No es euforia, es el camino correcto. El Presidente ha marcado una ruptura determinante frente al desgobierno de su antecesor

 - El camino es el correcto

No es euforia, es el camino correcto. Coincido con quienes sostienen que, en menos de un mes, el presidente Abelardo de la Espriella ha marcado una ruptura determinante frente al desgobierno de los últimos cuatro años. Primero, claridad en la directriz. No ha habido mensajes contradictorios y menos lunáticos. Las líneas de transparencia, carácter contra el crimen y gobierno desde los territorios se cumplen con determinación.

Segundo, cohesión institucional. El presidente, su gabinete y la cúpula de la Fuerza Pública, están recuperando la alineación gubernamental y el liderazgo internacional,, con orden y método, y de la mano de los mandatarios regionales. Dando señales de liderazgo y compromiso con la misión constitucional. 

Tercero, coherencia en la acción. El esfuerzo del gobierno es ejemplar: foco, compromiso, dignidad, optimismo y presencia territorial. No hay espacio para discusiones cosméticas que desvíen la esencia del mandato. El presidente está concentrado, asistiendo a las víctimas del terremoto y liderando la seguridad y defensa nacional. Mientras el Vicepresidente, inteligentemente ordena la casa y destierra la hidra del mal, enquistada en el ADN de la Institucionalidad.

El gobierno se la juega por el país, por salvar la patria, por sacarnos del atolladero en el que nos encontrábamos y por someter a criminales y violentos. Como Jesús en Cafarnaúm, en misión permanente, o en palabras del propio De la Espriella, prestando su servicio militar al lado de soldados y policías de la patria. ¿Quién no apoya este compromiso? ¿Existe comparación con el mal ejemplo de su antecesor? Millones de creyentes católicos y cristianos, oran sin descanso, invocando a Dios para que ilumine y proteja a nuestro mandatario y a la nación. Mientras en los cuarteles, la mentalidad cambió, las garantías están presentes y la esperanza regresó.

Y lo que se esperaba, el incompetente gabinete alternativo creado por el Pacto Histórico en la oposición busca, perversa e irónicamente, no solo incendiar el país en sincronía con los violentos, sino, en palabras del exministro Antonio Sanguino, ser reconocido a través de una ley, para devengar honorarios del erario público y hacer lo que no pudieron durante su fallido y corrupto gobierno. ¡Increíble!

En menos de un mes, se han tomado decisiones impetuosas, pero necesarias y con alta precisión. Pasamos de la complacencia criminal, a la ofensiva frontal. El traslado de cabecillas peligrosos, sacándolos de sus zonas de confort hacia  centros de reclusión en buques en altamar para romper su ecosistema criminal; operaciones sostenidas con bombardeos contra las guaridas de las disidencias y sus zonas fuente de las economías criminales; la contención de la migración con fines delictivos; la definición clara de que no habrá diálogo con grupos al margen de la ley, catalogándolos como grupos terroristas y advirtiendo investigaciones contra quienes dialoguen con ellos; algunas bajas estratégicas y la captura y extradición de cabecillas que fueron intocables en el gobierno del pacto, entre ellos el narcotraficante dueño de la franquicia Comandos de Frontera, alias Araña.

Insisto, no es euforia, es el camino correcto, Colombia respira de nuevo, pero no podemos quedarnos en anuncios, imágenes, reuniones con autoridades estadounidenses o en una coyuntura de resultados efectistas, muy esenciales en el momento, pero desgastantes e insuficientes a mediano plazo. Aqui está el quid del asunto. 

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Definir, divulgar y colocar en marcha la nueva Política de Seguridad y Defensa Nacional de la Patria Milagro, que quedará incorporada en el Plan Nacional de Desarrollo 2026-2030, es urgente. La hoja de ruta está planteada y los desafíos son enormes, particularmente en la destinación de los escasos recursos disponibles. El déficit fiscal es histórico en 125 años y podría ascender a 9.4%, no hay dinero para la recuperación institucional del territorio, para sustituir las economías criminales, y para recuperar la seguridad urbana; tampoco para la reactivación de las fumigaciones de los cultivos ilícitos.  

Conjurar la emergencia nacional para atender las víctimas del terremoto y reconquistar la seguridad, es un imperativo estratégico que nos debe movilizar a todos, como acertadamente lo han hecho, el sector privado, el gobierno de los EEUU y la cooperación internacional. No hagamos de este gran momento, una  efímera euforia, porque terminaríamos, desafortunadamente, dándole la razón a los escépticos que creen, que los milagros no existen.

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Por Juan Carlos Buitrago Arias

Brigadier General (r) de la Policía Nacional. Nació en Neira (Caldas) hace 51 años. Ingresó a la Policía Nacional en 1988 y se graduó con el primer puesto de su promoción. En 33 años de trayectoria lideró importantes operaciones de inteligencia y contrainteligencia de estado, y de investigación criminal en la Dijín, Dipol, DNI y Polfa. Creó la oficina de Colombia en Europol y contribuyó a la fundación de Ameripol. Administrador policial, administrador de empresas, estudió negocios en la universidad Georgetown en Washington y es egresado de la Academia Nacional del FBI en Quantico VA. Estudió alta gerencia internacional en la Universidad de Los Andes y realizó curso integral de Defensa y Seguridad Nacional en la Escuela Superior de Guerra. Ha sido formado por diferentes agencias de inteligencia e investigación mundiales y considerado a nivel internacional uno de los más curtidos en estos temas. Actualmente es el fundador y CEO de la firma StrategosBIP¨ Autor Libro “Los principios no se negocian” de editorial Planeta. Twitter : @bg_buitrago