Cepeda encabeza el partidor del próximo duelo presidencial, su gran votación lo dejó vivo en política y su primer acto de campaña fue aceptar la victoria de Abelardo

Smiling man in a blazer with a professional video camera on a tripod in an office setting - Maturana tenía razón: perder es ganar un poco.

La frase que mejor define lo que le ocurrió a Iván Cepeda en las elecciones presidenciales fue la que pronunció hace unos años Pacho Maturana: Perder es ganar un poco.

Porque el candidato del Pacto Histórico no fue elegido presidente, pero obtuvo la no despreciable suma de 12.700.000 votos. El único colombiano que ha conseguido una votación mayor a esa se llama Abelardo De La Espriella. Y, a menos de que se produzca un cambio constitucional, De La Espriella no participará en los comicios de 2030.

Con lo cual, Cepeda quedó ubicado en la primera fila de la “grilla”, como se dice en automovilismo, en la competencia por la presidencia que se desarrollará dentro de cuatro años.

Y es que una de las enormes ventajas de haber elegido a Abelardo es que nadie duda de que en el 2030 habrá elecciones para la Presidencia. Pero ese es otro tema.

Cepeda tiene muy claro que la copiosa votación que obtuvo lo dejó muy vivo en la política. Que se haya animado a aceptar su derrota es la mejor muestra de ello. De hecho, ese reconocimiento constituye el lanzamiento de su candidatura para el período 2030-2034.

El derrotado aspirante tiene cuatro años para enmendar los errores que cometió en su pasada campaña y para acercarse al centro y morigerar su imagen de radical de izquierda. Lo cual le quedará más fácil si Gustavo Petro no está en la Presidencia.

De hecho, el obstáculo más grande que se le va a atravesar a Cepeda en su carrera por el primer cargo de la nación no estará en la oposición, sino en su propio partido: Gustavo Petro. Porque el presidente saliente con esa megalomanía que maneja, no querrá permitir que Cepeda le arrebate del liderazgo de la izquierda, que él ha ejercido sin límites desde hace años.

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Me atrevo a pronosticar que la pelea que se va a producir entre Petro y Cepeda hará que la que mantienen Alvaro Uribe y Juan Manuel Santos parezca un juego de niños

Petro y Cepeda nunca se han querido. De hecho, A Cepeda se le vio muy poco por los lados del Palacio de Nariño durante estos cuatro años.

Para nadie es un secreto que el candidato que le gustaba a Petro no era Cepeda, sino Daniel Quintero. Y tenía razón, Pinturita, gústenos o no, era un producto mucho más vendible que Cepeda.

El exalcalde de Medellín es pintoso, carismático, irreverente, se expresa muy bien y tiene el plus de haber gobernado el feudo principal del uribismo y del abelardismo. Petro tenía clarísimo que, para retener la Presidencia, el Pacto debía buscar un candidato que captará votos más allá de la izquierda.

Pero ganó el criterio de los ortodoxos de la izquierda que resolvieron imponer a un radical cero carismático, que además solo se acercó al centro político en las dos últimas semanas de la campaña. Yde un a forma evidentemente impostada.

En la dura disputa que sostendrán Cepeda y Petro por el liderazgo del Pacto ambos tienen sus armas: el primero posee la curul en el Senado que le corresponde por haber ocupado el segundo lugar en los comicios y el segundo tiene la calle, el amor incondicional de sus seguidores, su verbo encendido y sus trinos.

Lo más inteligente que podría hacer Cepeda, de cara a los comicios del 2030, es evitar esa confrontación, pero no va a ser fácil. Para ello tendría que resignarse a ser un subalterno más de Petro y a acatar sin chistar todas sus directrices. Si tiene esa paciencia, a lo mejor evita el cisma que se ve venir en el Pacto.

Pero lo cierto es que el mapa político cambió y la izquierda hoy es una fuerza que hay que tener en cuenta. Pueda ser que nuestra clase política entienda esa realidad y anteponga, por fin, los intereses del país a los suyos propios.

Estuvimos al borde del abismo y evitamos caer en él por poco. Pero ese inmenso abismo sigue estando muy cerca.

Del mismo autor: El Tigre no puede dejar que se lo coma la oposición

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.