Texto escrito por: Rodrigo López Oviedo
El resultado obtenido por el Pacto Histórico en las elecciones del pasado 31 de mayo sembró desconcierto en las bases del partido, no obstante haber incrementado la votación respecto a la primera vuelta de 2022. No es para menos. La desproporcionada certeza que había cundido entre la militancia sobre la unción presidencial de Iván Cepeda, sin necesidad de balotaje, no se cumplió, y ahora se ven ante el riesgo de tampoco lograrlo el próximo 21 de junio.
Las reflexiones a que tiene que dar lugar este desconcertante hecho deben hacerse a profundidad, pues si de algo se puede aprender es de las ilusiones fallidas. Habrá que examinar las características que se le imprimieron a la campaña, de las cuales tal vez las más negativas provinieron del propio candidato.
La primera fue haber considerado que una campaña moderna puede adelantarse bajo patrones de austeridad, lo cual implica prescindir de toda “parafernalia”, aun cuando los demás candidatos no renuncien a ella. Esto es no entender que toda campaña conlleva una ruda confrontación, que debe adelantarse con arreglo a como lo hagan los demás contendores, obviamente sin conceder ninguna ventaja.
La segunda, creer que podía valerse exclusivamente de quienes ya estaban convencidos de la justeza de su programa, sin necesidad de buscar aliados susceptibles de unirse a su programa progresista.
La tercera, negarse a participar en debates que pudieran hacerlo objeto de agravios, burlas, improperios y denuestos. ¿Creería acaso que, de ser elegido presidente de la República, no sería objeto del más desobligante trato?
La cuarta, su desdén ante las oportunidades de acceso a los medios, desconociendo la importancia de aprovecharlos para promocionar su imagen, persuadir sobre las condiciones que posee y ganarse el derecho a permanecer en la retina de los electores.
Y si a todo a lo anterior agregamos su insistencia en el discurso escrito y la aquiescencia de sus seguidores ante todas estas formas inadecuadas de adelantar una campaña –en nada coincidentes con lo que se estila en los tiempos modernos–, el resultado no podía ser otro que el que hoy afrontamos.
Pero bueno, estas son algunas deficiencias sobre las cuales ya se están aplicando correctivos, como pudimos constatarlo en la visita de Cepeda a Ibagué el pasado viernes, con motivo de la Marcha Carnaval. No es para menos. Solo depurando la campaña de todas estas prácticas, que han demostrado ser eficaces para convencer a los ya convencidos, se podrá continuar por la senda de los logros progresistas hasta hoy alcanzados.
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