Mucho antes de que San Cristóbal quedara integrado a Bogotá, una casa quinta se levantaba junto a uno de los antiguos caminos de herradura que conectaban la sabana con los pueblos de Cundinamarca y la pedregosa ruta hacia los Llanos Orientales. La Eneida era entonces una propiedad rodeada de tierras de cultivo, potreros y paisajes que hoy cuesta imaginar en medio de la ciudad. Perteneció a Juan Sordo Girardot, empresario y banquero de origen español que participó en la fundación del Banco de Bogotá en 1870 y acumuló haciendas y propiedades en distintos puntos de la región.
Para su familia, aquella casa era un lugar de descanso, lejos del bullicio de la antigua Santafé. El tiempo transformó los campos en calles y barrios, y la antigua hacienda atravesó otros destinos: fue vivienda, escuela para varones y espacio para distintas actividades productivas. En las décadas de 1930 y 1940, el loteo de sus terrenos contribuyó al surgimiento del barrio La María, mientras la casa sobrevivió a la expansión urbana que borró buena parte de aquel paisaje rural.
Declarada bien de interés cultural en 2001, la quinta alberga desde 2014 el Museo del Vidrio de Bogotá. Sus muros de adobe, las tejas de barro y los elementos de su arquitectura republicana y colonial conservan la memoria de una ciudad que creció alrededor de caminos, haciendas y ríos. También le puede interesar: Cómo logró Galán recuperar el campo de golf del Parque La Florida para que se pueda jugar sin gastar mucha plata.

No sé sabe a ciencia cierta cuántos años tiene La Eneida
Está ubicada en la carrera 1A # 6C – 75 en el barrio La María. Es una antigua edificación de arquitectura de estilo republicano y colonial que, al parecer, fue construida en la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo 20, aunque algunos historiadores manifiestan que data de los años 1800. En aquella época, la casa quinta fue levantada de forma estratégica sobre el viejo e histórico Camino Real de San Cristóbal, que era de herradura y servía para conectar a Bogotá con las zonas aledañas y otras regiones.
Como la gran mayoría de las haciendas que existieron en la Antigua Santafé de Bogotá, la Eneida fue construida para descanso o zona de recreo. En sus primeros días, estaba bastante alejada del bullicio urbano y de la gente. Desde sus terrenos, se alcanzaba a divisar los paisajes del boquerón de los cerros, el antiguo lago de San Cristóbal y el imponente rio Fucha de la época. La edificación conserva aún muchos elementos de la época republicana y colonial como muros construidos con adobe de tierra arcillosa, techo con teja de barro, rejas de forjas con detalles ornamentales, bareque y madera. Los terrenos de la antigua Hacienda La Eneida estaban destinados a la agroindustria, pero también para el sustento de numerosas familias de la época.

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Papá, maíz, arveja y vacas lecheras
En los sectores agrícolas se cultivaban productos típicos del altiplano cundiboyacense: papa, maíz y granos, entre los que estaban los frijoles, las arvejas, la cebada y el trigo. También se producían legumbres, hortalizas y plantas aromáticas y había pastos para la ganadería lechera y el ganado equino. El territorio se extendía hasta las riberas del Fucha, con zonas altas y llanuras bañadas por el afluente. Por la parte oriental se encontraba el antiguo camino de herradura, de origen prehispánico y colonial, la única vía para llegar a Santafé de Bogotá.
Originalmente, la hacienda La Eneida fue propiedad del empresario, prestamista y banquero multimillonario de origen español Juan Sordo Girardot, sobrino del prócer de la Independencia colombiana Atanasio Girardot e hijo de un comerciante español que llevaba su mismo nombre, Juan Sordo. También era sobrino de Josefa Joaquina Girardot Díaz, hermana de Atanasio Girardot.
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Patriarca sordo: sobrino de Atanasio Girardot, banquero y hacendado
Sordo Girardot fue uno de los fundadores del hoy Banco de Bogotá, el 15 de noviembre de 1870, y el segundo gerente que tuvo el Banco de Colombia. Fue dueño de la hacienda San Rafael, ubicada en la localidad de Suba, en los terrenos donde hoy se encuentra el centro comercial. También tuvo propiedades en los municipios de Tenjo y Lenguazaque, en Cundinamarca. Pertenecía a los sectores más acaudalados de la sociedad bogotana de la época.
Sordo también fue propietario de la Quinta Santa Catalina, antigua casona ubicada en la calle 10 con carrera 8, Tuvo otra casona en la calle 12 con carrera 6, y otra de las mismas características en la calle 9 con carrera 8, muy cerca de la actual Casa de Nariño y de la iglesia de Santa Clara, con locales comerciales y una tienda. En Lenguazaque tuvo las haciendas Paicaguida y Altamira; La Tabla, en Tenjo, al igual que Hatico, en Ubaté.
Estuvo casado con Doña Bárbara Méndez Girardot, su prima de origen bogotano. Juan Sordo Girardot murió en el municipio de Villeta (Cundinamarca), el 14 de octubre de 1892 y su esposa falleció en marzo de 1910. El matrimonio tuvo 8 hijos Luis, Juan, Paulina, Emilia, Elisa, María, Jorge Sordo Méndez y otro fallecido. En Bogotá se le conocía a Don Juan como el Patriarca Sordo. Se cree que los restos de Don Juan Sordo Girardot reposan en el Cementerio Central de Bogotá en un mausoleo que pertenece a la familia Ancízar, junto al señor Enrique Sordo Ancízar. Después de 29 años de su muerte, en 1921, comenzó la repartición de sus bienes y quien más obtuvo herencia fue la mayor de las mujeres, Paulina Sordo Méndez, quien estaba al frente de los negocios de Don Juan. Era esposa de Don Antonio Samper Brush y heredó la Hacienda la Eneida y la séptima parte de la mitad de las propiedades de su padre. También heredó la fábrica Cementos Samper y la primera empresa de energía que tuvo Bogotá.

El 13 de marzo de 1925, la Eneida es vendida a Eduardo Garay. Según los registros históricos, todo apunta a que en los primeros años del siglo XX la familia Sordo, en cabeza de Paulina, y la Familia Samper en cabeza de su esposo Antonio, eran quienes movían el negocio de la construcción en Bogotá con la producción de materiales, venta de lotes, urbanización y la prestación de los servicios públicos básicos. En aquella época, la hacienda pasó a hacer parte de las propiedades de la Familia Sordo Samper.
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El Museo del Vidrio en La Eneida
A lo largo de su historia, ha tenido muchos propietarios. Ha sido vivienda, colegio y fábrica. En la década de 1920 funcionó como la escuela para varones y, según los registros históricos, hubo talleres agrícolas, fábrica de cerámicas y alfarería. Además de los Sordo y los Girardot, fueron dueños Eduardo Garay Ortiz, Alfonso Garay Campusano, Luisa Mejía de Cuellar, José Cuellar Corredor, Vicente Cuellar, Gabriel Mendoza Echavarría, Sociedad Mendoza, Fotoquímicas Gámez y Constructora La Equidad, entre otros.

En las décadas de 1930 y 1940, tras una parcelación de los terrenos de La Eneida, surgió el barrio La María, que se desarrolló sobre lo que hoy es la calle 11 sur, junto a otros barrios como Nariño Sur, Santa Ana, Buenos Aires, Vitelma y Las Brisas. En 2001, durante la primera administración del exalcalde Enrique Peñalosa, La Eneida fue declarada bien de interés cultural, bajo la categoría de conservación integral, mediante el Decreto 606, expedido el 26 de julio.
Desde 2014, la quinta es sede del Museo del Vidrio de Bogotá, con una sala denominada Eneida, dedicada a la reflexión sobre la historia, las características y la riqueza industrial del territorio que dio origen a las fábricas de vidrio de la ciudad. También puede leer: El helicóptero de la Operación Jaque que sacaron de Tolemaida para mover 5 ministros desde Bogotá a Facatativá.
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