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Opinión

Antes agradezcan

Rebajar las expectativas de la gente, hacer que deban agradecer por gestiones que son de obligatorio cumplimiento para los mandatarios, es una forma vil de hacernos retroceder

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Septiembre 12, 2017
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Antes agradezcan
“Nuestro sistema y nuestro país solo progresan en los discursos cínicos de los dirigentes”

Mi viejo profesor de historia decía que todos los sistemas tienden a evolucionar. Ya sea que se trate de universos, planetas, países, instituciones o personas, todos nos encontramos en un movimiento constante hacia formas mejores. Decía también que cuando este movimiento no era hacia adelante, el sistema estaba condenado a desaparecer.

En nuestro amnésico país ha hecho carrera la peligrosa idea de que, para poder sobrevivir, no es necesario buscar a las mejores personas para que hagan mejores a las instituciones. Por el contrario, la sensación dominante es que debemos dejarnos llevar por quien sea que llegue a los puestos de dirección, para que haga cualquier cosa de cualquier manera.

Para ser presidente hay que hacer coaliciones, no por compartir ideologías afines, sino por juntar el número de votos suficiente para resultar elegido.

Y de ahí hacia abajo es lo mismo, el senador, el representante, el gobernador, el alcalde, tiene que resignarse a pactar alianzas con quien sea, abandonando sus principios, sus ideas, su moral; todo con el innoble propósito de alcanzar o mantenerse en su puesto a como dé lugar.

Luego, cada uno por su lado buscará cómo hacerse pagar su aporte en votos, mediante la milimétrica asignación del presupuesto de la Nación a sus militantes.

En los directorios de barrio o en los clubes sociales de la clase alta, el barón electoral se reúne con el candidato y le plantea la misma pregunta: ¿Quiere mi apoyo? Sí, se lo ofrezco, pero a cambio de tal y tal entidad y su presupuesto. Obviamente, no permito controles a mi gestión, ya que sin mis votos usted no estaría (o no va a estar), en el cargo que hoy tiene.

Entonces, al mandatario elegido de esa manera le toca, cuando le importa, salir a justificar las acciones de sus coaligados en la administración pública. Que el precio del petróleo bajó, que el fenómeno del Niño o de la Niña; que los fundamentales de la economía esto o lo otro; etc. Una infinidad de disculpas y justificaciones que solo tienen un verdadero trasfondo, una realidad que aterra: nuestro sistema y nuestro país solo progresan en los discursos cínicos de los dirigentes. Hoy tenemos paz, hoy tenemos menos pobres, hoy tenemos más vías. ¿Qué hay en el trasfondo de todo esto? Una realidad que nos impide avanzar. Nos están obligando a rebajar nuestras expectativas como sociedad, a fin de poder continuar con el saqueo impune que hoy le hacen a nuestra Nación; a aceptar cualquier costo lo que ellos quieran imponernos, a cambio de nada. O no de nada, de la destrucción de nuestro país.

 

 ¿Quieren paz? Con mucho gusto:
pero hay que entregarles las instituciones a los violentos

 

¿Quieren paz? Con mucho gusto; pero hay que entregarles las instituciones a los violentos.

¿Quieren que el Estado alimente a los niños más pobres de las escuelas? Claro que sí; pero a cambio hay que admitir y perdonar que un porcentaje de los recursos destinados para ello se vaya a los bolsillos de quienes me eligieron presidente.

¿Quieren obras públicas, carreteras y puertos? Ni más faltaba; pero, claro, parte del presupuesto destinado para obras debe ir primero a financiar mi campaña, otra porción en mermelada para mis congresistas y ministros; y el resto para las carreteras. Si queda algo.

Y agradezcan. Porque en los gobiernos anteriores ni eso hacían. Y ni se les ocurra investigar o condenar, porque eso es atentar contra la “institucionalidad del país”. Para eso tengo a mi fiscal y a mi contralor.

Rebajar las expectativas de la gente, hacer que deban agradecer por gestiones que son de obligatorio cumplimiento para los mandatarios, magnificar las migajas de presupuesto que llegan a su verdadero destino, es una forma vil de hacernos retroceder. Es una forma segura de hacernos inviables como País.

 

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