Esto propongo sobre los delitos que más nos afectan a diario

 - Delitos menores, un problema mayor

Al tiempo que combatimos el narcotráfico, el abigeato, la minería ilegal, el contrabando de gasolina y las otras formas de delincuencia organizada, con el mismo empeño, dedicación y fuerza, precisamos aunar esfuerzos y prioridades para acabar con los delitos que nos torturan a todos en el día a día.

Debemos querer y admirar nuestras fuerzas armadas. Colombia cuenta con un muy buen código de policía y un decálogo de los mal llamados delitos menores. Ahora, necesitamos, que se conozca y que, por cultura o por miedo no se violen sus disposiciones.

Así, bajo un direccionamiento central claro, con el apoyo ciudadano y el compromiso de las autoridades departamentales y locales, debemos fomentar el cumplimiento del código, para mejorar la armonía social y calidad de vida de los colombianos. Esa seguridad ciudadana, a no dudarlo, implica una estrategia multidimensional que, liderada por el Ministro de Defensa y la policía, arrastre a todas las instituciones.

Resolver los inconvenientes de carácter vecinal o familiar en la mayoría de los casos no requiere de un procedimiento judicial, y pueden resolverse mediante el diálogo y la conciliación de puntos de encuentro. Para eso, con la Policía, el Ministerio de Justicia y la escuela Lara Bonilla deben apoyarse y multiplicarse los Centros de Conciliación y Convivencia, fortaleciendo su funcionamiento, y garantizando el acceso a los mismos para todos. En esa certeza que, si las pequeñas causas son resueltas, se reducen de manera sensible los delitos, debe también aprovecharse los Consultorios Jurídicos para compartir esta función a las instituciones universitarias.

Es preciso que la Policía asegure su presencia en todo el territorio nacional, garantizando así el derecho de todos los colombianos a una vida segura.

La educación es la base fundamental de la conducta y la convivencia. Con esa claridad, necesitamos instaurar una cátedra voluntaria en cultura ciudadana y convivencia, que se articule entre las instituciones educativas, colegios, universidades, SENA y la Policía Nacional, donde se promueva el conocimiento del Código de Policía.

Es necesario el compromiso ciudadano. Las recompensas son buenas, pero no suficientes. En ese ámbito se debe apoyar nuevas y creativas fórmulas de aviso y delaciones, con un proceso de gestión oportuna de la información, que permita prevenir y neutralizar los comportamientos delincuenciales y criminales.

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Ya se han demostrado las virtudes del esquema. Ahora, como una prioridad nacional, debemos realizar una revisión para el fortalecimiento del Programa Plan Nacional de Vigilancia por Cuadrantes. Revisando la actuación de la Policía en las calles con el propósito de determinar debilidades y corregirlas. Este fortalecimiento institucional debe también diagnosticar el incremento del soporte logístico, a partir de la adquisición de drones, equipos y vehículos, y cómo fortalecer el desarrollo tecnológico y las herramientas de prevención y vigilancia.

La luz espanta los raponeros. Ahora que el gran foco nacional está en que no haya apagón, buen momento para que el sector ayude a proponer mecanismos de cofinanciación con los municipios y el Distrito Capital para mejorar el alumbrado público y profundizar la instalación de cámaras en los puntos críticos para la seguridad ciudadana.

No basta con apresar jíbaros y raponeros. Se debe perseguir todos los componentes de la cadena del delito nacional y transnacional con estrategias para afectar a toda la cadena que intervenga en el aprovechamiento ilegal del bien hurtado: Quienes hurtan, los que comercializan, facilitan el ocultamiento del bien, y a quienes intervienen en el blanqueamiento de los capitales criminales. Para eso, se necesita cooperación entre organismos y acuerdos entre nuestra Policía, los organismos de inteligencia contra el crimen organizado, la Central de Información Financiera y otras instancias con capacidad de perseguir las organizaciones criminales que llegan o se van a otros países.

Admiro y quiero a los policías. Y tengo entre ellos varias de las personas que más respeto y aprecio. Los policías son los depositarios de la confianza de todos los colombianos. Son en quienes depositamos el uso de las armas para nuestra protección. Sé de la importancia de seleccionar rigurosamente ese Talento Humano. En esa faceta hay que hacer todo lo necesario, con participación del Departamento Administrativo de la Función Pública.

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Por Emilio José Archila

Abogado de la Universidad Externado de Colombia. Especialista en legislación financiera de la Universidad de los Andes. Magíster en jurisprudencia comparada (M.C.L.) de New York University (N.Y.U.), School of Law. Derecho para el Desarrollo (D.L.C.), International Development Law Institute, Roma. Se ha desempeñado como director de la oficina jurídica del Ministerio de (hoy) Industria, Comercio y Turismo; Delegado para seguros de la Superintendencia (hoy) Financiera de Colombia; Delegado para la promoción de la competencia y Superintendente de Industria y Comercio; Director del departamento de derecho económico de la Universidad Externado de Colombia y Consejero presidencial para la Estabilización y la Consolidación. Actualmente es Árbitro de la Cámara de Comercio, Docente y Socio de Archila Abogados.