Hace unos días el New York Times publicó el siguiente artículo sobre la actual situación de la Gran Bretaña: “La economía británica está en mal estado. El brexit no ha ayudado… Años de falta de inversión han hecho que el cuidado de la salud, la energía, el transporte y la defensa necesiten más dinero. Pero el gobierno no lo tiene. La deuda pública como porcentaje del producto interno bruto se sitúa en el 94 por ciento, principalmente por la crisis financiera y la pandemia. Los pagos de intereses superan ahora el presupuesto anual de todo el sistema de educación pública… No queda claro si Burnham podrá hacer gran cosa al respecto. En septiembre del año pasado, se lamentó de que el Reino Unido no debería estar “en deuda con los mercados de bonos”. La mayoría lo interpretó como una señal de que Burnham, cuyas ideas políticas se inclinan hacia la izquierda, pediría más préstamos para gastar más si fuera primer ministro…Pero cuando los operadores de bonos —quienes serían los que prestarían ese dinero al gobierno— hicieron subir las tasas de interés, Burnham rectificó. Dijo que debía existir un plan para reducir la deuda del Reino Unido. Y sí, afirmó que respetaría reglas fiscales estrictas. Lo que esto revela es que se enfrenta a las mismas decisiones difíciles que sus predecesores.”
Como el lector podrá observar, la situación fiscal del Reino Unido guarda dos enormes parecidos con aquella de Colombia: la primera es que, como lo dice el artículo, “años de falta de inversión han hecho que el cuidado de la salud, la energía, el transporte y la defensa necesiten más dinero. Pero el gobierno inglés no lo tiene.” La segunda es que los líderes políticos británicos sí se dieron cuenta que “cuando los operadores de bonos —quienes serían los que prestarían ese dinero al gobierno— hicieron subir las tasas de interés - era más que necesario suspender todo endeudamiento adicional.” Aquí en Colombia, por el contrario, el gobierno de Petro de manera totalmente irresponsable siguió aumentando la deuda pública. Y mientras los británicos – con importantes esfuerzos – siguen en capacidad de atender el servicio de la deuda, en Colombia muy rápidamente nos estamos acercando al punto en que los ingresos corrientes no van a ser suficientes para cubrir los intereses y el principal de las obligaciones adquiridas. Es decir, solo vamos a poder atender la deuda con aún más deuda. Cuando este fenómeno ocurre, no es que los bancos o las otras fuentes de financiación exijan intereses más altos, que en muchos casos se pueden acercar a las tasas de usura, sino que sencillamente cierran la llave y se niegan a otorgar más créditos.
El nuevo gobierno va a tener que negociar plazos muchos más largos e intereses bastante más reducidos
La situación fiscal que va a heredar el gobierno de Abelardo de la Espriella es extremadamente delicada. El equipo económico del nuevo gobierno va a tener que negociar plazos muchos más largos e intereses bastante más reducidos para aliviar el servicio de la deuda. Las negociaciones, principalmente con las entidades multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano van a ser complejas y deben ser adelantadas al más alto nivel, a la mayor brevedad posible. De no hacerse, tendremos la certeza de que la bomba fiscal nos va a estallar en la cara antes que finalice el 2026.
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Apostilla: El expresidente Alberto Lleras Camargo, expresó su firme oposición a las dictaduras y al autoritarismo. En su discurso de posesión presidencial el 7 de agosto de 1958, afirmó: “La esencia misma de la democracia es una transacción, y por eso se refleja fielmente en las asambleas donde la voz de las minorías no se ahoga estérilmente ante la tiranía del poder. Los regímenes absolutos clausuran los Parlamentos porque tienen una concepción también absoluta del bien público, que detesta la transacción, como un cisma hecho a la exclusiva y excluyente verdad del poder.”


