Carta a la tiranía invisible neoliberal

"La gente está despertando porque el modelo neoliberal de la Tiranía Invisible, a lo que ellos llaman clase media, los dejó solos, desamparados en una pandemia"

Por: Manuel Fernando Gonzalez Villamil
agosto 03, 2022
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Carta a la tiranía invisible neoliberal
Imagen: Canva

Esta es una misiva para el poder invisible que nos gobierna, estamos desde la resistencia los Diógenes cínicos contemporáneos, que no nos dejamos vislumbrar por el poder cosificado del dinero, donde pensamos igual que el filósofo griego Diógenes el Cínico, que cuantas menos necesidades tengamos seremos más libres y felices; lo contrario, de la supuesta libertad y felicidad del consumo que ustedes pontifican:

Reciban un saludo escueto y poco afectivo, pero sin ningún resentimiento,

Les hablan los inconformes, los pesimistas, los que no tienen nada y tampoco quieren tener mucho, los irreverentes al sistema neoliberal, los solidarios, los empáticos, los nadie que lo único que tienen es bondad y amor, los estudiantes sin futuro, los que quieren estudiar, los desempleados, las mujeres vilipendiadas por el patriarcado, los trabajadores explotados, los niños sin privilegios, las víctimas del brazo opresor del Estado, los muertos por el hambre, la desidia y la violencia del Estado, los defensores de los animales, los defensores del planeta, los humanistas, los que marcharon en el Estallido social de Chile en 2019, los jóvenes valientes, que arriesgaron su vida en el Paro Nacional de abril del 2021 en Colombia. Y los demás manifestantes, que se han congregado en contra de la Tiranía Invisible en el mundo.

Este escrito no es una solicitud de súplicas ni de ruegos —porque los derechos no se ruegan, se exigen—. Les escribimos con el ánimo de manifestarles que con nosotros no han podido, que su tecnología positivista y optimista con la que nublan la realidad no nos ha permeado, que no somos sujetos, que los deseos hedonistas, los cosifiquemos, que la pseudofelicidad impuesta por su ideología en la acumulación de dinero no nos genera ninguna impresión, que no somos sujetos del rendimiento, porque sabemos que el mérito es una artimaña con la que ustedes justifican sus privilegios traspasados por la herencia.

Sabemos que se han usufructuado del Estado; asimismo, que empezaron como unos mercachifles burgueses y su ambición de poder revolucionó el mundo con el capitalismo, convirtiéndose en la clase dominante. Conocemos que desde el siglo anterior han capturado a gran mayoría de la prensa, que mucha es de su propiedad, trabajan para crear el mundo artificial del sujeto cargado de futuro positivista, sabemos del pánico que le generó la década de los sesenta y setenta con los movimientos contraculturales a favor del Estado de bienestar —que retaba su hegemonía—.

Conocemos que a ustedes les gusta el dinero regalado, por eso están en la fase en la que están, la financiera, especulativa y parasitaria, donde su capital no trabaja, sino que rinde. Sabemos que la liquidez la obtienen de los ahorros de los capitales administrados por los fondos de pensiones. Con este dinero se financia al Estado al sector financiero y el capital de riesgo; conocemos que tienen muchísimas rentabilidades, donde si ustedes realizan malas apuestas de inversión los riesgos los asume el trabajador o el Estado; conocemos de su contubernio financiero, con el que engañan a los pensionistas. Ustedes no otorgan pensiones dignas, digan la verdad: que el sistema no se creó para este fin, sino para apalancar a la Tiranía Invisible global y local.

Sabemos que el dinero de nuestras pensiones se traslada a los bancos y con este dinero nos prestan a nosotros; es decir, que con el dinero de nuestras capitalizaciones individuales nos otorgan los préstamos de consumo, que casi siempre son usureros. Sabemos que su doctrina es imperialista por la voluntad divina del Destino Manifiesto, que defienden el ideal de la cultura norteamericana conservadora y puritana, después incorporan a los neoconservadores y comienza la reconquista del Estado y el sujeto con el neoliberalismo. Entendemos que su contrarrevolución empezó el 11 de septiembre de 1973 con el derrocamiento del presidente legítimo y democráticamente Salvador Allende.

Comprendemos que su régimen reaccionario no solo era capturar el Estado con militares ya adoctrinados con la Escuela de las Américas, sino hegemonizar la mente de la gente; con la Doctrina Truman utilizaron la estrategia de la contención y del shock, para instalar la receta económica del Consenso de Washington; después mutaron a la prevención como «legítima defensa», para intervenir en cualquier país que pusiera en peligro «la democracia».

Con la caída del muro de Berlín, ustedes ganaron la guerra contra el comunismo y las energías utópicas. Comienza la era de las democracias neoliberales, la profundización de la tercera globalización y la tecnocracia a suprimir la política en las decisiones importantes de los países. Sabemos que utilizaron la estrategia de «guerra de posiciones» para hegemonizar la cultura en todos los espacios de poder, convirtiendo la sociedad disciplinaria tardía-corporativista, activando el homo economicus laborans y eliminando el solidarius.

Sabemos que replicaron el poder pastoral de la fe, convirtieron al mercado en un dios, al cual no le podían pedir ni suplicar, sino que se tenían que esforzar auto explotándose para conquistar la salvación del mercado, la acumulación con la que pueden satisfacer sus deseos hedonistas. Conocemos que ustedes no actúan por coacción, ni represión, sino que seducen al sujeto con su falsa libertad. Sabemos que la idea era deliberadamente direccionar la culpa de la pobreza, la desventaja social, la desigualdad, el hambre, la miseria en el sujeto y no en el Estado o en el poder fáctico financiero.

Sabemos que su modelo económico, normaliza el racismo, la exclusión, la segregación y el clasismo en la sociedad, en este mundo hay una lucha de clases, pero ustedes tienen obnubilada a la sociedad con su ingeniería del positivismo y del mérito, que hace que estos se autoperciban de clase media; sabemos que ustedes sí tienen conciencia de clase, la practican, diseñan discursos fascistas, racistas, que ofrecen crecimiento económico y por eso los votan sus electores más pudientes y el sujeto del rendimiento pobre. La idea era despolitizar a la sociedad y lo lograron.

Sabemos que la indignación fragmentada es la conveniente para ustedes, nace del sujeto individual, del rendimiento, que lucha por sus intereses, pero no se condensa, no es colectivo, se convoca por redes sociales y luchan. No obstante, sí hemos notado algo importante: que su sistema pensional no otorga pensión, el sistema financiero es abusivo, obteniendo cada año millonarias ganancias. La poca intervención del Estado en lo social y su pésimo manejo de la pandemia, el robo descarado de los recursos públicos y su provocación con la prepotencia y arrogancia que los caracterizan. Tenemos que manifestarles que están en crisis, —ustedes lo saben, la pandemia los evidenció—. La gente ha despertado y la indignación se está generalizando.

La gente está despertando porque el modelo neoliberal de la Tiranía Invisible, a la clase que ellos llaman clase media, los dejó solos, desamparados en una pandemia, apoyaron solo a sus amigos del sector financiero. La gente despertó, porque los jóvenes arriesgaron su vida para protestar contra regímenes que prevalecen el lucro, contra los poderosos, contra los desalmados banqueros. Los jóvenes de hoy no tienen futuro si no tienen apellido o salen de una universidad prestigiosa.

Para que la gente salga a las calles arriesgando sus vidas, es porque hay agotamiento, están cansados de las injusticias, ven que el modelo únicamente privilegia al capital financiero. La pandemia quizás despertó a esa gente que estaba conectada en la burbuja de sus pocos privilegios —pequeños empresarios que los gobiernos no ayudaron—. Se dieron cuenta de que la autoexplotación no es un negocio para el sujeto, pero sí para el sistema, que el mundo positivista es artificial, no existe, es una técnica de ocultar las imperfecciones del modelo.

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Con la pandemia se perdieron millones de empleos, cientos de empresas pequeñas y medianas desaparecieron, los alimentos se encarecieron de una forma desproporcionada. Hoy la inflación impera en casi todas las sociedades del mundo, es un tiempo para reflexionar no solo el modelo económico, sino la forma en que percibimos lo que nos otorga felicidad. Es un momento preciso, para decosificar la felicidad, para pensar más en la solidaridad, en despertar el natural homo solidarius de las personas, en donde el modelo positivista nos tenía bloqueados por la constante productividad, individualidad y el robo de nuestro tiempo.

Es un momento adecuado —en realidad siempre es un momento perfecto— para sacar de cada uno de nosotros el superhombre o superhumano del que nos habla Friedrich Nietzsche, que no tiene superpoderes, pero que sí debe actuar de manera fuerte y noble para ser un hombre libre: el primer comportamiento es el fuerte, que consiste en no seguir al rebaño, porque dice Nietzsche:

"Cuando un hombre siente la necesidad de que se le tengan que dar órdenes, entonces es cuando se vuelve un creyente. Y a la inversa: se puede pensar que un espíritu libre y fuerte que se despide de toda creencia, de todo deseo, de certeza y seguridad y que se ejercita entonces en bailar hasta el borde de los abismos, ese es el espíritu auténticamente libre".

El sujeto del rendimiento depresivo es un individuo dominado por la fe del mercado. Sigue la filosofía de la Tiranía Invisible, donde él por su esfuerzo puede conseguir absolutamente todo. Es un hombre débil, porque se deja llevar por la presión social, por el hedonismo de los deseos que induce el mercado. Cree fervientemente en el mérito como algo divino. Los manifestantes contemporáneos se han apartado un poco del rebaño y han reflexionado, ya sea por la pandemia o por el desgaste del modelo neoliberal, pero están despertando los espíritus auténticamente libres.

El segundo comportamiento es el noble, donde Nietzsche afirma que las confrontaciones entre amos y esclavos en Roma habrían generado el odio y el deseo de venganza respecto a los fuertes. Y la interiorización de ese odio habría derivado en resentimiento. Los que escribimos esta carta, señores de la Tiranía Invisible, el resentimiento es una moral enferma que suscita venganza, los Diógenes no la practicamos, nosotros nos indignamos, pero para construir, para proponer un cambio, para motivar a ser más solidarios, para que exista un Estado justo que administre lo público humanamente.

Nosotros los que estamos en resistencia, seguiremos en el autocontrol que profesaba Diógenes, un hombre libre, que despreciaba el rebaño, la imposición de la cultura y la riqueza. Nosotros, que tenemos acciones de superhumanos, no nos dejamos influenciar por la aprobación del consumo, del mandato del positivismo y el mérito, antes al contrario, en cada espacio de nuestras vidas esparcimos solidaridad, empatía y humanidad, no tenemos odio en nuestro corazón, a pesar de que la Tiranía Invisible ha asesinado a muchos de nosotros, por no someternos a su cultura «libre» del sujeto del rendimiento, que se caracteriza por poseer comportamientos deleznables y egoístas.

Nosotros, los Diógenes en resistencia, le decimos a la Tiranía Invisible que lucharemos para que no le siga robando la vida y la felicidad al sujeto.

Carta extraída del Libro La Tiranía Invisible: cómo el neoliberalismo nos roba la vida de Manuel Fernando González Villamil

Manuel Fernando González publica 'La tiranía invisible'

Referencias:

Jeria Soto, P. (2010): Diógenes de Sínope: Una reflexión sobre la problemática del lenguaje filosófico.

Diógenes el Cínico, fundador de la Escuela cínica, pupilo de Sócrates, vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza material extrema en una virtud. Para él la felicidad venía dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza. Argumentando que el hombre llevaba en sí mismo ya los elementos para ser feliz y conquistar su autonomía; era de hecho el verdadero bien. De ahí el desprecio a las riquezas y a cualquier forma de preocupación material. El hombre con menos necesidades era el más libre y el más feliz. (Jeria, 2010).

Han, Byung Chul. (2012): La sociedad del cansancio. Barcelona, España: Herder Editorial p. 48.

Han, Byung Chul. (2014): Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas del poder.

Carmona, J. C. (2021): «¿Es usted un superhombre, según Nietzsche?». El Correo de Andalucía. Consultar: https://elcorreoweb.es

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