Cuando Tostao abrió sus puertas, en diciembre de 2015, muchos capitalinos sintieron que habían encontrado un lugar único en Bogotá. Mientras en otras cadenas una taza podía costar entre 4.000 y 6.000 pesos, en los nuevos locales se vendía por apenas 1.100. El precio sorprendía, pero también el sabor. En poco tiempo comenzaron a verse filas frente en las cajas de tiendas pequeñas que no invitaban a quedarse durante horas ni ofrecían wifi para trabajar toda la tarde.
La lógica era otra: entrar, comprar y seguir el camino. Detrás de la apuesta estaban el empresario chileno Michel Olmi y el ingeniero industrial Pedro Gasca. Su idea era simple: ofrecer café y productos de panadería a bajo costo, apoyados en una operación eficiente y en locales de dimensiones reducidas. Desde el comienzo tuvieron claro que el negocio dependía de crecer rápido.
La expansión arrancó con dos tiendas piloto ubicadas en Bogotá. Chapinero y Suba ganaron la apuesta y fueron los locales pioneros de una exitosa empresa que, hoy en día, tiene 328 puntos de atención en el país.
El modelo funcionó. A medida que crecían los puntos de venta, también aumentaba la presencia de la marca en la rutina de miles de consumidores. Para 2018, bajo el liderazgo de Gasca, Tostao ya había logrado algo que pocos habrían imaginado años atrás: tener en número importante de sedes. Sin embargo, el impulso se frenó de manera abrupta en 2020. La pandemia vació las calles y obligó a cerrar los locales. El aroma y el sabor del café también debieron confinarse en los hogares de los colombianos. Las vitrinas dejaron de recibir clientes y en muchas puertas apareció un mensaje que se volvió común durante esos meses: “cerrado hasta nueva orden”.
Cuando terminaron los confinamientos y los cafés volvieron a abrir, la expectativa era recuperar el ritmo de los años de crecimiento. Sin embargo, las secuelas financieras de la pandemia seguían presentes. Aunque las cajas volvieron a registrar movimiento, los problemas acumulados durante la emergencia sanitaria pesaban demasiado.
La situación llegó a un punto crítico en 2025. Ese año, Tostao evitó la liquidación gracias a un acuerdo de reorganización avalado por la Superintendencia de Sociedades, entonces dirigida por Billy Escobar. Las cifras reflejaban la magnitud del desafío: pasivos cercanos a los 554.906 millones de pesos y deudas por alrededor de 148.000 millones.
La supervivencia de la compañía también significaba preservar una red de cerca de 400 establecimientos y más de 1.600 empleados en el país. Finalmente, en 2026 se produjo un cambio decisivo. El Grupo Empresarial Colpatria adquirió la totalidad de las acciones de la cadena al grupo panameño Bakery Business International, firma que históricamente había seguido los lineamientos de Pedro Gasca.
Con la venta de las acciones se cerró un capítulo y comenzó otro. El desafío para el Grupo Empresarial Colpatria, grupo que está presidida por Eduardo Pacheco Cortés, será devolverle impulso a una marca que, durante años, logró que los colombianos asocien el placer de disfrutar un tinto y un baguette crujiente con una compra que favorezca sus bolsillos.
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