Mientras el país enfrenta crisis de seguridad, el Gobierno destina $7.200 millones para sacrificar hipopótamos. ¿Es una solución ambiental o un error de cálculo?

 - La doble moral detrás del millonario contrato para sacrificar a los hipopótamos de Pablo Escobar

¿Puede explicarme algún funcionario gubernamental por qué han ordenado esta masacre? ¿Es solo un error de cálculo, un error que quizás pueda resolver fácilmente nuestra Corte Constitucional, o es que nuestras autoridades ambientales han perdido por completo la cabeza?

Los hipopótamos no suponen para la biodiversidad colombiana una amenaza mayor de la que a lo largo de siglos el propio ser humano ha llevado a cabo impunemente. En este caso, si la contaminación orgánica generada por los seres humanos a través de aguas residuales y ductos de alcantarillado sin tratar que van directamente a parar en nuestros afluentes y quebradas es estrepitosamente inferior a la generada por estos “caballos de río” —tal y como le decían los griegos—, entonces acepto que su eliminación sea totalmente necesaria.

Pero si queda demostrado que la fortuita incorporación de esta especie en nuestros biomas apenas hace muchísimo menos daño que el generado por millones de Homo sapiens sapiens, ¿qué más da, en este caso, que los hipopótamos establezcan un nuevo hábitat en Sudamérica? Nos han querido confundir bajo el argumento de la “especie invasora”, pero acaso no recuerdan que bajo la colonización española se dispuso por capricho del hombre en las Américas a los caballos, gallinas, cerdos, vacas, burros, perros y un sinnúmero de especies que a lo largo de generaciones vieron en esta tierra su nuevo hogar. Jamás se las consideró invasoras, por más que muchas de ellas sí socavaron grandes cantidades de especies nativas.

Ahora bien, estas adaptaciones de las especies a ambientes que no son los “suyos” por origen, ¿no se producen en muchísimos casos? Y más aún: ¿no es el planeta Tierra, en última instancia, el hábitat de todos los animales, al margen de las fronteras artificiales que han levantado los países? En principio, la posibilidad de supervivencia de estos mamíferos en zonas tan lejanas a su pesebre ancestral africano es una primera prueba contundente de que no ofenden a la naturaleza en lo más mínimo. Entonces, semejante exterminio estaría claramente en contra de las leyes naturales.

En segundo lugar, si ya la naturaleza ha permitido esta proliferación de vida, ¿por qué tendría el humano que destruirla tan indiscriminadamente? Sospecho que solo puede obedecer a razones de desviación de responsabilidad ambiental y económicas: 7.200 millones de pesos adjudicados en contratos para eutanasiar a estos animales.

Pero hay temas más importantes, ¿no? Con el paso de las décadas muchos gobiernos ignoraron esta situación. El país tiene un sinfín de problemáticas aún sin resolver: la seguridad, el conflicto armado, la desigualdad, la miseria o la sobrepoblación de las cárceles. ¿Cuántos criminales condenados por delitos atroces tendrán mejor derecho de recibir la inyección letal antes que estos animales inocentes? Por eso, ya es costumbre que los temas medioambientales constituyan la última de las prioridades de nuestros gobiernos de turno.

Sin duda alguna, esta no fue la decisión más armoniosa, ni mucho menos la más justa. Colombia es el paraíso predilecto para la explosión de la vida en todas sus formas. Siendo así, ¿no sería difícil de creer que en nuestro inmenso territorio no existiera ni el más mínimo resquicio razonablemente apto para permitir un santuario protegido para nuestros Hippopotamus columbianus?

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