Alcalde Peñalosa, ¡ayúdese, por favor!

"Ya su mandato entra en la recta final y llega el momento en que su actitud prepotente debe cambiar"

Por: Ricardo de Jesús Castiblanco Bedoya
enero 30, 2019
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Alcalde Peñalosa, ¡ayúdese, por favor!
Foto: Instagram @enriquepenalosal

Pareciera que no es un chiste, sino una realidad: Enrique Peñalosa nació sin el sentido del oído y por eso solo puede escucharse a sí mismo o a quienes repiten obsecuentes su discurso. Su ego opaca cualquier obra buena que deje para la posteridad en la capital de la república.

Alcalde, déjele el discurso del odio y la lucha de clases a Gustavo Petro, él es el maestro en el manejo de esa anacrónica teoría. Nadie le cree el cuento de los cientos de obreros que quieren ir a jugar fútbol al parque Japón o que quieren llevar sus niños a disfrutar del espacio público en esas zonas de Bogotá; seguro que ellos tienen mejores espacios en El Tunal y en las zonas intermedias donde pueden recrearse individual o colectivamente a un menor costo que irse al parque de la 93. Y no es por hacer discriminación, es por efectos naturales de la economía y las distancias.

Lo que usted pretende invertir en remodelaciones ociosas en los parques del norte puede emplearlo en los parques de las clases medias y populares, dotando o mejorando esa infraestructura de recreación o de prácticas deportivas; en arreglar y adecuar las vías de acceso internas de los barrios que hace siglos no son intervenidas por el distrito y hoy parecen caminos de herradura, afectando principalmente a los niños y adolescentes que deben recorrerlas para ir a sus colegios o a los parques de otros barrios porque en el suyo no tienen uno.

Ese cuento de que quienes lo critican tienen alianzas con grupos poderosos de la sociedad para oponerse a obras de beneficio común, como dijo ayer en el Concejo, no se lo cree nadie; lo que pasa es que la época colonial hace años que terminó y hoy no se atiende con sumisión a los dictados del regente, hoy existen mecanismos de participación ciudadana que le permiten al bogotano de a pie expresarse sobre los planes de desarrollo de la ciudad, porque al fin y al cabo él es quien paga los impuestos con que se harán esas obras.

Alcalde, por primera vez en 15 años la ciudad volvió a sentir el ritmo del desarrollo después de 12 años de desastre, pero su empecinamiento en ser un emperador borra todo lo logrado y si bien señaló que las obras quedan y en unos años nadie se acordará de quién las hizo, eso no pasa de ser un sofisma. Todo mandatario quiere dejar una huella de sus ejecutorias para que lo recuerden, usted se empeña en demostrar lo contrario.

Y voy a poner un ejemplo diciente. Aquí en el Galán, en la localidad de Puente Aranda, la Junta de Acción Comunal tiene un lote que recibió en donación para la construcción de un centro educativo para beneficio de la juventud del sector. Diferentes administraciones habían desechado la posibilidad de llegar a un acuerdo para materializar ese sueño y cuando creíamos que se lograría con una alianza con la Universidad Distrital y se firmaron acuerdos de cooperación para dar comienzo al proyecto de una Facultad de Informática o similar, usted despachó a la Acción Comunal con una patada y un destemplado ¡¡No voy a invertir un peso de la Distrital porque es echar la plata en un barril sin fondo!!

Tanta mezquindad no puede caber en una persona: pensar que nuestros jóvenes están más preocupados por ir a hacer un campeonato de microfútbol en el parque Japón que en tener a su alcance un centro educativo superior para formarse y contribuir al engrandecimiento de la patria, menos ahora que tan de moda se puso la economía naranja que estimula a los emprendedores. El destino que usted sueña para estos muchachos es el de overol, que aprovechan un descanso en el trabajo para jugar un picadito de fútbol y llevar los fines de semana a sus hijos a contemplar lo hermosos que son los parques en el norte.

Tenemos que recordar que usted, como concesión a los poderosos grupos políticos, nos quitó una alcaldesa que estaba ayudando a construir esos sueños y dejó la localidad en perpetua interinidad. Los alcaldes encargados no pueden comprometerse porque no saben cuánto les dura el encargo y deben cuidar su puesto burocrático en la administración. Tanto es el desconcierto que usted ha creado que hasta un edil muy activo y cercano a usted no pudo jamás superar el asombro del desprecio con que nos ha tratado.

Hay cuestionamientos injustos a su administración, especialmente los que provienen de sectores que contribuyeron al retroceso de decenios de años de la ciudad con el carrusel de la corrupción, la improvisación y el despilfarro. No esperamos que los ciudadanos vuelvan a elegir una opción tan nefasta para la capital, aunque ahora ya no se presente como progresista, ambientalista, humanista sino de activista, todos son disfraces del mismo cuño.

Hay que recoger mucho de la siembra que usted deja, revisar otras políticas y ajustarlas a la realidad ciudadana; superar esa fobia patológica que usted tiene contra los propietarios de un automóvil, porque en su mayoría el carro es una herramienta de trabajo y devolverle espacios a quienes con sus impuestos han pagado las vías de la ciudad; reconsiderar el TransMilenio como la única opción válida, especialmente para la movilidad interna en las localidades. Pero en general, hay que reconocer la labor desarrollada.

Ya su mandato entra en la recta final y llega el momento en que su actitud prepotente debe cambiar, ayúdese y ayúdele a Bogotá, no se despida de la ciudad permitiendo que nuevamente se genera una ruptura en las posibilidades de desarrollo real para darle paso al promeserismo populista de tan ingrata y reciente recordación; permita que quienes tienen la capacidad de asumir la dirección distrital puedan fundamentar sus propuestas en un legado comprensible y comprendido, las frías cifras no dicen nada si quien las genera es lejano a los receptores de la información.

Los bogotanos no sufrimos de delirios de pobreza, soñamos con construir un futuro entre todos y somos conscientes de que Bogotá jalona también las posibilidades de progreso en la nación, pero un progreso con equidad, incluyente pero no como un asistencialismo perverso donde las ayudas se pierden en marañas de corrupción y terminan en las manos de mafias organizadas que viven del miserabilismo en los sectores más vulnerables.

Usted tiene esa responsabilidad y no puede eludirla, salvo que por cosas del inflado ego quiera dejar el punto de quiebre para hacer después odiosas comparaciones. Que Peñalosa se asocie después con las buenas obras y no con un discurso egoísta y prepotente.

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