Texto escrito por: Cristian David Alhucema Gomez
Jordán-Sube, ubicado en lo profundo del cañón del río Chicamocha, en la provincia de Guanentá, en el departamento de Santander, tiene una extensión total de 33 km2 y cuenta con aproximadamente 80 habitantes en el casco urbano y 1300 en el área rural, lo que significa que el 93.8 % de la población habita en las 7 veredas que conforman el municipio y el 6,2% restante vive en la cabecera municipal, la cual cuenta con 6 calles empedradas con casonas, que son mayoritariamente construidas en tapia pisada, teja de barro y puertas de madera. La temperatura de Jordán ronda en una media de 34°C-38°C. Se encuentra a 63 km de Bucaramanga, la capital del departamento, por una vía destapada que parte del centro urbano y llega al cruce conocido como Pescadero, donde se une a la ruta 45A, que conecta a Bogotá D.C. con los Santanderes y el Caribe colombiano.
La economía gira en torno a la agricultura, principalmente siembra de tabaco negro, fríjol y frutales; entre sus actividades pecuarias destaca la capricultura, favorecida por las condiciones geográficas del cañón, el clima cálido y seco, y la presencia de la raza caprina santandereana —considerada patrimonio genético de la nación—, caracterizada por su gran resistencia y adaptabilidad a los terrenos escarpados y a las altas temperaturas.
El turismo ha tenido un papel clave en el desarrollo del municipio en los últimos años, gracias a sus distintivos atractivos turísticos tanto naturales —gracias a la cuenca del río Chicamocha y las quebradas, sus centros turísticos con cabañas y piscinas naturales—, así como arquitectónicos, que categorizan al municipio como “tierra de caminos y puentes colgantes”.
Historia y actualidad de Jordán
Para entender la situación de Jordán, hay que adentrarse en la historia. Por eso, hay que remontarse a la época de la conquista cuando, en 1540, el español Martín Galeano con sus tropas se adentraron en la región que comprende actualmente los municipios de Los Santos, Jordán Sube, Villanueva, Barichara, Cabrera, Curití y los alrededores del cañón del Chicamocha, donde la comunidad indígena conocida como Los Guane habían logrado dominar este agreste territorio.
Estos intrusos en su expedición encontraron que los nativos desarrollaron unas vías de comunicación que permitían el comercio con las comunidades de la Sierra Nevada del Cocuy y el altiplano cundiboyacense. Para el cruce entre las dos orillas de los ríos, crearon unos lazos colgantes conocidos como cabuyas, y más adelante transformadas en tarabitas, hechas con fique, planta endémica de Santander, cuyas pencas aprendieron a desfibrar y desarrollar un proceso mediante el cuál hilaban y tejían gruesas cabuyas que, sujetadas de árboles de ambas orillas, permitían el paso.
Martín Galeano pasó por la cabuya del Sube, actual río Chicamocha que queda al borde de Jordán, para llegar a la meseta de Xerira, actual Mesa de los Santos, para derrotar al cacique Guanentá. Para 1670 la cabuya de Sube ya tenía superintendente español por importancia para el Virreinato de la Nueva Granada, pues comunicaba a Santa Fe de Bogotá con las provincias del norte. A pesar de los intentos de agregación de Curití a Guane en 1778 para concentrar la población indígena, fue gracias a los ingresos que generaba la tarabita de Sube que se evitó la extinción de Curití y se logró mantener como curato territorial, bajo la jurisdicción de la villa de Santa Cruz y San Gil de la Nueva Baeza.
Se presume que el libertador Simón Bolívar arribó por esta región en su campaña libertadora. El 2 de octubre de 1822 los habitantes del paso Sube otorgaron un poder a Luis Francisco Durán para que solicitará la creación y delimitación territorial de una parroquia, en el mismo lugar donde ya había una capilla hecha de palos y paja. El 30 de noviembre de 1830 el presidente de la Gran Colombia, Rafael Urdaneta, sancionó la ley que erigió al poblado de Sube en municipio. Para 1854 se estableció la delimitación territorial de la Parroquia de Jordán Sube en advocación a Santa Rosa de Lima. El nombre Jordán se le atribuye al río Jordán e Israel, porque sus pobladores perciben que el clima y las aguas del río Chicamocha eran sanadoras.
En 1864 llegaría a Santander el ingeniero y colonizador alemán Geo Von Lengerke, quien además de ser pionero comercial con Europa, impulsó la reparación y ampliación de una red de caminos precolombinos, senderos empedrados que comunicaban el interior del país con el río Magdalena hasta la costa Caribe. Se estima que esta red de caminos de herradura supera los 1.000 km de distancia. En 1864 fue reemplazada la cabuya que se tendía sobre el río Chicamocha por un puente colgante que constaba de torres de piedra caliza a sus orillas, cables de hierro forjado y una base de madera. Esta inmensa obra arquitectónica estuvo a cargo del ingeniero inglés David Maccmorok y el maestro de obra José María Durán.
Este viaducto colgante, hoy llamado Puente Lengerke, se convirtió en paso obligado para para el transporte de arrieros con sus cargas y mulas, lo que lo posicionó en el epicentro comercial del país, además de ser el primer peaje en que se cobraban 5 pesos por bestia que cruzaba. Desde entonces, Jordán vivió una época de auge y bonanza que permitió un desarrollo que lo mantuvo posicionado a nivel nacional, pero a mediados del siglo XX los caminos reales empezaron a quedar obsoletos y con la llegada de las carreteras modernas el antiguo tráfico de arriería empezó a desaparecer; el declive llegó cuando la vía 45A, cuya ruta no tenía contemplado a Jordán porque los estudios técnicos sugirieron que las condiciones geográficas no eran adecuadas para la obra, finalmente la carretera siguió su trayecto para conectar el norte del país por el sector de Pescadero, dejando a Jordán estancado en el tiempo, cambiando totalmente las dinámicas sociales y económicas.
En 1949, después del fatídico magnicidio contra el caudillo del pueblo Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, se desató quizás el único intento de nuestra historia republicana de revolución; la violencia bipartidista no dejó pueblo libre. Se cuenta que ya existía el poderío político de una familia en cabeza de la matrona Isabel Ferreira de Sarmiento. Con la turba que irrumpieron los liberales debido a la muerte de Gaitán murió uno de sus hijos, Teófilo Ferreira. Esta muerte marcaría la vida de su hermano Roque Julio Ferreira, quien emprendería con los conservadores una campaña para extinguir a los liberales, quienes no tuvieron otra opción más que dejar todo tirado y escapar para no correr el riesgo de perder la vida.
Esto desencadenaría el inició de una hegemonía conservadora por parte del gamonal don Roque, quien implantaría un control que aún sus habitantes recuerdan con terror. Don Roque, un rubio de ojos claros, cejas pobladas, que pesaba más de 100 kilos, se hizo del poder y gobernó por más de 20 años. Este era un experto transmitiendo miedo a los habitantes, quienes no tenían otra opción que ceder a sus palabras como si fueran ley. Unas versiones cuentan que transitaba con un grupo de escoltas armados por todos los 45 km2 del territorio del municipio, contaba con un revólver calibre 38 largo y con cañón de 20 cm, algunos aseguran que era necesario su permiso para poder ingresar a “su pueblo”.
Su dominio político duró hasta 1991. Cuando un tumor maligno le quitó la vida, terminó orando en la iglesia, la cual duró casi un siglo sin párroco y a la que algunos aseguran que fue usada como bodega para las cargas de tabaco negro. Se relata que al tercer día del sepelio su bóveda estalló como señal del fin hegemónico infringido por él. Pero el dominio político siguió persistiendo y sus descendientes se fueron alternando la Alcaldía, caso inédito con uno de ellos quien llegó a ser alcalde por elección popular más joven de la historia de Colombia, llegando a las alcaldías con 19 años de edad.
En 2004 sucedió una de las anomalías más cuestionadas: bajo la alcaldía de Gonzalo Bautista, quien había tenido el apoyo de los Ferreira, se incendió el Palacio Municipal, coincidencialmente horas antes de que llegara una auditoría de la Contraloría Departamental por supuestas irregularidades administrativas. Lamentablemente todo rastro de documentación histórica quedó hechas cenizas. En 2016 las elecciones las ganó Johana Muñoz contra Gloria Ferreira por 22 votos, en su período lideró proyectos de recuperación del municipio y mejoramiento vial, poniéndose fin a más de 60 años de control y dominio. El actual alcalde de Jordán (2024-2027) es Julián Alberto Muñoz Ruiz, quien le ganó al candidato de los Ferreira. Estos 3 últimos períodos de alcaldía han demostrado el clamor de un pueblo que le dice no al continuismo de una hegemonía que dejó a Jordán estancado en el siglo XIX.
Actualmente, el municipio presenta retos en cuanto a la salud, pues no cuenta con hospital sino un puesto de salud y las urgencias son remitidas a San Gil o Bucaramanga. Aunque en educación se han visto avances, lo preocupante es la disminución de la población joven. Hay problemas demográficos, la dependencia con otros municipios es innegable ya que en el casco urbano hay escasamente 2 o 3 tiendas de víveres.
La gran apuesta es impulsar el turismo, pues puede llegar a ser el paso que catapulte a Jordán como referente nacional o incluso internacional, perfilándose como destino que reúne una autenticidad ecológica, histórica y cultural. Se han desarrollado proyectos ecoturísticos por parte de la Gobernación como de los privados que incluyen a Jordán en la agenda, como la Aldea Guane en Los Santos, proyecto que pretende articular una red turística en Santander. También ADEL - Destinos Chicamocha, una estrategia público-privada que reúne a los 11 municipios del área de influencia del cañón, entre estos Jordán-Sube, con el objetivo de consolidar el turismo sostenible en la región, encaminado al ámbito natural como senderismo y lo cultural con sus manifestaciones.
A modo de reflexión, Jordán-Sube es testimonio vivo de una memoria colectiva que se niega a quedar en el olvido. Una tierra que entre caminos de herradura y la grandeza del cañón del Chicamocha permanece la fortaleza de su gente, símbolo de templaza y esperanza.
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