Hace dos semanas, Weimar Asprilla no sabía si sus padres estaban vivos tras el terremoto. Hoy es el arquero que marcó el penal de la clasificación del ‘León’

Weimar Asprilla, arquero de Santa Fe - La historia del chocoano que perdió su casa en el terremoto y ahora es el héroe de Santa Fe que eliminó a River Plate

Hay noches en las que un arquero tiene mucho trabajo bajo los tres palos. También hay otras en las que, lejos del uniforme y la cancha, tiene que esperar una noticia sobre su propia familia. Weimar Banny Asprilla Mena pasó por las dos en cuestión de semanas.

El 10 de agosto, mientras estaba en Bogotá, el terremoto de magnitud 7,4 sacudió a Colombia y golpeó especialmente a Quibdó, su ciudad natal. Allí estaban sus padres. Las comunicaciones fallaron y el guardameta de Santa Fe quedó desconectado de los suyos.

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Salió a entrenar sin saber si su mamá y su papá estaban vivos. No tenía información sobre lo sucedido en la casa familiar ni sobre las pertenencias que habían quedado allí. Solo podía confiar en que hubieran alcanzado a salir a tiempo.

Lo hicieron. Sus padres sobrevivieron, aunque la familia perdió bienes materiales. Para Asprilla, la prioridad quedó clara desde ese momento: recuperar las cosas podía esperar; tenerlos con vida, no.

El chocoano que perdió su casa en el terremoto y ahora es el héroe que eliminó a River Plate con Santa Fe
Weimar Asprilla durante campaña de recolección de ayudas para los damnificados por el terremoto en Colombia.

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De Quibdó a Buenos Aires, dos momentos al límite

La angustia de aquellos días tuvo una respuesta concreta de su parte. Asprilla, junto con Santa Fe, recolectó ayudas para las familias afectadas en el Chocó. Desde Bogotá, el fútbol se convirtió en una manera de regresar simbólicamente a una tierra que acababa de sacudirse y afectar a su gente.

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Su madre fue enviada a Medellín y su padre permaneció en Bahía Solano, donde, según contó el arquero, los daños fueron menores. Mientras tanto, Asprilla continuó entrenando con Santa Fe.

Allí, apareció otro tipo de incertidumbre. La lesión de Andrés Mosquera Marmolejo, titular habitual del equipo, convirtió al arquero chocoano en la primera opción para una serie de octavos de final de Copa Sudamericana, que lo llevaría al estadio Monumental de River Plate.

El terremoto le quitó certezas; el fútbol le entregó una oportunidad.

Contra el gigante de Argentina, Asprilla tenía que sostener el arco de Santa Fe. En Quibdó había esperado que su familia pudiera sostenerse en medio de los daños. En Buenos Aires, nuevamente le tocó resistir.

River se puso arriba al minuto 52 con Sebastián Driussi y durante buena parte del segundo tiempo presionó para aumentar la ventaja. Asprilla respondió ocho veces. Una de sus atajadas llegó ante un remate de Marcos Acuña que pudo cambiar el partido.

Sin embargo, ya en el ocaso del partido Santa Fe terminó encontrando el empate por intermedio de un penal cobrado por el uruguayo Franco Fagúndez, y la serie volvió a quedar en incertidumbre. Después de 90 minutos (y los seis más que añadió el árbitro), como en una historia que parecía empeñada en llevarlo de un extremo emocional al otro, el desenlace fueron los penales.

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El héroe de Santa Fe

La definición tuvo 22 cobros. River y Santa Fe llegaron hasta el undécimo lanzamiento de cada equipo. Asprilla ya había detenido uno y ahora tenía que enfrentarse ante su colega argentino para definir el paso a cuartos de final.

Santiago Beltrán, quien por varios tramos del encuentro fue el héroe de River Plate, terminó convirtiéndose en verdugo al enviar el balón a las nubes durante su cobro desde los once pasos.

Ahora era el turno de Weimar: o fallaba y continuaba la serie o anotaba y le daba el triunfo al equipo de Bogotá.

En los días del terremoto, Asprilla había esperado una llamada que le dijera que sus padres estaban vivos. En el Monumental, todos esperaban que él diera la noticia de que Santa Fe estaba clasificado.

El arquero caminó hasta el punto penal y ejecutó. La pelota entró. Santa Fe ganó 8-7 y eliminó a River Plate en Buenos Aires.

La escena contrastó con la que había vivido dos semanas antes. En Quibdó, una familia recogía lo que había quedado después del sismo. En Buenos Aires, el arquero recogía el balón después del penal que cerró la tanda.

En una ciudad había perdido cosas. En la otra acababa de ganar una clasificación.

Asprilla, resultado de otros grandes arqueros

El momento tampoco apareció de la nada. Asprilla nació en Quibdó el 23 de mayo de 1999 y comenzó su formación en las divisiones menores de Independiente Medellín. Su debut profesional llegó en 2021 con Orsomarso, en la segunda división de Colombia.

Después buscó minutos en Valledupar, Real Cundinamarca y Tigres. Ese recorrido por la B terminó llevándolo a Santa Fe en 2025, donde firmó por tres temporadas. En enero de 2026 ganó la Superliga de Colombia, su primer título como profesional.

Ahora tiene otra marca: fue el arquero que eliminó a River en su propio estadio y que convirtió el penal definitivo.

La historia tiene además un vínculo con el mayor antecedente internacional de Santa Fe. El club ganó la Copa Sudamericana en 2015, también después de una definición por penales frente a Huracán de Argentina. El héroe de aquella noche fue Robinson ‘Rufay’ Zapata.

Hoy, Zapata es entrenador de arqueros de Santa Fe y uno de los hombres que trabaja diariamente con Asprilla. El maestro que levantó los brazos en 2015 ahora vio a su pupilo repetir, desde el arco y desde el punto penal, una historia que el club ya conocía.

Después del partido, Asprilla evitó quedarse con todo el crédito. Agradeció a sus compañeros, a Dios y a Zapata, y también recordó a Marmolejo, a quien le atribuyó parte de lo aprendido.

Ahora Santa Fe tendrá a Vasco da Gama como rival en los cuartos de final, con los partidos previstos para el 9 y el 16 de septiembre.

Para entonces, Weimar Asprilla llegará con una historia que ya tiene dos caras. La del hijo que hace pocos días temía haberlo perdido todo en Quibdó y la del arquero que, en Buenos Aires, terminó dándole a Santa Fe algo que no quería dejar escapar: la esperanza intacta de lograr su segunda Copa Sudamericana.

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Por Christopher Ramirez

Periodista Apasionado por la literatura y la crónica urbana.