Héctor Paúl Flórez ha insistido en su inocencia durante 12 años. Desde que terminó de pagar su condena, no se ha cansado de expresar, a quien lo escuche, que él no mato a Álvaro Gómez Hurtado. No obstante, por el magnicidio, ocurrido el 2 de noviembre de 1995, debió pagar 18 años tras las rejas de varias cárceles del país. Ahora, busca recuperar su buen nombre.
Su versión, de momento, es respaldada por la JEP y por el antiguo secretariado de las FARC. Según los excombatientes, los autores materiales habrían sido coordinados por Julián Gallo Cubillos. En los testimonios aparecen los nombres de Darío Bolaños, alias Danilo; Federico Quesada, alias Chayanne, y Juan Carlos Palacios, alias Fredy. También se mencionó a un cuarto participante, identificado como Sebastián, quien habría desertado de las FARC y cuyo paradero se desconoce.
En otras palabras, la historia del crimen sería distinta a la mantenida por los jueces y fiscales que tocaron el caso del homicidio. Flores, entonces, habría sido juzgado y encarcelado injustamente.
Brutal magnicidio
El 2 de noviembre de 1995, Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado a tiros en Bogotá, después de dictar clase en la Universidad Sergio Arboleda. El dirigente político fue atacado hacia las 10:20 de la mañana, en la calle 74 con carrera 14. En el atentado también murieron su escolta y su conductor, José del Cristo Huertas y Luis Ojeda.
El magnicidio agudizó la crisis política que atravesaba el gobierno de Ernesto Samper, golpeado por el proceso 8.000. La muerte del dirigente generó una enorme presión sobre las autoridades, que debían entregar resultados y explicar quién estaba detrás del crimen.
Ante el deterioro del orden público, el Gobierno declaró el Estado de Conmoción Interior. Para el conservatismo y otros sectores políticos, el país había perdido a uno de sus principales referentes y necesitaba conocer cuanto antes la verdad.
La respuesta del Bloque de Búsqueda

Poco después del asesinato, el Bloque de Búsqueda, bajo el mando del coronel Hugo Martínez Poveda, inició la búsqueda de Héctor Paúl Flórez. El joven, que tenía 22 años en 1995, fue capturado el 20 de noviembre de ese año con participación de agentes de la Sijin.
Su captura hizo pensar que el caso avanzaba y que las autoridades podrían establecer autores material e intelectual. Flórez, por su parte, sostuvo que era inocente y aseguró que el día del asesinato se encontraba en Sincelejo (Sucre) asistiendo a un funeral, el de la abuela de su mejor amigo.
Aunque fue capturado en 1995, recibió una condena formal en 2001. Permaneció cerca de 18 años y ocho meses en prisión, tiempo que cumplió entre la cárcel La Modelo de Bogotá y otros centros penitenciarios. Durante todo ese periodo mantuvo su versión de inocencia.
En 2014, recuperó la libertad condicional tras, obtener reducciones de pena por estudio y buen comportamiento. Los jueces no aceptaron su explicación sobre lo ocurrido el día del magnicidio. Sin embargo, integrantes de la familia de Gómez Hurtado, entre ellos Enrique Gómez Martínez, llegaron a considerar que Flórez podía haber sido utilizado como un chivo expiatorio.
Después de salir de prisión, Flórez se trasladó al Darién. Allí, según ha contado, consiguió comenzar de cero. Desde entonces, ha insistido en que la justicia debe revisar su caso y limpiar su nombre.
Su pregunta resume el drama de un caso que, pese al paso del tiempo, sigue sin aclararse definitivamente: “¿Van a esperar a que me muera para reconocer que no maté a Álvaro Gómez Hurtado?”
La versión de la JEP

Crédito: Jep
La discusión tomó un nuevo rumbo cuando antiguos integrantes de las FARC reconocieron ante la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, su responsabilidad en el asesinato. Antiguos integrantes del Secretariado de las FARC, entre ellos Rodrigo Londoño, Pastor Alape, Pablo Catatumbo y Julián Gallo Cubillos, alias Carlos Antonio Lozada, reconocieron ante la JEP la responsabilidad de la antigua guerrilla en el magnicidio de Gómez Hurtado.
Dicho reconocimiento fue presentado ante la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas Constitutivos de Graves Infracciones al Derecho Internacional Humanitario de la JEP. La nueva versión reforzó la tesis de quienes consideran que Flórez fue condenado injustamente.
Por su parte, la familia de Álvaro Gómez Hurtado, a pesar de haber manifestado que creía en la inocencia de Flórez ha cuestionado el relato de los excombatientes. Uno de los principales interrogantes es por qué las FARC esperaron 25 años para reconocer el crimen, cuando durante el conflicto acostumbraban reivindicar públicamente acciones de esa magnitud.
La familia también ha defendido otras hipótesis. Gómez Hurtado mantenía un fuerte enfrentamiento político con el gobierno de Ernesto Samper durante el proceso 8.000. Por ello, durante años se investigó la posible participación de sectores estatales y de organizaciones dedicadas al narcotráfico.
Preguntas abiertas

Foto: Redes Sociales
Más de tres décadas después, todavía existen interrogantes sobre quiénes fueron los verdaderos responsables del magnicidio. Entre las hipótesis investigadas se encuentran posibles alianzas entre integrantes de las FARC, miembros de la fuerza pública y narcotraficantes del cartel del Valle, entre ellos Orlando Henao y Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño.
Otro capítulo polémico corresponde a la actuación de la Fiscalía. Durante años, se exploraron diferentes hipótesis, que no permitieron llegar a los responsables definitivos, a pesar de las capturas y los señalamientos. El uso de testimonios de Alias el “Pollo” o seguir la versión Guillermo Vélez, alias “el loco Mendoza” no han llevado a ninguna parte. En consecuencia, aún hay dudas sobre el caso.
La confesión de antiguos jefes de las FARC modificó nuevamente el panorama, pero no resolvió todas las preguntas. Aún falta establecer con precisión la motivación del asesinato, la identidad de quienes lo ordenaron y la relación entre los distintos actores mencionados durante las investigaciones.
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