A las 3:00 a.m. de este jueves casi todos dormían en una de las comunas de Cali cuando un grupo de policías y de soldados fuertemente armados rompió la calma. Buscaban a un hombre con orden de captura vigente. Entre los uniformados, con radio en mano, chaleco antibalas y una pistola de 9 milímetros colgada al cinto, entró también el presidente Abelardo de la Espriella.
El mandatario ingresó en la zona como un militar más del operativo. Minutos después el hombre al que buscaban quedó esposado. Si es posible precisar el nombre.
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De ese modo arrancó la operación Iron, con la que el presidente ha decidido enfrentar la crisis de seguridad de la capital del Valle.

Cali llegó este año a un lugar que ninguna ciudad quiere ocupar: el top 10 de las menos seguras del mundo.
Comparte esa lista con tres ciudades brasileñas, entre ellas Río de Janeiro; con tres sudafricanas, entre ellas Johannesburgo; con Guayaquil, en Ecuador y con Caracas en Venezuela, que encabeza el listado.
Detrás del dato hay años de homicidios sostenidos y extorsión que en varios sectores ya funciona casi como un impuesto informal. Además, aparecen las organizaciones criminales peleándose corredores del narcotráfico entre el Pacífico, el suroccidente y el interior del país.
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Las autoridades locales reaccionaron primero. El alcalde Alejandro Eder y la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, llevan meses repitiendo que Cali necesita algo más que policías de barrio.
Por su parte, De la Espriella llegó a la presidencia con una promesa que no matizó en campaña: recuperar la seguridad usando las armas, la fuerza y con la policía y el ejército operando sobre el terreno. En Cali, demostró que esa promesa se mide con su presencia física, no solo con discursos.
Patrullando en Santa Marta con pistola al cinto
Antes de Cali fue Santa Marta. Allí, el gobierno cazó pelea contra los Conquistadores de la Sierra, un grupo narcoparamilitar, antes conocido como Los Pachenca, que disputa el control de la Sierra Nevada y del corredor caribeño.
Superada la crisis en ese frente, que incluso llevó a un paro armado ya levantado, la atención se trasladó ahora a Cali, la capital del Valle del Cauca.
Ahí empezó De la Espriella a meterse personalmente en los operativos de los barrios y comunas más peligrosas, repitiendo la fórmula que ya había probado en la costa: fuerza operativa.
Un militar y un policía al mando de la operación para recuperar la ciudad
El despliegue en Cali se llama Operación Iron y tiene dos hombres al mando: uno militar y otro policia, ambos encargados de convertir la orden presidencial en resultados en la calle.
El primero de ellos es el brigadier general Gabriel Majé, comandante de la Tercera Brigada del Ejército. Nació en Neiva, en Huila.

Suma más de tres décadas de trayectoria ininterrumpida en el Ejército y asumió el mando de la Tercera Brigada, una unidad plenamente operativa con sede en Cali, el 4 de julio de 2026. Desde entonces está al frente de las operaciones de seguridad militar en el Valle del Cauca y en sectores estratégicos del norte del Cauca.
Majé Gómez llegó a la Tercera Brigada después de comandar el Comando contra el Narcotráfico y Amenazas Transnacionales, la Fuerza de Tarea Conjunta Quirón, la Décima Octava Brigada en Arauca y el Batallón de Artillería No. 8.
Además, sirvió como agregado militar en la misión de Colombia ante la ONU durante el gobierno de Gustavo Petro, paso por la diplomacia que lo alejó del combate directo antes de devolverlo a una de las regiones más exigentes del país.
Majé Gómez hoy dirige las operaciones contra las disidencias de las FARC agrupadas en los frentes Jaime Martínez, Adán Izquierdo y Frente 57, contra el ELN y contra el Clan del Golfo, todos con presencia en las cordilleras Central y Occidental.
Entre sus tareas más urgentes está consolidar el batallón de alta montaña en Jamundí y cerrar las rutas de narcotráfico y extorsión de la región.

El segundo tropero del operativo es el brigadier general Herbert Benavidez, quien está al frente de la Policía Metropolitana de Santiago de Cali desde marzo de 2026.
Entró a la Escuela de Cadetes en 1998 y llegó a general en 2024. Sus dos décadas de carrera policial arrancaron en buena parte en la lucha antinarcóticos, primero como investigador del Grupo de Control de Precursores Químicos, después como jefe del área de investigaciones y operaciones antinarcóticos, cargo desde el que también formó a policías de más de diez países en esa lucha.
Cambió de frente cuando lo nombraron comandante operativo de seguridad ciudadana en el norte y el sur de Bogotá, subcomandante de la Metropolitana de la capital, comandante de las metropolitanas de Pasto y de Barranquilla.
Esa costumbre de mandar en ciudades con problemas distintos es la que ahora usa en Cali, donde ya ha coordinado desarticulaciones de bandas de hurto y capturas de responsables de delitos que afectan a la capital del Valle del Cauca.
Hoy apunta contra el homicidio, la extorsión y el tráfico local de drogas. Su estrategia es que la policía dependa menos de salir a reaccionar y más de inteligencia y vigilancia comunitaria.Majé Gómez y Benavidez Valderrama no solo comparten rango de generales y haber llegado a Cali casi al mismo tiempo, entre marzo y julio de este año. Cada uno trae una guerra distinta. Por un lado, la militar, contra estructuras armadas en zona rural y de cordillera. Por el otro, la policial contra el crimen que golpea diariamente a los caleños en sus barrios.
La Operación Iron, que instaló y abrió presencialmente el presidente, necesita que esas dos guerras se crucen en el mismo mapa. Y esa exigencia de choque que planteó Abelardo de la Espriella se está probando ahora mismo, en las próximas semanas, con un presidente que prefiere estar metido en el operativo antes que firmando, de saco y corbata, el decreto que lo autoriza.
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