Con tanquetas y fusiles, el gobierno de Belisario Betancur reprimió una protesta por el asesinato de Jesús León, el resultado fueron muertos y la universidad cerrada

 - Así fue la masacre del 16 de mayo de 1984 en la Nacional, el día que la Policía entró a sembrar terror

Yesid Bazurto salió a correr cuando vio que la primera moto con dos policías entró por la puerta de la calle 26. Tenía 20 años. Llevaba un par de meses en la Nacional estudiando zootecnia. Estaba esperando a su hermana Pilar, quien era estudiante de odontología. 

Minutos antes de que el joven llegara al lugar, había estallado una bomba de alto impacto que desató la ofensiva de los policías. Los uniformados, sin mediar palabra, entraron disparando a la universidad.

En medio de su huida, Yesid volteó a mirar a la moto que lo perseguía. En ese momento una bala le atravesó el mentón. No paró de correr en dirección a las residencias femeninas. Allí, seguramente estaba Pilar.

Antes de llegar al edificio le flaquearon las piernas y quedó tendido en el piso. Uno de los uniformados se bajó de la motocicleta, se paró encima del pecho del joven y le disparó en el pómulo derecho. Bazurto no estaba muerto, pero se hizo el muerto para que no lo terminaran de matar. 

En su camiseta verde, las manchas de sangre se mezclaron con la marca de las pesadas botas militares.

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Días de insurgencia y contrainsurgencia en territorio académico

Eran tiempos turbulentos. Las guerrillas del M-19, el ELN y las Farc tenían una fuerte presencia dentro de la Nacional. Los diálogos de paz de Belisario Betancur con los grupos al margen de la ley habían fracasado.

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Además de eso, el 14 de mayo de 1984, dos días antes de que la Policía entrara a la Nacional, habían matado a Jesús "Chucho" León en Cali, un estudiante de odontología que se había vuelto un influyente líder dentro de la universidad.

Algunos dicen que militó para el M-19, pero eso nunca se pudo comprobar. Su asesinato conmocionó al fervoroso movimiento estudiantil de la época. 

 - Así fue la masacre del 16 de mayo de 1984 en la Nacional, el día que la Policía entró a sembrar terror
Mural en homenaje a Jesús León en la Nacional. El joven era oriundo de Pasto, Nariño.

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Como pudo, Pilar se escondió en la Facultad de Odontología junto a otros estudiantes asustados. Desde la ventana alargada del baño vio como una de las tanquetas de la Policía con hombres colgados a cada lado derribó la reja de ingreso. Su atención se detuvo en un joven de camiseta verde que era perseguido por una moto con dos policías que le disparaban y fallaban como si estuvieran jugando tiro al blanco.

Aquel joven cayó, aparentemente herido, frente al edificio de Odontología. Pilar vio cómo los uniformados lo cogieron, le dieron con una cacha, le pegaron en la mano y después le dispararon en la cabeza. En un momento, un grito estremeció la facultad de odontología:

¡Mi hermano!, ¡mi hermano!

Lo que ocurrió dentro de la Nacional era un reflejo del complejo contexto social que atravesó el país en los 80. El 14 de marzo de 1984, el M-19 se tomó Florencia y un mes y medio después el Cartel de Medellín asesinó a Rodrigo Lara. 

En la Nacional se registraron 6 asesinatos y múltiples desapariciones, dentro de la gestión de 21 meses del entonces rector, Fernando Sánchez Torres. 

Un vivo haciéndose el muerto entre los muertos

Yesid sintió que lo alzaron entre dos policías y lo tiraron donde estaban sobre un grupo de estudiantes. Todos estaban muertos. No pudo contener un quejido en el momento en que cayó al suelo. Los uniformados se dieron cuenta de que estaba vivo, se devolvieron y lo golpearon con los bolillos. Solo se detuvieron cuando sus quejas cesaron.

Bazurto volvió a hacerse el muerto, aferrado a la vida por la esperanza de terminar su carrera y sacar adelante a su papá, a su mamá y a sus hermanos menores, quienes vivían en Neiva, su ciudad natal.

Media hora después, Pilar pudo salir del edificio. En su mente solo rondaba la idea de que tenía que buscar a su hermano muerto, pero no sabía a dónde ir. Se encontró con Elizabeth, una de sus amigas, quien la acompañó a buscar por las clínicas de la ciudad.

Luego de ir a tres centros médicos, llegaron hasta la Hortúa, pero nadie les dio razón de Yesid. La ansiedad se mezcló con el cansancio y la frustración.

A las 6 de la tarde recibió una llamada de su tía: Yesid estaba en una clínica en la 33 con Caracas. Allí se volvieron a encontrar los hermanos.

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Yesid bazurto herido en una clínica de Bogotá.

El joven le contó a su hermana que una hora después de que lo tiraron entre los estudiantes muertos se levantó. Había un charco de sangre a su alrededor, casi se desvanece apenas se puso de pie, pero sacó fuerzas para caminar. En el anillo vial vio que venía un Renault 4 naranja y se le tiró encima. 

El carro paró y lo recogieron dos estudiantes de arquitectura. Lo llevaron hasta la clínica, pero no lo querían atender, a pesar de que se estaba desangrando. En ese momento, llegó el dueño del lugar, vio la cédula de aquel muchacho con dos tiros en la cara y se dio cuenta que era un paisano de Neiva. Entonces, ordenó que lo atendieran sin cobrarle un peso. 

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Del lado de la fuerza pública hubo heridos sin gravedad

El resultado final de la toma fueron 22 policías heridos. La mayor parte de estos fueron afectados por un miple lanzado desde el interior de la Universidad. A Yesid fueron a buscarlo en la madrugada a su habitación, pero el equipo médico no dejó que los policías lo sacaran. Era un testigo vivo, alguien demasiado peligroso para lo que acababa de hacer la Fuerza Pública dentro de la Nacional.

Un total de 81 personas fueron detenidas por agentes de la Policía y sometidas a golpizas y tratos crueles. 

De ellas, 11 fueron liberadas al día siguiente, 68 permanecieron retenidas en la Cárcel Distrital hasta recuperar la libertad entre el 28 y el 30 de mayo. Dos fueron llevadas a juicio por porte ilegal de armas, una de ellas con una acusación falsa.

Las agresiones incluyeron golpes con puños, patadas, cadenas, bolillos, culatas y manoplas, además de quemaduras con cigarrillos y rociadas con agua durante la madrugada.

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Uno de los pasillos del edificio de Medicina con charcos de sangre de algún estudiante herido.

En la Sexta Estación de Policía también se documentaron casos de violencia sexual y de género: mujeres amenazadas con violación, estudiantes obligados a masturbarse frente a sus compañeras y una estudiante que fue obligada a desnudarse y pasar la noche sentada sobre un bloque de hielo.

Cuarenta y dos años después, no se sabe la cantidad exacta de estudiantes asesinados por la Policía. Al día siguiente, el rector Fernando Sánchez llegó de un viaje en el exterior con su renuncia en la mano. A raíz de los hechos ocurridos, el Consejo Superior Universitario ordenó el cierre indefinido de la institución, el cual se extendió hasta abril de 1985, el cierre más largo en la historia de la Nacional. 

Los responsables directos de estos hechos no se han identificado. Sin embargo, los que se presume que debieron haber dado la orden son el exministro de Defensa, el general Miguel Vega Uribe; el director de la Policía Nacional, el general Víctor Alberto Delgado Mallarino y el comandante de la Policía de Bogotá, el general José Luis Vargas Villegas.

Según contó el mismo rector Sánchez Torres, meses antes había un plan que le habrían presentado altos mandos militares para intervenir en la Universidad. 

Ahora, en la plaza Che representantes del partido Salvación Nacional se paran a convencer a las nuevas generaciones de estudiantes de lo que ellos llaman la importancia de que la Policía ingrese a tomar el control en las universidades públicas. 

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