Definitivamente, el problema del agua del Distrito de Santa Marta es multimodal. Tenemos agua en diferentes fuentes. Por ejemplo, contamos con un acuífero con una capacidad de 170 millones de metros cúbicos, dividido en dos subacuíferos: el del Manzanares, que corresponde a las tres cuartas partes y tiene capacidad para proveer 660 litros por segundo; y el de Gaira, que representa la cuarta parte restante y puede proveer entre 135 y 165 litros por segundo.
En la actualidad, la Universidad del Magdalena está monitoreando la explotación, la gestión y la regeneración integral del acuífero. Además, se está realizando un inventario de pozos para su explotación.
El acuífero aporta el 40 % del abastecimiento del recurso hídrico del Distrito.
La Universidad del Magdalena también está cumpliendo la labor de interventoría del Plan Maestro del Agua de Santa Marta.
Hay un resultado incontrovertible: el acuífero está siendo sobreexplotado debido al uso incontrolado de los pozos legales e ilegales de la ciudad. Por lo tanto, un paso urgente es inventariar los pozos actuales e implementar un sistema de recarga artificial, ya sea encauzando las escorrentías de las aguas lluvias o protegiendo las zonas de infiltración natural para optimizar su aprovechamiento. Esto evitaría que continúe sucediendo lo que vemos actualmente: grandes cantidades de agua superficial que pasan por las quebradas, los arroyos y las calles hasta llegar al mar.
La demanda estimada de Santa Marta para abastecer a su población es de 2.500 litros por segundo. Nuestros ríos, que bajan de la Sierra Nevada de Santa Marta, aportan entre 1.200 y 1.500 litros por segundo, repartidos entre los ríos Piedras, Manzanares y Gaira. Estos son ríos torrenciales, es decir, su caudal varía dependiendo de las estaciones del año.
La PTAP El Curval, con una inversión de $890.000, será un complemento que incrementará la oferta de agua para los samarios en 800 litros por segundo. Este proyecto no resuelve definitivamente el problema del abastecimiento de agua potable de Santa Marta, pero es, quizás, una de las obras más importantes de las últimas décadas para mitigar este padecimiento sufrido por la comunidad.
La planta de El Curval solo será efectiva si cuenta con una fuente suficiente y permanente que se ajuste a su capacidad instalada. Se han planteado dos fuentes de abastecimiento. Una de ellas corresponde a los ríos de la zona norte: Buritaca y Guachaca. Sin embargo, esta solución nos genera varias inquietudes. Por ejemplo: ¿dónde y cómo se construirán las bocatomas en estos ríos para no afectar su caudal ecológico? ¿Cuál será el trazado para la conducción?
Se pretendía que la conducción fuera paralela a la vía, lo cual, desde el punto de vista de la ingeniería vial, sería complicado. Adicionalmente, la gestión predial que requeriría este proyecto lo haría aún más complejo.
Otro asunto que debe evaluarse es que la topografía del trazado obliga a generar energía adicional para impulsar el agua por la pendiente de Cuesta Rodríguez. Esto requeriría dos subestaciones en el trayecto. ¿Cuánto impactaría en la facturación de los hogares samarios esta infraestructura adicional que la empresa Air-e no tiene disponible actualmente?
Otra opción que se plantea es el río Piedras, pero este no tiene el caudal suficiente para proveer la cantidad de agua que requiere esta planta.
No podemos olvidar que, además de los diferentes licenciamientos que requiere el proyecto, también deberán surtirse las consultas previas con las comunidades y resolverse el suministro de agua para las poblaciones por donde pasará la conducción.
Por otro lado, existe otra alternativa complementaria relacionada con los ríos del sur: construir una planta en el río Toribio que capte los caudales de los ríos Córdoba y Toribio para apoyar el suministro de agua durante las temporadas de turismo, cuando se genera una alta demanda, o durante las temporadas de estiaje severo.
En conclusión, hay agua, pero se requiere gestionarla y gerenciarla para optimizar su distribución. Se necesita la modernización y el mejoramiento de la planta de Mamatoco; la construcción y puesta en funcionamiento de la planta de El Curval; el mantenimiento y fortalecimiento de la planta de El Roble; la construcción y operación de una nueva planta en el río Toribio; el censo, monitoreo y regulación de los pozos del Distrito; y la regeneración y recarga del acuífero mediante sistemas que encaucen las escorrentías.
Si no se hace esto, continuará el deterioro progresivo del acuífero por la pérdida de la calidad del agua y la salinización de una de las principales fuentes de abastecimiento de agua del Distrito.
Ahora bien, si la consecuencia de la sobreexplotación del acuífero es la salinización y este reservorio tiene capacidad suficiente, en lugar de montar dos plantas desalinizadoras —que presentan inconvenientes ambientales relacionados con el manejo de residuos y la afectación del entorno, pueden impactar el ambiente marino y requieren evaluar que el punto de captación del agua de mar no tenga otros elementos contaminantes—, ¿no sería más fácil construir una planta que desalinice el agua que extraigamos del acuífero?
Con las recargas de aguas lluvias y escorrentías subterráneas podríamos recuperarlo. Si esto se suma al suministro proveniente de las plantas de Mamatoco, El Curval, El Roble y Toribio, y nos apoyamos en el uso de los tanques elevados del cerro de las Tres Cruces, San Jorge y Gaira, mejoraríamos la eficiencia en la distribución del agua y minimizaríamos el uso de carrotanques para el abastecimiento.
A largo plazo, podríamos evaluar la posibilidad de traer agua de otros acuíferos, como lo manifesté en un escrito anterior, o traerla desde el río Magdalena, que siempre estará disponible, como parte de una solución integral para los municipios de Sitionuevo, Puebloviejo, Ciénaga y Santa Marta.
Tenemos agua. Gestionemos y gerenciemos su uso.
¡OCUPÉMONOS!
También me preocupa
Si logramos aumentar la oferta de agua para el abastecimiento de los samarios, habrá, en consecuencia, un incremento de las aguas residuales y grises. Este fenómeno tiene su origen en varias razones: no contamos con un catastro actualizado de las redes de alcantarillado y estas presentan obsolescencia por su antigüedad e insuficiencia, ya que fueron construidas para una población que no superaba los 100.000 habitantes.
Actualmente, estas redes atienden a una población fija de más de 500.000 habitantes y a una población flotante que, durante las temporadas altas, supera las 150.000 personas. Esto nos lleva a tener picos de más de 600.000 habitantes.
Por otro lado, el caos generado por la construcción sin control y la falta de planeación, al autorizar proyectos sin disponibilidad de servicios, ha permitido que el alcantarillado exceda su capacidad para transportar las aguas grises y servidas, lo que origina desbordamientos del sistema.
A esto se suma que no contamos con alcantarillado pluvial, por lo que estas aguas se mezclan y terminan en nuestras bahías, generando contaminación biológica y química que nos está afectando.
El emisario submarino también se quedó insuficiente y obsoleto. Es necesario evaluar su estado y decidir si debemos contar con otro emisario que atienda la zona sur. Así como se intervino la EBAR Norte, lo que ha mitigado la problemática en una zona de la ciudad, es urgente implementar una PTAR que trate las aguas de desecho antes de ser vertidas al mar.
También debemos proteger las cuencas y erradicar los vertimientos que realizan viviendas y barrios en nuestros ríos. Estos residuos, sumados a la falta de cultura ciudadana y a las basuras que son arrojadas a los cauces, terminan su recorrido contaminante en el mar.
Tenemos ejemplos de empresarios del sector hotelero que ya están realizando esta labor: tratan sus aguas servidas y posteriormente las utilizan para regar sus zonas verdes o las infiltran en el subsuelo. Es necesario favorecer estas iniciativas, no perseguir a quienes las desarrollan ni pretender cobrarles estas aguas tratadas en la factura del alcantarillado.
Es inaceptable que se siga construyendo sin control y sin planeación.
¡OCUPÉMONOS!
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