A sus 80 años, el rostro del campeón no revela más que el cansancio de un hombre que tuvo que ganarse la vida golpe a golpe. De la magnífica musculatura del pasado cuando coleccionaba carros de lujo, coronaba reinas y regalaba toros a diestra y siniestra, solo quedan los huesos encorvados.
Aún así, ante el Congreso de la República, Antonio Cervantes, mejor conocido como Kid Pambelé, volvió a levantar un galardón. Lejos de las cuerdas de los cuadriláteros que lo hicieron el primer campeón de Colombia, recibió la Orden de la Democracia Simón Bolívar – Gran Cruz Caballero.
El reconocimiento es otorgado por la Cámara de Representantes para exaltar el valor, el mérito y el servicio a la nación. El exrepresentante del Partido Demócrata Colombiano, Pedro Adán Torres, fue quien tuvo el honor de entregarle y levantar el brazo derecho del campeón de San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de América.
Este reconocimiento también lo recibió el ciclista boyacense, Nairo Quintana, diez años después de que se bajó de la bicicleta con la que ganó el Giro de Italia.

El pugilista, que en sus tiempos dorados brillaba más que el oro, prefiere no recordar sus días de gloria. Después de subir a la cima, la vida lo noqueó y le recordó que estaba condenado a la desgracia, esa que se veía tan lejana la noche del 28 de octubre de 1972, cuando le dio una paliza al panameño Frazer que lo catapultó al azaroso estrellato.
Se cumplen 50 años del primer título mundial del boxeo colombiano, una gesta que erigió a Pambelé como figura y que hizo a todo un país vibrar de emoción. 🥊
— Ministerio del Deporte (@MinDeporteCol) October 28, 2022
Puños de acero y velocidad que escribieron con letras doradas uno de los momentos más icónicos del deporte nacional. pic.twitter.com/vuftIeQuAY
Nacido en la pobreza, se rebuscaba la vida vendiendo cigarrillos de contrabando en Cartagena hasta que Nelson Aquiles Arrieta lo descubrió y lo puso a darle un concierto de auténtico boxeo a propios y extraños, hasta que se convirtió en el mejor boxeador colombiano.
Después, Pambelé se lanzó al desastre y no hubo vuelta atrás. Se volvió un tipo aborrecido por todo el que se lo cruzaba. Nadie lo volvió a ver como campeón, sino como a un perdedor que se la pasaba mendigando cunchos de cerveza y buscando monedas para mantener la costosa, en todos los sentidos, adicción al bazuco.

Carlina Orozco se acostumbró a enterarse del paradero de su marido por las notas del periódico que lo mostraban descalzo, sin dientes, con prostitutas o tirado en un andén.
Sin embargo, como un milagro de la vida, Pambelé se volvió a levantar. Ahora vive en su finca en Turbaco. No se le volvió a ver mal parado, pues ya no se le despega a su esposa, la única que no lo abandonó cuando enceguecedores reflectores del éxito se apagaron. Además, acaba de recibir un homenaje que nadie -ni él mismo- esperaba: la Gran Cruz en el Congreso.
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