Entre nevados y paisajes de alta montaña, este río de aguas calientes en el Tolima se convierte en uno de los secretos mejor guardados del país

 - Así puede llegar al único río de aguas calientes color turquesa en Colombia, una joya natural en el Tolima

“Colombia, el País de la Belleza” no ha sido solo un eslogan. Bajo ese lema, el Gobierno de Gustavo Petro ha intentado reposicionar al país como un destino turístico de talla mundial, apostándole a mostrar una cara distinta: la de sus paisajes escondidos, sus territorios poco explorados y sus joyas naturales aún intactas. Y lo cierto es que, más allá de la campaña, hay lugares que por sí solos justifican esa narrativa. Uno de ellos está en el Tolima, en medio de montañas frías, neblina espesa y paisajes que parecen sacados de otro planeta. Allí, entre páramos y nevados, se esconde un río de aguas calientes que sorprende no solo por su temperatura, sino por su color y su entorno.

Un destino que, pese a su dificultad de acceso, se ha convertido en uno de esos secretos que empiezan a ganar protagonismo entre viajeros que buscan experiencias diferentes.

Este es el lugar en Tolima donde se encuentra este río de aguas calientes

El primer paso para llegar hasta este rincón es aterrizar en Murillo, un pequeño municipio enclavado en la cordillera Central que parece detenido en el tiempo. Desde Bogotá, el trayecto puede tomar cerca de cinco horas, generalmente por la ruta hacia Cambao, una alternativa que muchos prefieren por tener menos peajes y un tránsito más fluido.

Así puede llegar al único río de aguas calientes color turquesa en Colombia, una joya natural en el Tolima
Murillo, Tolima.

Murillo no es solo una parada técnica: es parte de la experiencia. A 2.950 metros sobre el nivel del mar, el frío cala, pero también invita a detenerse, tomarse un café caliente y contemplar el paisaje. Sus calles tranquilas y su cercanía con el Parque de los Nevados lo convierten en un punto estratégico para quienes buscan explorar esta zona del país.

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Desde allí comienza la verdadera travesía. El destino final son los Termales del Sifón, ubicados a unas dos horas del casco urbano. El recorrido no es cualquier camino: es una experiencia en sí misma. A medida que se avanza, el paisaje cambia, aparecen formaciones rocosas imponentes, lagunas naturales y una vegetación que evidencia la riqueza ecológica del lugar.

El premio al final del trayecto es un escenario difícil de olvidar. Un río de aguas termales de un intenso color turquesa serpentea entre la montaña, creando un contraste casi irreal con el entorno frío del páramo. Ese color no es casualidad: se debe a la alta concentración de minerales presentes en el agua, que además le otorgan propiedades que muchos consideran terapéuticas.

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Este paraíso natural hace parte del Parque Nacional Natural Los Nevados, lo que implica ciertas restricciones y cuidados. La biodiversidad del lugar es notable, con especies vegetales propias de ecosistemas de alta montaña, lo que refuerza la importancia de conservarlo.

Quienes se animan a sumergirse en estas aguas deben hacerlo con precaución. La recomendación es no permanecer más de 10 a 20 minutos, debido a la presencia de azufre, que puede generar mareo si la exposición es prolongada. Además, es clave estar atento a las indicaciones de CORTOLIMA, entidad que regula el acceso y que, en ocasiones, restringe la entrada para proteger el ecosistema.

Más que un simple destino turístico, este río de aguas calientes es una experiencia. Un recordatorio de que, en Colombia, aún quedan rincones por descubrir que superan cualquier expectativa. Lugares donde la naturaleza no solo se observa, sino que se siente en cada paso del camino.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.