Se lo inventaron Mike Lazaridis y Jim Balsillie. Llegó a ser de los aparatos que todos querían tener . pero la llegada del iPhone y el smartphone los derrumbó

 - La caída y desaparición de Blackberry, el teléfono que llegó a dominar el mundo

A comienzos de los 2000, el BlackBerry era el teléfono de los más poderosos y el aparato de quienes no podían estar desconectados de la Internet y de sus correos electrónicos. Abogados en Nueva York, banqueros en Londres, políticos en Washington lo revisaban cada minuto. Quien lo llevaba en el bolsillo indicaba, sin decirlo, que era alguien con asuntos que atender. Luego se volvió el teléfono de moda en el mundo. La vibración que anunciaba un correo nuevo se convirtió en un reflejo físico para millones de ejecutivos. El apodo surgió sin que nadie lo planeara: CrackBerry. Una referencia directa al crack la droga más adictiva del mundo. Así funcionaba el BlackBerry: una vez que empezabas, era difícil dejarlo.

El inicio

La empresa Research In Motion nació en 1984 en Waterloo, Ontariom, en Estados Unidos. No era Silicon Valley ni Boston ni ningún lugar donde se esperara que naciera algo importante. Era una ciudad mediana, fría, conocida sobre todo porque tenía una buena universidad de ingeniería. Ahí Mike Lazaridis y Douglas Fregin fundaron la empresa con el capital de un contrato de 600.000 dólares que Lazaridis había conseguido con General Motors antes de graduarse, para desarrollar tecnología de lectura de códigos de barras en la industria del cine. Hijo de inmigrantes griegos, Lazaridis había crecido con una curiosidad por la electrónica que los profesores notaban desde pequeño. Con ese primer dinero, él y Fregin pusieron a RIM en marcha.

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Los primeros años fueron oscuros. La empresa hacía trabajo de fondo para redes inalámbricas y sistemas de radiomensajería, sin que nadie afuera supiera que existía. El cambio llegó en 1992, cuando Jim Balsillie entró a la empresa con 125.000 dólares de su bolsillo cuando RIM todavía tenía 14 empleados. Balsillie era graduado de Harvard, sabía vender y sabía negociar. Lazaridis construía la tecnología. Balsillie se encargaba del mundo exterior y del dinero.

El salto definitivo vino a finales de los noventa. RIM firmó un acuerdo con la red inalámbrica Mobitex de Ericsson y desarrolló buscapersonas bidireccionales en un momento en que la mayoría de la gente apenas usaba correo electrónico. En 1999 lanzó el primer dispositivo BlackBerry propiamente dicho. En 2002 presentó el BlackBerry 5810, que combinaba teléfono y correo electrónico en un solo aparato. El nombre había llegado por casualidad: alguien en el equipo de mercadeo miró el pequeño teclado con sus botones apretados y dijo que parecían las semillas de una mora. BlackBerry. Así quedó.

El día en que se convirtieron en gigantes

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Entre 2003 y 2007, los suscriptores de la plataforma BlackBerry pasaron de menos de un millón a más de ocho millones. Las acciones de RIM en la Bolsa de Toronto volvieron millonarios a inversionistas que habían apostado por una empresa del interior de Canadá en un sector dominado por gigantes de otro lado. En el cuarto trimestre de 2009, RIM controlaba el 20% del mercado global de teléfonos inteligentes. En Estados Unidos, la participación rozaba el 50%. La empresa valía más que los principales bancos canadienses juntos. Lazaridis y Balsillie salían en portadas de revistas de negocios y recibían premios en conferencias. Era el mejor momento.

La llegada de un gigante: iPhone

El 9 de enero de 2007, Steve Jobs subió a un escenario en San Francisco vestido de negro y presentó el iPhone. Dijo que era tres productos en uno: un iPod con pantalla táctil, un teléfono y un dispositivo de internet. Luego dijo que no eran tres dispositivos sino uno. El público aplaudió.

En Waterloo, Lazaridis y Balsillie lo vieron con desprecio. Lazaridis sostuvo que no era posible escribir cómodamente sobre vidrio, que un profesional necesitaba un teclado físico, que Apple había hecho un juguete para consumidores ordinarios. Balsillie descartó el iPhone como una amenaza para el mercado corporativo que RIM dominaba. Y por un tiempo, los números parecieron darles la razón. En 2007, RIM tenía el 9,6% del mercado mundial. En 2008, el 16,6%. En 2009, el 20%. Las cifras crecían y el dinero en sus cuentas también.

Lo que esas cifras no mostraban era de dónde venía el crecimiento. RIM avanzaba en mercados emergentes y sobre contratos corporativos firmados años atrás. En los pasillos de universidades estadounidenses y en los bares de San Francisco, el iPhone ya había cambiado lo que la gente esperaba de un teléfono. En 2008 llegó Android, con el respaldo de Google y la presión de decenas de fabricantes con ganas de ganar espacio. La compañía todavía no comprendía lo que se venía.

El inicio de una caída

La primera respuesta fue el BlackBerry Storm, lanzado en noviembre de 2008. RIM había sido presionada por medios y socios comerciales para presentar un rival al iPhone y lanzó algo que no estaba listo. El Storm tenía pantalla táctil, pero usaba un sistema llamado SurePress que obligaba al usuario a presionar físicamente el vidrio como si fuera una tecla mecánica. Era lento e impreciso. Las reseñas en la prensa tecnológica fueron demoledoras. Las devoluciones en Verizon llegaron a niveles que nadie esperaba. Cientos de miles de unidades terminaron guardadas en bodegas sin que nadie las reclamara.

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Después del Storm, la dirección de RIM no se detuvo a revisar nada en serio. Minimizó el fracaso, reformuló las promesas de lo que vendría y siguió adelante. Dentro de las oficinas de Waterloo, la relación entre los dos codirectores se deterioraba. Balsillie dedicaba tiempo y energía a negociaciones para adquirir franquicias de hockey sobre hielo en Estados Unidos, mientras la SEC investigaba a RIM por irregularidades en la concesión de opciones sobre acciones a sus ejecutivos. El desgaste era visible para quien trabajaba adentro.

En 2010 llegó el BlackBerry Torch, con teclado físico deslizante y pantalla táctil, un diseño que intentaba satisfacer a dos tipos de usuarios a la vez. No convenció bien a ninguno. AT&T distribuyó el aparato en Estados Unidos y vendió 150.000 unidades en la primera semana de lanzamiento. En ese mismo período, el iPhone más reciente había superado 1,7 millones. La participación de RIM en el mercado estadounidense, que había estado cerca del 50%, cayó al 35,8% y no paró ahí. Las acciones de RIM, que en su mejor momento habían superado los 140 dólares canadienses, empezaron una caída sin piso visible.

En octubre de 2011, los servidores centrales de BlackBerry fallaron y dejaron a millones de usuarios sin correo electrónico ni mensajería durante más de tres días. El apagón afectó Europa, América del Norte, América Latina y Oriente Medio al mismo tiempo. Empresas enteras quedaron sin comunicación. La respuesta de RIM fue lenta y mal manejada. Fue en esos días cuando muchos ejecutivos corporativos, que habían sido la base del negocio de BlackBerry, se pusieron a evaluar opciones que antes ni consideraban.

En 2013, Lazaridis y Balsillie ya habían renunciado. La empresa lanzó BlackBerry 10 como su última apuesta tecnológica. Llegó tarde y sin suficiente base de aplicaciones para competir. Para 2016, la cuota de mercado global de BlackBerry en teléfonos inteligentes era exactamente 0,0%. La empresa dejó de fabricar sus propios dispositivos, licenció la marca a fabricantes externos durante un tiempo y terminó abandonando del todo el negocio de teléfonos para reconvertirse en una empresa de software de seguridad corporativa.

La compañía que en 2009 valía más que todos los grandes bancos canadienses juntos opera hoy en un nicho de ciberseguridad que muy poca gente menciona. El nombre BlackBerry sigue existiendo. Pero el teléfono que durante años fue sinónimo de poder y urgencia dejó de fabricarse hace casi una década. Waterloo sigue siendo la misma ciudad tranquila de siempre.

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Por Las Dos Orillas

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