La tarde del viernes 3 de abril terminó de forma inesperada para la familia del empresario Hugo Zuluaga quienes habían llegado a Punta Cana con un plan simple: descansar durante la Semana Santa. Hugo Alberto Zuluaga Giraldo, empresario antioqueño de 57 años, estaba en la playa frente al hotel Hard Rock junto a sus dos hijos, de 12 y 14 años, cuando el mar donde estaban nadando cambió de condición sin aviso.
Zuluaga había viajado con sus hijos el pasado 28 de marzo. Llevaban varios días de vacaciones en el complejo turístico, en una rutina que combinaba descanso, piscina y mar. Ese viernes, hacia el mediodía, entraron al agua. En cuestión de segundos, una corriente más fuerte de lo habitual los desestabilizó. Los tres fueron arrastrados mar adentro por el oleaje.
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La escena activó la reacción inmediata de otros turistas y del personal del hotel. Los equipos de rescate acudieron tras el llamado de emergencia. Los dos menores fueron sacados del agua con vida, con signos de agotamiento, pero fuera de peligro. Su padre, en cambio, no logró salir en ese primer momento.
Durante los siguientes minutos, los rescatistas mantuvieron la búsqueda en la zona donde había sido visto por última vez. El cuerpo de Zuluaga fue localizado aproximadamente 40 minutos después de que la corriente lo arrastrara. Fue sacado del mar y trasladado en ambulancia al Hospital Bávaro, donde los médicos confirmaron su fallecimiento.
El diagnóstico indicó hipoxia cerebral derivada de asfixia por inmersión, una consecuencia frecuente en este tipo de emergencias acuáticas cuando el rescate no se produce a tiempo. Las autoridades locales, junto con la Inspectoría de Bávaro y los equipos de socorro del hotel, atendieron el caso y coordinaron el traslado del cuerpo a instancias forenses para los procedimientos correspondientes.
La noticia tuvo un impacto inmediato en Colombia, no solo por las circunstancias del accidente, sino por el perfil de la víctima. Hugo Zuluaga no era un turista anónimo. Era el fundador y CEO de Quipux, una compañía que desde mediados de los años noventa se convirtió en un actor relevante en la modernización tecnológica del tránsito en el país.
Zuluaga había creado la empresa en 1995, en Rionegro, Antioquia, junto a un socio, con una idea concreta: desarrollar software especializado para la gestión de la movilidad. En sus primeros años, Quipux trabajó con algunos municipios antioqueños, pero con el tiempo amplió su alcance a ciudades principales y luego a otros países.
Su nombre quedó asociado a sistemas que hoy forman parte de la vida cotidiana de millones de conductores en Colombia. Participó en el desarrollo de las conocidas fotomultas y como se unen estas al Simit y al Registro Único Nacional de Tránsito, Runt. Ambos sistemas permitieron centralizar información, automatizar procesos y mejorar el control sobre las infracciones viales.
La empresa también logró expandirse fuera del país, con proyectos en África y otras regiones, donde replicó modelos de organización de datos, atención ciudadana y sistemas inteligentes de movilidad. Ese crecimiento consolidó a Quipux como una de las compañías tecnológicas más visibles en el sector de transporte.
En paralelo a su trayectoria empresarial, Zuluaga era reconocido por su perfil discreto y por mantener una presencia más técnica que mediática. Quienes trabajaron con él lo describían como un ingeniero enfocado en los detalles operativos y en la ejecución de proyectos de largo alcance.
El viaje familiar tenía previsto terminar el 4 de abril. Un día antes, el plan cambió de manera definitiva. Lo que empezó como una semana de descanso terminó en un operativo de rescate, una confirmación médica y un proceso de repatriación.
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