Hoy es campeón del hipismo saudí, pero empezó como aprendiz en su natal Antioquia antes de buscar su destino fuera de Colombia donde el éxito le fue esquivo

 - De las calles humildes de Guarne a Dubai: Camilo Ospina, el jinete paisa que triunfa en la hípicas de Medio Oriente

Durante décadas, los domingos en Colombia tenían un ritual particular: las carreras de caballos. Familias enteras se reunían en hipódromos como el de Techo, en Bogotá, o el de Los Comuneros, en Antioquia, para apostar, ver correr a los purasangres y seguir a jinetes que parecían equilibristas sobre animales de más de 400 kilos. Ese mundo, que durante gran parte del siglo XX fue un espectáculo popular, comenzó a desaparecer lentamente a finales de la década de 1990. La crisis económica, la transformación de las formas de entretenimiento y la quiebra administrativa de los hipódromos terminaron por debilitar la industria hípica nacional. Pero la suert de un jinete paisa cambió fuera del país

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Hipódromo de Techo.

Muchos jinetes tuvieron que emigrar para sobrevivir. Uno de ellos fue Camilo Ospina, quien pasó de ser un aprendiz cuestionado en Antioquia a convertirse en una leyenda viva del hipismo en Medio Oriente.

Un niño de Guarne obsesionado con los caballos

Ospina nació en una familia humilde de Antioquia y creció entre el campo y los equinos. Desde muy joven mostró una inclinación inusual por los purasangres, alejándose de la cultura futbolera dominante en el país. Su formación técnica comenzó en el Hipódromo de Los Comuneros, en Guarne, uno de los últimos baluartes de las carreras en el país.

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Era una época donde el hipismo colombiano aún respiraba, pero ya mostraba señales de asfixia financiera. Ospina destacó pronto, logrando triunfos significativos como aprendiz, incluyendo la codiciada Polla de Potrillos con el ejemplar Tancredi. Sin embargo, el camino fue tortuoso. Como ocurre con los talentos jóvenes en entornos de alta presión, sus primeras montas estuvieron marcadas por el rigor de los comisarios de carrera, quienes lo castigaron por errores tácticos, llegando incluso a cuestionar su futuro profesional. Parecía que su historia terminaría antes de despegar.

El cierre de Los Comuneros y el exilio

El año 2008 marcó un punto de no retorno: el cierre definitivo del Hipódromo de Los Comuneros. Sin escenarios donde competir, el exilio fue la única salida. Ospina emigró primero a Chile, un país con una cultura hípica fuerte, pero con un mercado laboral saturado. Allí pasó meses sin montas oficiales, enfrentando el anonimato y la incertidumbre.

Fue entonces cuando la fortuna, ayudada por la mentoría, intervino. Jorge Duarte, figura mítica de la hípica nacional y director de la escuela de Guarne, reconoció el potencial del joven. Duarte, quien ya mantenía puentes con los establos de la realeza en Arabia Saudita, no dudó en recomendarlo. Esa llamada telefónica cambiaría definitivamente el rumbo de Ospina.

Un jinete colombiano en la corte del hipismo árabe

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A finales de la primera década de 2000, Ospina aterrizó en Riad. El choque cultural fue absoluto: el idioma, la aridez del desierto y la magnitud de la industria hípica saudí lo obligaron a empezar desde abajo, cumpliendo funciones básicas en los establos del Hipódromo Rey Abdulaziz, antes de siquiera recibir la oportunidad de competir.

De las calles humildes de Guarne a Dubai: Camilo Ospina, el jinete paisa que triunfa en la hípicas de Medio Oriente
Jinete Camilo Ospina

A diferencia de Occidente, donde las apuestas mueven el motor de la industria, en Arabia Saudita el hipismo es una cuestión de Estado y orgullo real. Los caballos son parte de un ecosistema de élite financiado por el monarca y los príncipes. Cuando Ospina finalmente saltó a la pista, su talento fue evidente. Con la disciplina de quien ha superado el hambre y la falta de oportunidades en su tierra natal, logró consolidarse, ganándose el respeto de entrenadores internacionales y del exigente círculo real.

El jinete paisa que conquistó Arabia

Con el paso de los años, el paisa pasó de ser un extranjero que luchaba por una monta a convertirse en una figura central de la hípica saudí. Ahora ha sido coronado múltiples veces como el jinete con más victorias en el país, un título que requiere consistencia física y mental a lo largo de todo el calendario competitivo.

Su palmarés incluye los trofeos más prestigiosos del reino:

  • King Abdulaziz Cup
  • Crown Prince Cup
  • King Khaled Cup
  • King Faisal Cup
  • King Fahad Cup

Convertirse en el jockey oficial de la familia real no es un logro menor: implica montar caballos de linaje superior, valorados en millones de dólares, ante la mirada de las personalidades más poderosas de la región. Su marca personal de siete victorias en una sola jornada de carreras sigue siendo recordada como un hito de destreza técnica. Con más de mil victorias a cuestas, Camilo Ospina es hoy, sin lugar a dudas, el jinete colombiano más exitoso en la historia internacional del turf.

La élite mundial y la Saudi Cup

El cenit de la hípica saudí es la Saudi Cup, la carrera con la bolsa de premios más cuantiosa del mundo —cerca de 20 millones de dólares—. En este escenario, Ospina compite codo a codo con jinetes de Estados Unidos, Japón y Europa. En 2022, su triunfo en el Jockey Club Handicap con el caballo Aan Alawaan reafirmó su posición entre la élite global. Para los medios especializados de la región, Ospina es un referente absoluto, un atleta que encarna la evolución del deporte.

El legado del jinete paisa que busca el regreso

A sus más de cuarenta años, Ospina mantiene un régimen de vida que roza el estoicismo: un peso corporal menor a 55 kilos, madrugadas interminables y el riesgo latente de una caída a 65 km/h. Pese a vivir en un entorno de jeques y lujo, mantiene intacta su identidad: en su uniforme, el amarillo, azul y rojo siempre acompaña a su apellido.

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Su sueño de retiro es claro: regresar a Colombia para contribuir a la reconstrucción de la industria hípica, la cual sobrevive hoy de forma precaria. La historia de Camilo Ospina es, en última instancia, el reflejo de la resiliencia del deportista colombiano. Un hombre que perdió sus pistas en casa, pero que supo construir un imperio sobre la arena del desierto, demostrando que, sin importar la distancia, el polvo de Guarne sigue siendo el motor de sus triunfos.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.