El mar borraba los puntos de referencias uno por uno. Ya no veían Malpelo ni el barco que los había llevado hasta allí. Agua salada, frío, equipo de buceo y la incertidumbre entre la vida y la muerte era lo único que tenían a disposición en medio de las agitadas aguas del Pacífico colombiano.
Náufragos. En septiembre de 2016, una corriente separó a un grupo de buzos durante una inmersión cerca de La Catedral, en Malpelo. Dos de ellos, Hernán Rodríguez y Jorge Iván Morales, terminaron a la deriva durante casi tres días, mientras en puerto firme sus familias ahuyentaban los pensamientos de duda y ansiaban noticias de supervivencia.
La Armada, por su parte, desplegaba una búsqueda contrarreloj. Al estilo Hollywood.
Otros dos, Erika Vanessa Díaz y Carlos Jiménez, nunca fueron encontrados. Son parte de la memoria de supervivencia de sus dos compañeros que volvieron a pisar tierra con vida.
Casi una década después, aquella historia llega al cine. Pacífico, una película colombiana de drama y aventura dirigida, escrita y fotografiada por Riccardo Gabrielli R., se estrenó el 8 de octubre en salas del país.
Juan Pablo Raba encabeza el reparto junto a Carolina Guerra, Marlon Moreno, Tata Ariza, Sebastián Eslava, Elkin Díaz, Nicolás Montero y Luis Fernando Hoyos, entre otros.
Raba también aparece como productor ejecutivo de la película, una producción de Spike Cine y Movie Box. La cinta dura 95 minutos y fue rodada en formato digital 4K, con locaciones en Malpelo, Gorgona, la Base Naval ARC Málaga, la Escuela de Aviación Naval y Barranquilla.
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El actor que se sumergió en el Pacífico
Se decidieron por la inmersión, aunque pareciera una ironía. Actores y técnicos viajaron hasta uno de los lugares más lejanos del territorio colombiano. La remota Isla de Malpelo. Desde Buenaventura hasta allí, son alrededor de 500 kilómetros.
El desplazamiento por mar tomó cerca de 40 horas. La producción permaneció embarcada durante casi dos semanas y trabajó también en la vecina Gorgona.
Raba interpreta a Pablo y tuvo que enfrentarse a una dificultad que no estaba escrita en el guion: el mareo constante. El actor contó que no se siente atraído por el buceo y que la travesía en barco fue particularmente exigente para él.

Aun así, el elenco se preparó para las condiciones de la historia. Carolina Guerra, coprotagonista, explicó que realizó un curso de buceo avanzado en Taganga junto a especialistas familiarizados con las corrientes de Malpelo.
La película fue grabada en condiciones que buscaban acercarse al mundo de los personajes. Durante 12 días, estuvieron rodeados de tiburones, sin señal y prácticamente incomunicados. Casi como los náufragos de la historia.
El material submarino superó las 200 horas e incluyó imágenes de tiburones, rayas y otras especies. Las condiciones del mar, las corrientes, la luz y el clima obligaron a modificar constantemente el plan de rodaje.
Oscuridad. Algunas escenas nocturnas, por seguridad, fueron filmadas en un lugar que les parecería insólito a los náufragos de la historia: una piscina de aguas calmas y sin otra vida que la de los actores.
La música original fue compuesta por Alejandro Ramírez-Rojas y grabada con 36 músicos de la Filarmónica Checa. La edición estuvo a cargo de Gabrielli y Harby Rincón Pineda.
La película recibió, además, un estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico en la convocatoria de 2025, destinado a la postproducción de largometraje. Su distribución nacional está a cargo de Cine Colombia.
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Tres días mirando agua: la historia de un naufragio de dos muertos y dos sobrevivientes
La historia que inspiró la película comenzó el 31 de agosto de 2016.
Un grupo de buzos realizaba una expedición que había partido desde Buenaventura a bordo del María Patricia. Después de varios días de inmersiones, llegó la última. Cerca de La Catedral, una fuerte corriente los separó cuando se disponían a regresar.
Eran buzos experimentados, pero en Malpelo y en la vida real las corrientes pueden cambiar las condiciones en cuestión de minutos. Sin previo aviso.

Jorge Morales contó años después que el grupo se dividió. Aires de tragedia. Peter Morse quedó separado, mientras Erika Díaz y Carlos Jiménez tomaron otra dirección y Hernán Rodríguez permaneció junto a Morales. Los dos intentaron nadar buscando acercarse nuevamente a Malpelo, pero cada brazada parecía alejarlos más.
El islote había desaparecido del horizonte y solo quedaban agua y cielo. Y el aliento de la vida pulsando para permanecer dentro de sus cuerpos.
Durante horas se mantuvieron juntos. El frío comenzó a apoderarse del cuerpo y las fuerzas disminuyeron. Se amarraron con cuerdas como en una promesa matrimonial. Morales relató que nadaban de espaldas para no perder los tanques de aire y que en medio de la angustia Hernán intentaba hacer bromas.

Era una forma de resistir cuando la posibilidad de volver a tierra parecía desaparecer. La risa fue alimento en medio del naufragio.
Malpelo está lejos de Buenaventura. En aquellas aguas, estar perdido significaba que podían pasar horas antes de que alguien se acercara a buscarlos. La Armada desplegó aeronaves y embarcaciones. Un avión comenzó a sobrevolar la zona y, finalmente, los localizó.
Milagro. El 2 de septiembre, después de casi tres días a la deriva, Hernán Rodríguez y Jorge Iván Morales fueron encontrados a 39 millas náuticas de Malpelo, unos 72 kilómetros de la isla. Una aeronave les lanzó una balsa y posteriormente llegaron los rescatistas. Los hombres estaban agotados, con los pies inflamados y afectados por la exposición prolongada al agua.
El rescate, sin embargo, no cerró la historia. Hubo milagro y hubo desgracia. Peter Morse había sido encontrado previamente, pero Erika Vanessa Díaz y Carlos Jiménez continuaban desaparecidos.
La historia de los sobrevivientes quedó marcada también por la ausencia de quienes nunca regresaron y el dolor de sus familiares. Desaparecidos.
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Pacífico: Una historia real llevada al cine
Ese episodio es el corazón de Pacífico. Gabrielli habló con Hernán Rodríguez durante la preparación de la película y llevó parte de sus experiencias a una historia de ficción que no busca reconstruir cada minuto de aquel septiembre de 2016, sino trasladar al espectador la sensación de estar perdido en un océano sin tierra a la vista.
Inmersión. Por eso el mar no es apenas escenario. Es también protagonista de sal y agua. El mismo aislamiento que enfrentaron aquellos buzos fue buscado por el equipo de producción: 40 horas de navegación para llegar a Malpelo, días sin comunicación, inmersiones, tiburones y un rodaje condicionado por las corrientes.
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