El Abelardo del domingo en la noche intentaba ser otro, para que en la retina del orbe quedara la imagen de un buen hombre lúcido, deliberante y justo

 - Impondrán a Abelardo, no hay duda

Ojalá me equivoque, nada me podría gustar ni alegrar más. Sería el primero en celebrarlo, con sincera emoción. Recuerdo ahora haber leído que para Gramsci el optimismo nacía de la voluntad, mientras el pesimismo de la razón. Voté por Iván Cepeda y sigo pensando que es la mejor alternativa, como proyecto decente y humano, para nuestro país. Como creo firmemente que con Abelardo se sobreviene la mayor desgracia para Colombia.

Basta con haberlo visto el domingo en la noche para concluirlo. Toda una parafernalia del espectáculo, del montaje teatral con recursivos elementos técnicos dirigidos a impactar el inconsciente. Mañas de publicistas y el marketing. Al estilo de Benito Mussolini o Adolfo Hitler, renovados por la informática. Lo que se nos presentó a todos los colombianos fue un payaso, con sonrisas, brazos en alto, calculadas pausas, humos, coros y frases preparadas.

El mensaje, en realidad, no se dirigía al público colombiano, sino al que estaba en el exterior, a los medios internacionales, mediante los cuales se pretendía propagar universalmente un triunfo indiscutible. A sabiendas de que el preconteo no era un resultado oficial. Pero al que había que presentar así, como definitivo, el triunfo de una opción juvenil, deportiva, rigurosamente amplia y democrática. Justo el muñeco para vender.

Para obtener de inmediato los mensajes de reconocimiento y felicitación de otros gobiernos. Que no tardaron en presentarse, comenzando por el de Milei, que habló del león y el tigre, y desde luego, el del señor Trump, con cuyo asentimiento bastaba para que todo el mundo supiera quién era el único ganador. Era lo que se perseguía. Mostrar una cara falsa, presentable en cualquier escenario global, aunque contradijera sus propios discursos y promesas.

Un Abelardo tolerante, respetuoso de la opinión ajena, de sus contradictores políticos, sin dejar de mostrar, por si acaso, que mantendría a raya a sus más claros representantes. El tigre que sabe morder y que puede morder más fuerte. Ridículo en su pretensión. Discutir detalles estúpidos no es importante, pero, cabe hacer notar que quien se denomina a sí mismo el tigre, no puede tener mejor aspecto de gacela engreída. Eso solo lo describe.

Qué tal la altura personal de quien conversa en confianza con Polo Polo, en un video que circuló ampliamente por las redes, para solo mencionar uno, en el que el mismo Abelardo cuenta cómo hubiera sido él si hubiera sido un paraco, o cómo el culo de una mujer es capaz de derribarlo todo. O aquellas presentaciones en las que anunció que toda la izquierda eran sus enemigos, ni siquiera sus adversarios, a los que sólo cabía destripar.

El Abelardo del domingo en la noche intentaba ser otro muy distinto al real, para que en la retina del orbe quedara la imagen de un buen hombre lúcido, deliberante y justo,.El que ni siquiera fue capaz de presentar ante los colombianos. Porque ante estos había que mostrarse como el verdugo implacable y lleno de odio que reclamaba la derecha fascista, la que maneja los grandes consorcios y desde luego los grandes medios de comunicación.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

En los que no se disimula la enorme satisfacción por el resultado. Ni siquiera si Colombia ganara la Copa Mundo, los locutores y presentadores se mostrarían tan felices, como lo hacen por los doscientos cincuenta mil votos de ventaja aparentemente obtenidos. Es cierto que siempre, ante el anuncio de un nuevo gobierno, hay cierto ambiente de esperanza en el ánimo colectivo, todos queremos algo mejor. Pero aquí lo que se ve es la abyección.

Arrodillado de antemano ante los Estados Unidos y particularmente el señor Trump

Nadie ignora en este país las reales intenciones de Abelardo. Arrodillado de antemano ante los Estados Unidos y particularmente el señor Trump, el más demente y criminal de los presidentes de ese país. Un tipo que cierra los ojos ante el genocidio de Israel en Gaza y el Líbano, justificándolo plenamente y ofreciendo su respaldo al sionismo. Un personaje que clama por el fracking como principal modelo extractivo pese a sus nefastos efectos comprobados.

Un neoliberal confeso, justo en los tiempos en que ese modelo fracasa en el resto del mundo, que plantea reducir en un cuarenta por ciento al Estado, poniendo fin a cualquier tipo de bienestar social o respeto por las comunidades. Adiós al Acuerdo de Paz de 2016, a la reforma rural integral o cualquier tipo de reforma política. Justo cuando lo que nunca se ha cumplido de ese acuerdo es la reforma electoral que barra definitivamente con todos los vicios del sistema actual.

En el que la compra de votos y la corrupción priman sobre la voluntad popular. En el que las instituciones establecidas jamás darán vuelta atrás a un resultado favorable al establecimiento que defienden. Impondrán a Abelardo, no hay duda. Y alabarán con frenesí la democracia colombiana. La asombrosa y auténtica cifra de votos obtenida por Iván Cepeda no alcanzará. Pero no hay que engañarse, lo que vendrán serán luchas nunca vistas. Que se preparen.

Del mismo autor: Ni la irracionalidad ni el crimen

Anuncios.

Por Gabriel Ángel

Bogotano, bachiller de San Bartolomé y abogado de la Universidad Nacional. Militante de la Unión Patriótica, tras graves amenazas de muerte, decidió unirse a las Farc en 1987. Miembro de la Comisión Temática adjunta a la Mesa de Diálogos en el Caguán, asesor político del Bloque Oriental, participó al lado de Timoleón Jiménez en las negociaciones de paz que culminaron con la firma del Acuerdo Definitivo en noviembre de 2016. Autor de la novela “A quemarropa” (2014) y el libro de cuentos “La luna del forense”. Columnista de opinión en el portal de las Farc, en su espacio llamado “La pluma de Gabriel Ángel”.