Aunque creció entre vacas y artesanos, las coplas que le contaba su madre y las historias que le escuchaba a los campesinos de su vereda le inyectaron la magia necesaria para crear un nuevo género musical en un mundo en el que parece que ya se ha inventado todo. Cuando apenas tenía 19 años empacó maletas y se fue para Bogotá luego de que se enterara en el diario El Tiempo que había sido admitido en la Universidad Nacional.
Cuando llegó a la Nacional se había inscrito en la carrera de Derecho, pero, en cuanto atravesó la puerta de la Calle 26, se encontró con un edificio blanco rodeado de vacas, perros y hasta caballos, que necesitaban atención.
No necesitó consultarlo con nadie, Velosa tachó la palabra Derecho de su formulario de inscripción y puso Medicina Veterinaria. Entre risas cuenta que, si hubiera entrado por la puerta de la Calle 45, seguramente no hubiera estudiado Veterinaria, sino que sería abogado.
Su vida de estudiante transcurrió con normalidad hasta la mitad de la carrera, cuando se vinculó al Movimiento Estudiantil y empezó a dejar a un lado sus intereses académicos. En el joven Velosa empezaron a nacer nuevos intereses, más enfocados en la construcción de una posición crítica hacia los problemas sociopolíticos de la Universidad.
Allí, entre charlas de política, canelazos para reunir unos cuantos pesos para alguna obra social o simplemente por pasar el rato libre, Velosa empezó a desarrollar su profesión carranguera. Cuenta que desde esos tiempos las coplas que contaban ya cargaban un ritmo particularmente acogedor que aún no era conocido para ese momento.
Su aporte al Movimiento Estudiantil siempre fue desde las coplas y poemas que contaban lo que sucedía en la Nacional y en el país. Luego se graduó como médico Veterinario y se fue a ejercer su profesión en la laguna de Fúquene, en el valle de Ubaté. Pero no abandonó la música y se presentó en el concurso de guitarra de plata campesina con sus amigos de la Universidad, el grupo se llamó Los Rodríguez.
La presentación tuvo tal éxito y acogida de la gente que Velosa le propuso al director de radio Furatena que hicieran un programa de radio. El programa salía al aire todos los sábados, se llamaba ‘Canta el pueblo’ y fue un completo éxito. De ahí nacieron las grandes canciones de Jorge Velosa, como lo fue la cucharita o la pirinola. También pasaron de ser Los Rodríguez para ser los carrangueros de Ráquira, nombre con el que la agrupación le dio la vuelta al mundo, llegando a escenarios tan emblemáticos como el Madison Square Garden en el año 1981.

En el año 2005 grabaron la última producción, “Surungosungo”, momento a partir del cual Velosa se dedicó a ser escritor, publicando tres libros, El convite de los animales (2021), Abuelo de pájaro (2023) e Historiando mi cantar (2024). Después de veinte años de no haber grabado nada, el cantautor boyacense junto a su grupo grabó “El carrango y la carranga”, siendo esta la apertura a una nueva etapa para el grupo musical carranguero.
Lo cual indica que sí hay una producción musical nueva planificada o en desarrollo para 2026 —un álbum completo— en el que Velosa trabaja con esa agrupación renovada.
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