Texto escrito por: Álvaro Andrés Cotes Córdoba
Gustavo Petro no pudo sostener la burbuja del pueblo que lo llevó a convertirse en el primer presidente de izquierda en el país, un hito histórico y quizás irrepetible en la política colombiana.
Le sirvió solo para sostenerse en un periodo presidencial y apurado porque la derecha, que ha gobernado siempre en este pueblo, le dio con todos sus fierros, sus prejuicios endemoníacos y maquiavélicos.
Recuerdo ahora las palabras que un sabio amigo político de la derecha en Santa Marta me dijo cuando fue elegido Petro: “La izquierda en Colombia es como una niña inocente en comparación con los lobos de la derecha, que como se descuide, se la devoran en un solo bocado”.
Pues bien, aunque no fue en un solo bocado, los que le dieron en los cuatro años de su burbuja presidencial a Petro, fueron suficientes para no permitirle dejar a un heredero que mantuviera el sueño que le hizo creer a un pueblo enamorado de su discurso.
Todo porque, a sabiendas de cómo son los lobos de la derecha en esta nación, les coqueteó varias veces e incluso los metió a ocupar puestos importantes en su gobierno, ante la mirada atónita e inconforme del pueblo que todavía no se explica por qué lo hizo.
No obstante, lo único que sí pueden explicarse ahora, es que el castillo burbujiento de la izquierda resultó de naipes y se derrumbó tras recibir el soplo maloliente y permanente de la derecha durante su gobierno ya marchito.
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