Con el deceso de Plinio Apuleyo Mendoza desaparece una de las voces más influyentes del pensamiento liberal colombiano. Periodista, diplomático, novelista y ensayista, dedicó buena parte de su vida a defender la democracia liberal, la economía de mercado y el Estado de derecho frente a lo que consideraba los grandes males políticos de América Latina: el caudillismo, el estatismo, el victimismo y el populismo.
El intelectual que nunca dejó de incomodar
Su legado quedó plasmado especialmente en dos libros escritos junto con Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa: “Manual del perfecto idiota latinoamericano” (1996) y “El regreso del idiota” (2007). Más que simples ensayos políticos, ambas obras constituyen una crítica al populismo latinoamericano y una defensa de las instituciones democráticas, la libertad económica y la responsabilidad individual.
Casi tres décadas después de la publicación del primero, muchas de sus tesis vuelven a instalarse en el centro de la discusión pública y adquieren una nueva dimensión frente a los debates que hoy vive Colombia.
De García Márquez al debate político
Nacido en Bogotá en 1932 y formado en Ciencias Políticas en La Sorbona, Plinio Apuleyo Mendoza. Durante años mantuvo una estrecha amistad con Gabriel García Márquez, con quien publicó “El olor de la guayaba”, uno de los libros de conversaciones más conocidos sobre el Nobel colombiano. Con el tiempo, sus profundas diferencias ideológicas los alejaron: mientras García Márquez se identificó con la Revolución Cubana, Mendoza se convirtió en uno de los más influyentes críticos del populismo y un firme defensor de la democracia liberal.
El “Manual del perfecto idiota latinoamericano” como una actitud política
El título Manual del perfecto idiota latinoamericano provocó polémica desde el primer día. Sin embargo, el “perfecto idiota” no era una persona específica.
Representaba, según Mendoza y sus coautores, a quienes explicaban los problemas de América Latina culpando siempre al “imperialismo”, al “capitalismo” o a enemigos externos, mientras ignoraban la corrupción, el clientelismo, la inseguridad jurídica, la debilidad institucional y los errores internos.
Su crítica al victimismo político se convirtió en una de las tesis más conocidas del libro: ninguna sociedad puede transformarse si siempre encuentra los culpables fuera de sus fronteras.
El regreso del populismo
En El regreso del idiota, publicado en 2007, los autores sostuvieron que aquellas ideas que parecían derrotadas reaparecían bajo nuevos liderazgos y nuevas narrativas.
Alertaban sobre el crecimiento permanente del Estado, la personalización del poder, la división de la sociedad entre “el pueblo” y “las élites”, la desconfianza hacia la empresa privada y la tendencia a presentar las dificultades nacionales como consecuencia exclusiva de factores externos.
Su advertencia era clara: cuando el caudillismo desplaza a las instituciones y el estatismo sustituye gradualmente la iniciativa de la sociedad, la democracia comienza a deteriorarse.
Petro bajo el lente de Plinio Apuleyo Mendoza
Resulta imposible saber qué habría escrito Plinio Apuleyo Mendoza sobre cada decisión del presidente Gustavo Petro. Sin embargo, el marco conceptual desarrollado en sus libros permite establecer un contraste con varios de los debates actuales.
Desde esa perspectiva liberal, probablemente habría observado con preocupación el fortalecimiento del papel del Estado en sectores estratégicos como la salud, las pensiones y la energía. También habría cuestionado un liderazgo político altamente identificado con la figura presidencial, pues una de sus principales advertencias consistía en que ninguna democracia debe depender del carisma de un gobernante sino de la fortaleza de sus instituciones.
Su crítica al victimismo político también encuentra puntos de discusión en el actual escenario colombiano. Mendoza sostenía que atribuir los problemas nacionales principalmente a élites económicas, poderes extranjeros o conspiraciones podía desviar la atención de las responsabilidades internas del Estado y de la sociedad.
No significa que sus conclusiones sean las únicas posibles. Los defensores del Gobierno sostienen que las reformas impulsadas por Gustavo Petro buscan corregir desigualdades históricas, ampliar derechos sociales y fortalecer la acción pública dentro del marco constitucional. Esa diferencia refleja, precisamente, el viejo debate entre liberalismo y mayor intervención estatal que ha acompañado a América Latina durante décadas.
Un pensamiento que también recibió críticas
Las ideas de Plinio Apuleyo Mendoza nunca estuvieron exentas de controversia. Sus detractores le reprocharon que Manual del perfecto idiota latinoamericano simplificaba la realidad política de la región y caricaturizaba a la izquierda al concentrar su análisis en el populismo, el estatismo y el caudillismo, dejando en un segundo plano factores como la desigualdad, la pobreza y la exclusión social.
Sin embargo, incluso muchos de sus críticos reconocieron que abrió un debate de largo alcance sobre la fortaleza de las instituciones, los límites del poder presidencial y los riesgos del personalismo. Tres décadas después, esas discusiones siguen plenamente vigentes.
No existe una única respuesta
Más que ofrecer certezas absolutas, Plinio Apuleyo Mendoza obligó a varias generaciones de latinoamericanos a pensar críticamente sobre el poder. En una época marcada por la polarización, esa puede ser la mayor herencia que deja: recordarnos que las democracias no se sostienen por el carisma de un líder, sino por la fortaleza de las instituciones, el respeto a las libertades y la permanente confrontación de las ideas.
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