un tapabocas y se lave las manos; vaya y se aprovisione con lo estrictamente necesario (porque no dudo que sea de los que quieran acaparar todo); y se aísle en su casa y, de preferencia, solo(a) en su habitación, porque es probable que ya esté contagiado, por un tiempo no menor a 15 días.

¡Cuide su vida, la de su familia y la de sus compatriotas!

A las personas que han decidido libremente, por amor a la vida (a la propia y la de los demás) confinarse en su casa, gracias, porque al lado de los cuerpos médicos, de las personas de aseo, de la seguridad pública, se están convirtiendo en una clave indispensable para superar esto, abrazando la humanidad. Y aunque suene paradójico, el aislamiento nos dará la Libertad!

El aislamiento romperá las cadenas que hoy nos tiene presos.

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