Entre la ingenuidad de los ceses al fuego y la falta de una estrategia de seguridad firme, la 'Paz Total' guarda aciertos clave para el futuro del país

 - Los aciertos que tuvo la malograda 'Paz Total' de Gustavo Petro
Texto escrito por: Diego Arias

En el contexto actual, hacer una defensa de la política de Paz Total, así sea destacando algunos de sus méritos y criticando otros aspectos, no resulta fácil. Hace poco, al escribir sobre “legados” que el nuevo gobierno debiera preservar, mencioné que eso debía incluir aspectos de esa política, pero un buen amigo me interpeló respetuosa pero firmemente invitándome a mostrar tan solo un logro o algo destacable, a lo cual respondí que sí había cosas importantes para mostrar y valorar.

Existe un largo listado de críticas tanto a la forma como el fondo, y en particular sobre resultados concretos, que tienen como destinataria la política de Paz Total. Pero existen también a mí entender dos grandes equívocos: pretender que el esfuerzo de paz sea el que responda por el grave deterioro de la situación de orden público y criminalizar la gestión gubernamental.

Por supuesto, hay otras dimensiones de esa estrategia que en mi opinión, alimentan la percepción de un balance negativo. Por un lado está el uso inadecuado (casi que ingenuo) de la figura de “cese al fuego” que resultaban improcedentes para momentos de diálogos o negociación que apenas comenzaban y que no se concibieron también en términos de cese de las hostilidades. Se dirá que ayudaron a salvar vidas, lo cual es cierto y apreciable, pero en la medida en que se pactaron entre grupos ilegales y el estado, poco contribuyeron a desescalar la crisis humanitaria producto de la confrontación entre grupos ilegales. Y la idea de que a su amparo varios de estos grupos se fortalecieron resulta verosímil.

Pero la más importante observación se refiere a que en el contexto de una violencia o conflicto que se ha transformado, una estrategia de seguridad muy firme y exitosa, tenía que haber sido el otro elemento de la ecuación junto con la Paz Total. Sin iniciativa militar y ventaja estratégica sobre estos grupos es imposible crear las condiciones para el éxito de esta o cualquier otra apuesta de paz dialogada. No se trata pues de solo un asunto de buena voluntad.

A cambio, existe también un largo listado de aspectos destacables de esta política, pero al igual que las objeciones, me limito a enunciar solo algunas, las que creo son las más importantes. Y comencemos por la idea misma de “Paz Total” en el entendido de abrir al mismo tiempo, con los distintos grupos ilegales, opciones de diálogo, negociación u otras modalidades, para lograr su tránsito a la legalidad. Si hay una respuesta, entre otras, a la pregunta de por qué seguimos en conflicto pese a numerosas negociaciones acuerdos es justamente esa: siempre se quedan por fuera actores ilegales decisivos.

Es un acierto también la comprensión de un conflicto que ya no es el mismo de décadas anteriores, y que se ancla en contextos muy territoriales, cada uno con sus propias particularidades y con intereses y dinámicas militares y criminales muy diferentes a lo cual se correspondía una estrategia muy diferente a la que en su momento llevó, por ejemplo, a las FARC a una mesa de negociación.

Y muy destacado creo yo, es la apuesta porque, más allá del asunto de la dejación de las armas, haya un tránsito hacia la legalidad de las economías ilegales presentes en esos territorios en lo que el signo de esa paz territorial termina siendo es la plena vigencia del Estado Social de Derecho.

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Y por esa línea pueden ser destacados muchos otros aspectos.

Tan solo agrego uno más. Tuve la excepcional oportunidad de transitar la guerra pero también la paz, con buena parte del equipo que se aplicó a esta tarea en el presente gobierno, comenzando por el Consejero Comisionado de Paz, Otty Patiño. No puedo menos que enaltecer su compromiso, entrega y capacidades que han puesto en función de esta tarea, independientemente de balances y resultados. Insinuar la gestión de paz como una actividad delictiva es una enorme injusticia y despropósito.

La paz pactada sigue siendo la mejor de las paces posibles.

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Por Las Dos Orillas

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