Bombardeos de creatividad en Cali

Ante la brutalidad de las balas, Cali tiene mucho con qué responder y lo está haciendo

Por: Marta Leticia Espinosa
mayo 13, 2021
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Bombardeos de creatividad en Cali
Foto: Instagram @juanjosejaramilloarango

Cali, también conocida como la Sultana del Valle o la Sucursal del Cielo, se ha convertido en las últimas décadas en el foco de concentración de enormes problemáticas sociales derivadas en parte del progresivo deterioro que vive la totalidad de la costa pacífica colombiana en sus cuatro departamentos (Nariño, Cauca, Chocó, Valle del Cauca): paramilitarismo, narcotráfico y guerrillas se disputan a su gusto el territorio que habitan las comunidades indígenas y negras, las unas desde tiempos inmemoriales, las otras desde las épocas de la esclavitud y el cimarronaje. El pacífico es hoy en día una de las zonas de mayor conflicto en Colombia y una de las zonas donde más se asesinan líderes sociales en el país. 

La violencia saca a la fuerza a la gente de sus tierras, para repetir en su huida la misma ruta que otros coterráneos, que han huido en su momento por falta de oportunidades de vida y por los desastres naturales. Esta ruta suele comenzar en pueblos vecinos y concluir en el puerto de Buenaventura o en Cali, ciudades con enormes dificultades para brindarles las oportunidades anheladas, y que por el contrario repiten en versión urbana, los males de la corrupción, el narcotráfico, la exclusión y el racismo.  

Pero quien llega trae mucho más que la herida de la huida y la dificultad para el nuevo arraigo. Trae sus maneras sencillas y dignas de afrontar la vida, sus cantos y tradiciones orales, sus historias de lucha y sus aprendizajes. En sus equipajes se han colado los muchos mundos vivos que los conforman: bullerengues y fugas, adoraciones al niño Dios y balseros de San Pacho, chirimías y cantadoras de bundes, que entran a formar parte de las entrañas de Cali, una ciudad que a todos recibe a pesar de sus muchos males y exclusiones.  

Cali, la ciudad fundada en el cruce de caminos, la receptora de migrantes, es hoy el centro de una batida militar excepcional. La simple expresión pacífica de las demandas de los marchantes es considerada una afrenta y reprimida brutalmente. En las noches sale el ejército nacional, paramilitares y otras fuerzas no confesadas a disparar a quienes vigilan los puntos de bloqueo pacífico del paro, aviones y helicópteros sobrevuelan la ciudad permanentemente y se han propiciado de manera irresponsable, enfrentamientos de sectores de población enriquecida por el narcotráfico, contra estudiantes e indígenas desarmados. Lo mismo de siempre. La represión, la fuerza bruta y el racismo ante los reclamos justos de las masas empobrecidas. 

Pero los migrantes arriban también con sus historias de viejas luchas que van nutriendo las luchas propias de los pobladores de la ciudad. Los recientes paros cívicos en Buenaventura (2017-2019) mostraron la enorme fuerza y dignidad de un pueblo que no se rinde ante la adversidad. Su consigna “el pueblo no se rinde carajo” entró a formar parte de las consignas de otros paros, como este que hoy vivimos. La minga indígena con su larga y sostenida tradición de lucha ha puesto al servicio del paro nacional, el ejemplo de su ya legendaria tradición de resistencia pacífica y sostenida.

Ante la brutalidad de las balas, Cali tiene mucho con qué responder y lo está haciendo. Múltiples ideas de proyectos comunitarios surgen cada día, los gestos de convivencia entre sectores que antes vivían como enemigos, son frecuentes, se crean ollas comunitarias que se nutren de la solidaridad ciudadana, se abren nuevos centros de atención en salud que cuentan con personal voluntario, se oyen nuevas voces en los barrios marginales de mujeres y hombres que tienen mucho por decir. Las calles y plazas han sido rebautizadas con nombres como la Loma de la Dignidad o Puerto Resistencia. Y un monumento, impuesto como símbolo de la ciudad, ha sido derribado. Las redes apenas si logran difundir la avalancha de creaciones populares de toda índole.

El paro en Cali no son solo las multitudinarias marchas pacíficas que la recorren casi a diario, ni los puntos de concentración y bloqueo que los jóvenes han instalado en los sectores más claves, ni siquiera la brutal represión que se ha lanzado contra ellos. La verdadera fuerza y la mayor esperanza que esta protesta se encuentra en el potencial de vida y creatividad de tantas tradiciones culturales juntas en permanente ebullición, que se han movilizado en un caleidoscopio de saberes que está creando, entre las inclemencias del paro, nuevas maneras de relacionarnos, nuevas formas de mirar al diferente, de construir diálogos y de vivir las divergencias, lejos de los manidos y anquilosados esquemas excluyentes que incitan a la violencia. 

La creatividad está alborotada al servicio de una nueva vida donde cada cual tenga voz y lugar. Es el arma más contundente de la ciudad, su única defensa real ante el bombardeo de balas, son los bombardeos de creatividad colectiva que alumbran el camino hacia una sociedad realmente inclusiva. 

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