Juan Pablo Socarrás es de uno de los diseñadores colombianos que le ha apostado a contar historias con su propuesta. En los últimos veinte años, ha tejido una carrera en la que la alta costura dialoga con el trabajo de comunidades artesanas, los oficios tradicionales y la diversidad cultural que expresan.
Además de presentar una colección de prendas, cada una de sus propuestas ha asumido el riesgo de rescatar personajes, territorios y memorias que hacen parte del patrimonio latinoamericano en un mundo gobernado por tendencias europeas y gringas.
Un rebelde con causa: para Colombiamoda 2026, el evento más importante del sector en el país, Socarrás decidió rendir homenaje a una mujer cuyo nombre resulta menos conocido que el de su compañero artístico, el omnipresente Lucho Bermúdez.
Sin embargo, como el diseñador que la trae de la mano a los flashes y las pasarelas que la historia oficial intentó negarle, ella también navegó contra la corriente de lo políticamente correcto: fue la primera mujer en una orquesta colombiana y su voz, a pesar de la infructuosa tarea de relegarla al olvido, siempre será decisiva en la historia de la música colombiana.
Matilde, una de las colecciones más esperadas del evento, es un homenaje desafiante como la cantante que integró la orquesta de Lucho Bermúdez durante los años en que la cumbia y el porro pusieron a mover hombros, cintura y caderas a América Latina y gran parte del público se escandalizó, entre uno y otro hit, al ver a una mujer “en esas”.
El diseñador no quiso hacer una colección de época ni una pintoresca recreación de su forma de vestir. Por el contrario, prefirió tomar como punto de partida la vida de una mujer que recorrió el continente cantando música caribeña y transformarlo -con la mezcla de innovación personal y tradición colectiva que lo ha caracterizado- en una propuesta de moda contemporánea.
Son 30 y 35 salidas femeninas y masculinas elaboradas en lino, algodón, alpaca y otras fibras naturales, enriquecidas con bordados y técnicas artesanales desarrolladas por comunidades de Colombia, Guatemala, México y Perú. Cada prenda representa una estación del recorrido latinoamericano de Matilde Díaz y refleja el diálogo entre distintas tradiciones textiles.
El Museo de Antioquia, uno de los escenarios emblemáticos de Colombiamoda, recibirá una de las colecciones más esperadas. Allí, la cantante que durante décadas permaneció tras las bambalinas de Lucho Bermúdez, reinará sobre la pasarela a través de las prendas de Socarrás.
Colombiamoda, la pasarela que puso a Medellín en el mapa mundial de la moda
Colombiamoda, en sus inicios, fue una apuesta para fortalecer la industria textil y de confecciones del país. Hoy, 36 años después de la primera cita, se ha convertido en la principal feria de moda de Colombia.
Además, es una de las plataformas de negocios favoritas del mercado latinoamericano tal como las canciones de Matilde lo fueron del reportorio musical del continente hace tres cuartos de siglo. Es organizada por Inexmoda. Durante tres días, reúne en Medellín a diseñadores, confeccionistas, compradores, empresarios, inversionistas y periodistas especializados de decenas de países.
La edición de 2026, que se realizará del 28 al 30 de julio, espera congregar a más de 600 expositores, miles de compradores nacionales e internacionales y cerca de 60.000 asistentes.
A pesar de que está lejos, en distancia e impacto, de sus colegas de París, Milán, Nueva York o Londres, Colombiamoda ha encontrado su propia pasarela. Mientras aquellas concentran las colecciones de las grandes casas de lujo y marcan las tendencias globales, la feria colombiana se distingue por integrar diseño, innovación, sostenibilidad, industria y artesanía.
Allí, se citan los diseñadores latinos con los mercados globales. En el ámbito iberoamericano comparte protagonismo con la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, pero su principal logro es la conexión entre creatividad y negocios. Muchas de las marcas que hoy exportan desde Colombia encontraron en Colombiamoda su primera vitrina internacional.
Por eso, la cita de Socarrás y Matilde con el público es a la vez honor y reconocimiento para la pionera de las mujeres en las orquestas colombianas y para la mujer que con su voz, sin época ni obstáculos, logró trascender el machismo de varias generaciones latinoamericanas, a pesar de poner a bailar a propios y extraños.
Matilde noquea al tiempo y los machos con su voz
No sé qué tiene mi voz / pero cuando canto / todo mi pueblo sale a bailar…
No nació en la costa Caribe. San Bernardo en Cundinamarca apenas la vio gatear. En Icononzo, la radio tolimense le abrió micrófono para que cantara bambucos y pasillos junto a su hermana Elvira.
El eco llegó hasta Bogotá y allí ganó un concurso de aficionados que cambió su vida: el maestro Lucho Bermúdez la invitó a integrar su orquesta, convirtiéndose en la primera mujer en una orquesta de música tropical en Colombia. Un escándalo y, en consecuencia, un gancho comercial que, simplemente, amplificó la potencia y melodía de su voz a donde quiera que llegó.
No sé que hay en mi cantar / que como palmeras / se mueven todos / con su vaivén…
Matilde Diaz es, sin duda, la primera mujer que marca un antes y un después en la música tropical colombiana. Un hit con falda y sin tiempo. En una época en la que las orquestas estaban dominadas por hombres y no era bien visto que una mujer siquiera opinara en público, ella se paró en la raya y el en escenario para cantar, callar bocas y poner esqueletos a moverse.
Reinó en la noche cuando la mayoría de mujeres latinoamericanas no podía salir de sus casas de día. Sin gritar ni polemizar, con el talento que la vida le dio y que ella supo gestionar a pesar del machismo reinante. Con disciplina se ganó el respeto del público y de los músicos, abriendo el camino para muchas intérpretes que llegarían después.
No sé, pero es un secreto / que llevó muy dentro / de mi corazón…
Con el paso de los años, su nombre fue perdiendo protagonismo mientras la figura de Lucho Bermúdez se adueñaba de reflectores, tarimas y portadas. Tal como les sucedió a Emilia Ayarza o Mavel Moreno en la literatura y a Débora Arango y Feliza Bursztyn en las artes plásticas, Matilde Diaz tuvo que esperar para que el tiempo y los efectos del feminismo en tierras criollas empezarán a darle el espacio merecido por genio, talento y disciplina.
Y es que mi tierra querida / nos enamoramos / con una canción…
También puede leer: Lucho Bermúdez: el hombre clarinete que vivió entre el amor, la música y la gloria de un Bolívar que volvió universal
Una historia de amor que cambió la música colombiana
La relación entre Matilde Díaz y Lucho Bermúdez, como las verdaderas historias de amor, fue mucho más que un matrimonio. Cuando el compositor la incluyó en la orquesta desafiando a sus colegas y a la época, sabía que ella se convertiría rápidamente en la intérprete soñada de sus composiciones.
Así, entre porros y cumbias, nació una sociedad artística que transformó la música tropical colombiana y contribuyó a pasearla por emisoras y escenarios de Latinoamérica.
Se casaron en 1946 y durante casi dos décadas compartieron giras, grabaciones y escenarios. Mientras él componía y dirigía la orquesta, Matilde cantaba y bailaba. Se separaron 17 años después, pero su lazo, protegido por música y tesón, es un vínculo indisoluble que, al igual que el legado musical y rebelde de Matilde, no puede ser derrotado por los hombres ni el tiempo.
Matilde y Socarrás
Ocho décadas después de que Matilde Díaz ayudara a revolucionar, tal vez sin saberlo, la música colombiana, su historia vuelve a tomarse las tarimas y la atención del público.
Ahora no son canciones ni ella pone la voz, se trata de diseños creados por Juan Pablo Socarrás. Ya no será un teatro ni un salón de baile, sino la pasarela de Colombiamoda 2026. Ya no habrá cabida para machos que la discriminen, ahora su arte y oficio son motivo de homenaje.
En una feria acostumbrada a celebrar las tendencias del futuro, la colección que la cantante inspiró desde el injusto olvido, demuestra que en las principales pasarelas de la moda también hay espacio para mirar y escuchar el pasado. Socarrás y Matilde, tomados de la mano, están de vuelta.
Anuncios.






