La Milagrosa: la casona en Bogotá donde Antonio Nariño soñó con la independencia de Colombia

En el corazón de Ciudad Montes sobrevive la hacienda donde el prócer fue preso, se recuperó de la tuberculosis y planeó la libertad del país

Por:
enero 17, 2026
La Milagrosa: la casona en Bogotá donde Antonio Nariño soñó con la independencia de Colombia

A veces Bogotá guarda su historia como quien esconde una carta vieja en el fondo de un cajón: no la rompe, no la bota, pero tampoco la saca a relucir. La hacienda La Milagrosa —también llamada Montes— es una de esas cartas. Está ahí, en medio del barrio Ciudad Montes, rodeada de edificios, parques y tráfico, como si hubiera aprendido a respirar despacio para no llamar la atención. Pero basta cruzar su portón para que el tiempo empiece a caminar de otra manera.

La historia de este lugar comienza mucho antes de que Puente Aranda tuviera nombre, cuando el río Fucha corría libre por un valle agrícola y la ciudad apenas era un proyecto en crecimiento. En el siglo XVIII, el español Manuel Montes y Lozada compró estos terrenos y los destinó a la agricultura. Aquí se sembró trigo, se sembró maíz y, sin saberlo, se sembró también una parte decisiva de la historia política del país. Montes y Lozada, comerciante de Santa Fe, tuvo cuatro hijas con Manuela Garnero —Juana Rosa, María Francisca, Bárbara y María Ignacia— y usó la hacienda como dote para una de ellas. Así, la tierra pasó de mano en mano como pasaban entonces las herencias: con más destino que escritura.

 - La Milagrosa: la casona en Bogotá donde Antonio Nariño soñó con la independencia de Colombia

El valle del Fucha, fértil y joven, era un espacio de trabajo, no de contemplación. Nadie imaginaba que esos mismos muros de tapia pisada y adobe terminarían siendo refugio de uno de los hombres más vigilados por la Corona española. Porque en 1791, Antonio Nariño —político, militar, lector voraz y traductor clandestino de los Derechos del Hombre— compró la hacienda y se mudó allí con su familia. No llegó buscando silencio: llegó buscando aire.

En lo que hoy es el barrio Ciudad Montes, Nariño organizó su vida cotidiana entre la actividad intelectual y la rutina doméstica. Desde esta casa, que entonces era campo abierto, pensó el país que todavía no existía. Y desde aquí también fue vigilado. Sus ideas, demasiado grandes para la obediencia colonial, lo llevaron a la cárcel. En 1794 fue capturado de nuevo en Santa Fe y encerrado en los calabozos del cuartel de caballería. Allí, en la humedad y el encierro, su cuerpo empezó a rendirse antes que sus convicciones: contrajo una tuberculosis tan grave que estuvo al borde de la muerte.

El virreinato, que no sabía muy bien qué hacer con un preso enfermo y famoso, tomó una decisión pragmática: sacarlo de la cárcel y permitirle cumplir condena en su propia casa. Así, entre 1803 y 1804, Antonio Nariño regresó a la hacienda La Milagrosa como preso político. Llegó acompañado de su esposa y sus hijos, más débil de cuerpo, pero no de espíritu. Fue atendido por José Celestino Mutis y José López, médicos que intentaron salvarlo mientras el país, sin saberlo, se preparaba para cambiar de dueño.

La casa fue entonces hospital, prisión y hogar. Sus patios vieron pasar la convalecencia lenta de un hombre que había desafiado al imperio con palabras impresas. La arquitectura, que hoy se conserva casi intacta, habla de esa época sin necesidad de discursos: un patio central con corredores perimetrales, dos patios interiores —uno de ingreso y otro que funcionó como solar—, la cocina ubicada en el patio, los muros gruesos hechos para resistir el paso del tiempo más que la moda. La vidriera republicana que rodea el patio central parece un detalle menor, pero es una pista: esta casa también aprendió a transformarse.

Tras la recuperación de Nariño y su regreso a la vida pública, la hacienda siguió su propio camino. En el siglo XIX tuvo varios dueños: los padres dominicos, Fernando Ricaurte, la familia Wills. Cada uno dejó huellas invisibles, como suelen hacerlo quienes habitan una casa sin saber que están viviendo dentro de un futuro museo. En 1965, Roberto Wills Piedrahita y sus hijos Silvia y Roberto Wills Pinzón fueron los últimos herederos directos. Ese mismo año, los terrenos fueron adquiridos por la Constructora Ospina, que dio forma al barrio Ciudad Montes y donó a Bogotá el espacio donde hoy se levanta el parque, conservando en su interior la antigua casona.

 - La Milagrosa: la casona en Bogotá donde Antonio Nariño soñó con la independencia de Colombia

La ciudad, por una vez, decidió no borrar del todo. En 1969, el entonces alcalde Virgilio Barco ordenó convertir la vivienda en el Museo Antonio Nariño. Y en 1975, mediante el Decreto 1584, la casa fue declarada Monumento Nacional. Desde entonces, ha sido restaurada varias veces, como quien cuida una herida que no quiere cerrar del todo. Una de esas restauraciones estuvo a cargo del arquitecto Álvaro Barrera y la arquitecta Martha Lucía Martínez, contratados por Cafam, que invirtió 250 millones de pesos como un gesto de gratitud urbana.

Hoy, la antigua hacienda La Milagrosa vive dentro del parque Ciudad Montes, administrado por el Instituto Distrital de Recreación y Deporte. En su interior se exhiben objetos de época, documentos, memorias prestadas, porque las pertenencias originales de Nariño reposan en la Casa Museo de Villa de Leyva. Aquí queda el lugar, que no es poco. Quedan los patios donde se escucha el eco de pasos antiguos. Quedan los muros que resistieron cárcel, enfermedad y olvido. Queda la sensación de que la historia no siempre necesita grandes monumentos: a veces basta una casa discreta, rodeada de árboles y niños jugando, para recordarnos que el país también se pensó desde una habitación con ventanas al campo.

Anuncios.

Anuncios.

0
Deiver Montes, el bogotano que no pudo jugar fútbol y terminó en el millonario negocio de representar jugadores

Deiver Montes, el bogotano que no pudo jugar fútbol y terminó en el millonario negocio de representar jugadores

Festival Centro 2026: un homenaje a Nicoyembe y a la riqueza sonora del país

Festival Centro 2026: un homenaje a Nicoyembe y a la riqueza sonora del país

Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus