Con el 100 % de las mesas escrutadas, Abelardo de la Espriella saca una ventaja de tres puntos sobre Iván Cepeda. ¿Qué le espera a Colombia el 21 de junio?

 - Iván Cepeda pasó de liderar todas las encuestas a depender de un milagro para llegar a la Casa de Nariño
Texto escrito por: Juan Camilo Ferreira Lievano

Con el ciento por ciento de las mesas escrutadas, los resultados de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo dejaron un mapa que pocos se atrevieron a dibujar antes de ayer: Abelardo de la Espriella, abogado barranquillero que construyó su candidatura por fuera de los partidos tradicionales, obtuvo cerca de diez millones y medio de votos, alrededor del cuarenta y cuatro por ciento. Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico y candidato oficial del petrismo, quedó segundo con aproximadamente nueve millones y medio de sufragios, cerca del cuarenta y un por ciento. La diferencia entre los dos es de casi tres puntos. No es un abismo, pero tampoco es un empate.

El gobierno y sus voceros ya ensayan el argumento del consuelo: en 2022, Petro también llegó segundo a la primera vuelta y terminó ganando. Es cierto, pero la comparación es tramposa. Petro llegó a esa primera vuelta como el líder más votado de la oposición con más de una década de acumulación política, cabalgando la indignación del paro nacional de 2021 y con un país que había decidido, con una claridad inusual, que quería algo radicalmente distinto a lo que había tenido. Ese deseo de cambio le valió el cuarenta por ciento en primera vuelta y la presidencia en la segunda.

Cepeda enfrenta una aritmética completamente diferente. No lidera una ola de indignación: intenta contener el desgaste de cuatro años de gobierno. No capitaliza un estallido social: hereda sus consecuencias. Y, sobre todo, no enfrenta a un candidato improvisado. De la Espriella no es Rodolfo Hernández, el fenómeno populista y errático que llegó a segunda vuelta en 2022 con menos del veintinueve por ciento y sin estructura política sólida. De la Espriella llega con casi el cuarenta y cuatro por ciento, con Paloma Valencia ya anunciando su respaldo, con el uribismo y buena parte del establecimiento cerrando filas, y con la sensación de impulso que da ganar una primera vuelta de manera contundente.

Los números también revelan algo sobre el centro, que esta vez simplemente no existió. Sergio Fajardo, el candidato que encarnó durante años la opción de los que no querían elegir entre extremos, terminó con poco más del cuatro por ciento, casi el mismo resultado que tuvo en 2022. Colombia confirma una tendencia que viene consolidándose desde el estallido social: la polarización no es solo un estado de ánimo, es una estructura electoral. El país se parte en dos y el espacio para la equidistancia se estrecha elección tras elección.

Lo que viene es una remontada que, en términos históricos, sería extraordinaria. Para ganar, Cepeda necesita no solo retener su base sino conquistar una porción considerable del voto de Valencia, de Fajardo y de los indecisos, mientras De la Espriella necesita básicamente no perder lo que ya tiene. Ese es el punto de partida del 21 de junio: uno defiende una ventaja, el otro necesita un milagro con maquinaria. Colombia ya eligió hace cuatro años movida por la esperanza de un cambio profundo. Lo que votó ayer sugiere que una parte importante del país considera que ese cambio no llegó, o llegó de una forma que no reconoce. Eso no es un diagnóstico partidista: es lo que dicen las urnas.

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Por Nota Ciudadana

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