Texto escrito por: Manuel Tiberio Bermúdez
El anuncio de que la camiseta con la que Pelé jugó la final del Mundial de 1958 será subastada en julio por la casa Sotheby's ha movido el mundo de los íconos del fútbol. La noticia ha sacudido a los apasionados y, sobre todo, a quienes, más allá de lo deportivo, quieren piezas que cambiaron el comportamiento de la gente, de un país o que significan hitos históricos.
El mercado de los coleccionables mira hoy hacia la llamada por los brasileños «la joya de la corona»: la camiseta usada por Pelé en 1958. Pero los historiadores insisten en que la pieza más importante del fútbol, la del número 7 rojo que en 1950 silenció a 200 mil espectadores en el Maracaná, aún no aparece. Se sigue esperando para que ocupe la vitrina de culto que merece. Su ausencia alimenta una historia de versiones, silencios y custodias que la convirtieron en el mayor símbolo de las finales de un Mundial de Fútbol.
La subasta de la 10 de «O Rei» recuerda que el verdadero «Santo Grial» del fútbol, la número 7 de Ghiggia, permanece en el misterio y en una mística que trasciende cualquier cifra financiera. La noticia desató la conmoción entre quienes buscan desentrañar los misterios de las prendas icónicas que sostienen los pilares del fútbol.
La camiseta con el número 10 fue la que vistió «El Rey» en el estadio Rasunda, en Solna, aquel inolvidable 1958. Ese día, con apenas 17 años, Pelé marcó dos goles que dieron a Brasil su primer título mundial. La camiseta se volvió legendaria y la historia cuenta que Pelé no pudo contener el llanto de la emoción.
Sotheby’s subastará una prenda codiciada por coleccionistas de todo el mundo, considerada como uno de los íconos dentro del universo deportivo. El destino de la casaca azul seguirá alimentando el recuerdo de Edson Arantes do Nascimento, Pelé.
Los especialistas creen que la pieza podría estar rondando el valor alcanzado por la camiseta de Diego Armando Maradona —9,3 millones de dólares—, con la que el argentino marcó el inolvidable y polémico gol: «La mano de Dios».
El número 7 rojo
Los investigadores de la historia del fútbol señalan que el verdadero Grial sigue desaparecido: la camiseta con la que Ghiggia enmudeció al Maracaná en 1950, en un triunfo imposible.
La camiseta del 7 rojo ha generado leyendas que no terminan. Su misterio aumentó por la superstición que afirma que Uruguay no volverá a ganar un Mundial hasta que aparezca. Como los mitos permanecen en el imaginario colectivo, se asegura que la prenda existe y que la custodia un museo en Norteamérica.
La camiseta de Pelé, de gran valor histórico, luego de la subasta quedará en manos de alguien con la pasión y fortuna necesarias para poseerla. La de Ghiggia seguirá siendo el «Santo Grial», el talismán, el símbolo de una hazaña histórica y continuará su viaje por los senderos del mito.
Estas piezas han dejado de ser artículos de colección solo para amantes del fútbol y se han convertido en objetos apetecidos por quienes consideran que hay símbolos que cambian la mentalidad de un continente.
Porque, viéndolo al detalle, el Maracanazo no es únicamente la marca de una victoria que parecía imposible, sino un llamado de atención al triunfalismo, una lección a la soberbia deportiva. Y si seguimos analizando estos aspectos, nos damos cuenta de que hay otro tema cabalístico con la desaparecida copa Jules Rimet o la pieza misteriosa de Stanley Rous, convertida también en leyenda.
Un aspecto interesante del valor de estos objetos es que la misma FIFA considera una de sus máximas piezas de colección la base de lapislázuli original de la copa de 1930, a tal punto que alguien del entorno de esa entidad la ha denominado la «Mona Lisa» de la FIFA.
Se podría afirmar que el «Grial» puede tener forma de copa o de camiseta. Estos griales son piezas cuya aparición promete romper con maldiciones o hechizos históricos. Al igual que en Uruguay existe la cábala que señala que, hasta que no aparezca la camiseta celeste del numero rojo, se asegura que Inglaterra no volverá a ganar un Mundial hasta que aparezca la copa Jules Rimet, concretamente la versión de Stanley Rous. Pero esa es otra historia que luego compartiré.
Una vitrina vacía
Se sabe que Pelé regaló la camiseta a su amigo Edvaldo Alves Santa Rosa «Dida». La prenda permaneció años en su familia, en Maceió, Brasil, donde fue exhibida en un museo como «la joya de la corona». Así entró al mundo de los coleccionables, hasta llegar a Sotheby's para ser subastada.
Si la camiseta de Pelé es un objeto histórico tangible, la 7 de Ghiggia, está rodeada de misterio, cábalas, e intentos por descifrar quién la posee.
El enigma de la prenda de Ghiggia se amplifica con la llamada «cábala del 7». Todo en aquella tarde de 1950 y en la vida del jugador converge en esa cifra: desde su dorsal, pasando por el minuto 34 del gol en el segundo tiempo, la fecha de la final y la de su muerte —ambas un 16 de julio—, fechas que sumadas siempre retornan al 7. Esta persistencia numérica sostiene que, hasta que esa casaca no aparezca, el destino le negará a Uruguay una nueva gloria mundial.
El propio Ghiggia fue el arquitecto del misterio con sus declaraciones sobre el paradero de la prenda y el paso del tiempo creó la leyenda. En alguna ocasión aseguró que la tela de lanilla se había desintegrado con los años. Luego circuló la versión de que estaba en poder del cómico mexicano «Cantinflas» o que fue vendida para superar estrecheces económicas.
Sin embargo, una declaración final cerró la historia, pero profundizó el camino del mito: «la camiseta existe y está en buenas manos», dijo Ghiggia al periodista e historiador uruguayo Jorge Gutiérrez Pérez.
El mundo de los coleccionables del fútbol sigue atento a la subasta de la camiseta de Pelé. Las especulaciones sobre el precio que podría alcanzar no cesan. Lo cierto es que los mitos que rodean la desaparecida camiseta de Ghiggia la hacen más misteriosa y más codiciada: porque, más que una prenda, es un amuleto y la confirmación de que no hay imposibles en el fútbol. Es también el símbolo de una gesta que aún inspira incontables relatos.
Quien la tenga debe saber que no posee solo una camiseta, sino una leyenda. Es dueño de la fuerza de un hombre que afirmó: «Solo tres personas hicieron callar el Maracaná: el Papa, Frank Sinatra y yo».
El valor de estas prendas ya superó el interés de los aficionados al fútbol. En la actualidad atraen la fascinación de coleccionistas e investigadores los objetos que cambiaron la mentalidad de un país o de un continente. En conclusión, prendas como la de Maradona, Pelé o Ghiggia tienen connotaciones culturales, sociales y hasta políticas, que trascienden los 90 minutos de juego.
Cuando se abra la subasta en Sotheby's, el mundo verá una vitrina con la camiseta azul que Pelé lució en 1958. Pero los amantes de los mitos seguirán contemplando otra vitrina vacía, esperando que aparezca la casaca del gol que silenció al Maracaná en 1950, porque la leyenda es más atractiva que la realidad.
También le puede interesar:
Anuncios.


