Opinión

Ridiculez o indignidad

Tras la dramática intervención pública del presidente el Congreso está demorado en someterlo a juicio por indignidad en el desempeño de las funciones presidenciales

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enero 29, 2026
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La ridiculez no es un delito penalizado. Pero cuando la comete un presidente se vuelve un boomerang político. Desde las épocas cuando Noé se embriagó, la humanidad ha tenido una consideración especial por los borrachos: no se les cree o se les perdona la cascada de bobadas que dicen . Por supuesto, si se hace una vez y no se vuelve a hacer otra, causantes y oyentes lo recordarán con el mismo cariño con que se guardan en la memoria las aventuras infantiles. Pero si repite con frecuencia el espectáculo, termina siendo menospreciado o sancionado socialmente con alguna de esas frases lapidarias para los borrachos . A situación igual ha obligado el presidente de la república luego de su dramática intervención pública, trasmitida por una y otra cadena de tv y repetida fragmentariamente por las redes que no perdonan ningún desliz de quien la embarra para estárselo refregando.

Como parece, por actuaciones anteriores, que el presidente de la nación entra con frecuencia en estado cataléptico propiciado por caldos o humos, el país parece haberlo condenado al trato que se le da al borracho cansón, grosero o atrevido. Pero como ha abusado de la  dignidad que el cargo obliga , pierde el respeto mínimo de sus gobernados y el país le exige  gobernar y administrar a Colombia dentro de unos límites donde se conserve la dignidad.

El país parece haberlo condenado al trato que se le da al borracho cansón, grosero o atrevido

Sin embargo el Congreso de la República pese a la evidencia de la grosería, está demorado en someterlo a juicio   por indignidad en el desempeño de las funciones presidenciales ( art.174-5 CN ). Si va a juicio, él podría explicar por qué dijo todo el sartal de barbaridades que resultaron humorísticas para su carcajeante ministro de Educación y de asombro vergonzoso para el alcalde de Bogotá, testigos de excepción en la ridícula intervención presidencial. Y solo allí, ante el Congreso en pleno y ante el país, podría excusarse de tan garrafal equivocación. Obviamente los costos los pagarán sus candidatos en este año electoral.

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